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Mitos y verdades

Aunque los últimos registros oficiales dan cuenta de que las ventas argentinas al exterior repuntaron en el último trimestre, desde más largo plazo se registra un retroceso al menos por dos razones, según coinciden los observadores expertos: cayó la competitividad argentina y Brasil demanda menos.
Que los productos locales sigan siendo menos competitivos tras la última devaluación abrupta no sólo es prueba de una inflación voraz, que impulsa los costos internos más que el tipo de cambio. También, que el dólar más caro por sí no es garantía de nada. Como tampoco lo fue la erradicación del cepo cambiario: realmente no hubo el aluvión de importaciones que se imaginó en algún momento cuando aún estaban vigentes las restricciones cambiarias.
Fuera de los mitos está la realidad de que cuando Brasil decae, las exportaciones argentinas también, ya que sigue siendo el principal destino de los embarques. Y que el país vecino no sólo compra menos porque su economía se retrae sino porque hay cierto corrimiento hacia los productos chinos, tal como advirtieron los productores locales en más de una ocasión.
Salvo la eliminación de aranceles sobre computadoras, el Gobierno no utilizó las importaciones como herramienta para disciplinar los precios internos, a pesar de haber amenazado más de una vez con ello.
Finalmente, si en el sustrato ideológico del macrismo está la idea madre de que la competencia y no los controles estatales directos contienen la inflación, aquella podría ser una buena herramienta para moderar las remarcaciones.
Pero ni siquiera la amenaza pública formulada a principios de la gestión por el ministro de Agroindustria, Ricardo Buryaile, de promover la importación de carnes para limitar su encarecimiento se cumplió.
Quizás porque el lobby de las industrias que podrían ser afectadas fue muy eficaz. O tal vez, porque ningún mecanismo de aquellos es automático y, por lo tanto, el efecto buscado, inmediato.
Ingresar carne al país implicaría poner en marcha una serie de controles que llevan tiempo para madurar y habilitar, finalmente, el asadito de res ajena en la parrilla local.