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"#Niunamenos puso a la violencia de género en la agenda de políticos y medios"

La multitudinaria marcha #Niunamenos fue uno de los hechos destacados de 2015, que la periodista Paula Rodríguez reconstruye desde sus orígenes. Cómo se gestó el movimiento social que visibilizó la violencia oculta y cotidiana hacia las mujeres y logró aunar a la sociedad, más allá de diferencias sociales e ideológicas.

En el atardecer del 3 de junio de 2015, un hecho inédito despabiló a funcionarios, políticos, y a los propios medios de comunicación. Multitudes de hombres y mujeres tomaron las plazas y calles de todo el país, respondiendo a una convocatoria que se había expandido por el boca a boca y las redes sociales.

Bajo la consigna #Niunamenos, gestada por un grupo de artistas, periodistas, militantes, sobrevivientes y familiares de víctimas, salieron a visibilizar y poner voz a un fenómeno oculto pero latente: el de la violencia que sufren las mujeres, por el sólo hecho de ser tales.


El origen de este movimiento social, y de esta toma de conciencia colectiva, es el tema que indaga la periodista Paula Rodríguez en su libro #Niunamenos, con testimonios de sus protagonistas, organizadores y especialistas en cuestiones de género. En la proximidad del "Día Internacional de la Mujer" establecido por la ONU el 8 de marzo en conmemoración de la muerte de cientos de obreras textiles que peleaban por sus derechos laborales a comienzos del siglo XX, la autora reflexiona, en diálogo con 3Días, sobre las antiguas y nuevas formas de violencia que aún afectan a las mujeres.

¿Cómo viviste la jornada de la marcha? ¿Formaste parte del grupo organizador?


- La viví desde afuera, desde la cobertura periodística. No fui parte del grupo organizador, en el que hay varias colegas, pero sí tuve un contacto estrecho con ellas, tanto antes como después del evento.

¿Por qué creés que logró una adhesión masiva, incluso de grupos que están en las antípodas en su pensamiento ideológico?


- Hubo una adhesión masiva y, como tal, no fue ideológicamente homogénea. Veías a grupos católicos junto a militantes pro aborto, o a los jóvenes de La Cámpora marchando con los del Partido Obrero. Creo que el factor de unión fue correr la vara de la tolerancia ante hechos y crímenes que de ser cometidos "a puertas cerradas", pasaron a ser una cuestión pública.

¿Qué papel jugaron los medios de comunicación en esta campaña?


- La convocatoria sorprendió a más de uno. A los funcionarios, a los políticos de la oposición y a los propios medios. Si un mérito tuvo, fue poner el tema en la agenda de los políticos y los medios masivos. Pero también es cierto que en los meses previos, una ola de ataques y crímenes cuyas víctimas eran mujeres conmovieron a la sociedad, por su carga de violencia, tanto real como simbólica. Mujeres que eran abusadas, asesinadas y luego tiradas a la basura, como el caso de Ángeles Rawson, por nombrar uno.

¿Y qué rol jugaron las redes sociales?


- Importantísimo, pero no quedó en lo virtual. Se convocaba por Twitter, se usaba Facebook para pedir información, pero la idea fue siempre generar un encuentro real. La periodista Marcela Ojeda, una de las organizadoras, cuenta que le escribían mujeres de todo el país preguntándole dónde era la marcha en su localidad, y ella les contestaba "no sabemos, pero si no hay, organizá vos una".

¿Qué pasó después del #Niunamenos? Porque los femicidios siguieron...


- Creo que es prematuro evaluar hoy, a menos de un año de la marcha, qué cambios sociales y políticos se dieron. La cultura machista está muy arraigada. Lo que sí creo es que la consigna #Niunamenos es un quiebre. Así como una de las frases que marcó a mi generación fue el "se va a acabar..." (la dictadura), para la generación siguiente habrá sido el "que se vayan todos", y para la generación de mi hijo va a ser "#Niunamenos". No sólo por la marcha, sino porque a partir de ella se habló del tema en las escuelas, en los bares y en las casas. Me consta también que hay un mayor involucramiento y más personas, cuando escuchan una pelea entre la pareja de vecinos, se animan a llamar a la policía, o al 137 en la ciudad de Buenos Aires. Corrés el riesgo de que se arreglen y no te saluden más, pero a lo mejor le estás salvando al vida a alguien.

Las organizadoras elaboraron una propuesta con cinco puntos. ¿Se cumplió ?


- Se puso en marcha el registro de femicidios, algo que no había. Hay estimaciones que dicen que en 2008 era asesinada una mujer cada 40 minutos, y en 2015 una cada 30 minutos. Hay una sensación de que el tema se agravó, pero sólo con los números sabremos si hubo más casos o más denuncias.

¿Creés que el nuevo gobierno le está dando más importancia al tema?


- Como te dije, sería prematuro analizar si el nuevo gobierno está acertando con su política de género. Por lo pronto, la funcionaria a cargo del Consejo Nacional de la Mujer, Fabiana Tuñez, tiene reconocimiento y trayectoria en el área como directora de la Casa del Encuentro, una ONG con una importante labor en asistencia a las víctimas. Pero sigue siendo un organismo de tercera línea, con un presupuesto que es de $ 0,80 por mujer por año para cubrir desde los programas de prevención hasta los de asistencia... Además, dentro del plan de "racionalización del Estado" quedó desmantelado el programa de Salud Reproductiva, muy ligado al de prevención de la violencia de género...

Hablamos del sector público, pero ¿qué responsabilidad tiene el sector privado? La violencia de género genera costos ...


- No tengo una estadística de días perdidos o de baja productividad por violencia de género, pero existe. Las empresas miran hacia otro lado, mientras las víctimas, para evitar perder el empleo, fingen que el golpe se produjo por un choque, o si son citadas por el juzgado, dicen que tienen médico. Conozco un caso en el que víctima y agresor trabajaban juntos en un laboratorio, y cuando ella denunció el hecho fue despedida. También conozco el caso de Marta Cavalieri, baleada por su ex marido, que quedó cuadripléjica pero pudo consevar su trabajo en un banco y mantener a sus hijos, aunque vive angustiada en la convicción de que, cuando salga en libertad, el hombre va a matarla.

Se sigue considerando a las víctimas como "vulnerables" o que "algo habrán hecho..."


- Sí, pero éste es otro prejuicio. El caso de Claudia Shaefer, asesinada por su ex marido en el vestidor, cuando había ido con su abogado para arreglar el reparto de bienes, o el de Alejandra Parra, acuchillada por su ex pareja en un bar céntrico, demuestran que la condición social -ambas eran profesionales-, o los recaudos que se tomen, no son suficientes para evitar el femicidio.

El hecho de que el #Niunamenos surja ante cualquier acto de violencia o discriminación, ¿implica un cambio de conciencia?


- Sí, aunque a veces se trata de cambios de forma, más que de fondo. Porque todos repudiamos la violencia de género, pero algunos lo hacen porque "hay que proteger a las mujeres en su rol de esposas, madres, etc.", y no porque "las mujeres tienen derechos, más allá de su rol social". La diferencia es sutil y se nota en el tratamiento mediático. Los colegas usan la palabra femicidio en lugar de "crimen pasional". Pero si después caen en la tentación de "investigar a la víctima", describir la ropa que usaban, o contar, como pasa con las chicas asesinadas en Ecuador, que "estaban de mochileras y se alojaron en casa de extraños"... es una forma velada de hablar de un "crimen ejemplificador", de que "esto no te habría pasado si te hubieras quedadon en tu casa".

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