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SÁBADO 25/05/2019

"Me alarma pensar que habrá un año más colgado del tubo de oxígeno del FMI"

Periodista de larga trayectoria en medios gráficos y radiales, advierte sobre el impacto de las fake news en los propios medios. Critica al Gobierno por la falta de un programa de desarrollo industrial y cuestiona al antiperonismo como una profundización de la grieta.

El caso reciente del periodista alemán Claas Relotius, de la revista Der Spiegel de Alemania, acusado de haber escrito crónicas y entrevistas falsas, puso en relieve una vez más la grave crisis de credibilidad que atraviesan los medios de comunicación. La manipulación de información falsa remite a tiempos más antiguos que a la era de Donald Trump, donde se las conoce como fake news.

"Información falsa hubo siempre", asegura hoy Jorge Halperín, un periodista con mucho recorrido en la profesión y al que le tocó vivir en carne propia la grieta que aún divide a los argentinos. "Lo que ha cambiado de manera espectacular y a nivel global es el impacto que hoy tiene la información en las nuevas plataformas digitales, un escenario y un desafío que los medios tradicionales no han sabido cómo afrontar", sostiene el columnista que trabaja en Radio del Plata, junto a Carlos Polimeni, en el programa El Mediodía de Del Plata, de lunes a viernes de 12 a 15, por la AM 1030. Del fenómeno de las fake news, pasando por el gorilismo histórico, el kirchnerismo más reciente y el macrismo de hoy, todos los "ismos" que recorren la historia política argentina bajo el análisis del periodista.

¿El periodismo convencional está en caída libre?

Hay una decadencia general de los medios a nivel mundial, donde las nuevas tecnologías informáticas concentradas en grandes corporaciones han diversificado su penetración a través de plataformas como Facebook, Twitter, Instragram, planteando un desafío que los medios tradicionales aun no han sabido cómo afrontar. Porque la supuesta calidad profesional de redacciones como las del New York Times, el Washington Post o un Le Monde frente a redacciones que trabajan hasta con personal menos especializado, si se quiere, como las de Google o Yahoo, logran una penetración infinitamente mayor a las noticias emitidas por los diarios que han sido líderes. Y eso se ve reflejado en un usuario que prefiere articular su propia red de medios y de comunicadores, y de esa manera bajar su ansiedad informativa.

¿Cómo impacta en el usuario o lector la baja rigurosidad informativa?

Primero, tengamos en cuenta que noticias falsas hubo siempre. En 1962, se conoció el hecho policial que tuvo quizá la cobertura más espectacular y mantuvo a la sociedad en vilo durante meses que fue el asesinato de la adolescente Norma Penjerek. En las páginas de los diarios se tiraban nombres de sospechosos para mantener activo el tema y se había señalado a Pedro Vecchio, un zapatero de Florencio Varela y alguien que organizaba orgías con adolescentes, como el asesino. Y todo eso resultó falso. Las fake news no son algo nuevo, se muestran algo más ficcionadas ahora, pero su instalación revela el contrato de lectura que establece un medio con sus lectores.

¿Un contrato de fidelidad?

En un contexto histórico como el actual, con una sociedad dividida y enfrentada, la adhesión ideológica o la fidelidad se vuelve más importante que la veracidad de la noticia. El lector o usuario necesita que el medio le confirme lo que ya pensaba y son muy pocos los que se mueven en el ejercicio de consumir dos o tres medios diferentes. El diario viene a reafirmar sus convicciones, de ninguna manera a ponerla en duda, y ahí aparece la posverdad, donde un relato emocional tiene más relevancia que el rigor informativo. Ya lo había definido un colega como Julio Blanck, en una entrevista que le hice para un libro, cuando señaló que "la verdad no es un tema para los periodistas, a lo sumo, podemos revelar aproximaciones a los hechos". El mismo Blanck confesó haber hecho periodismo de guerra, es decir que ya había un deslizamiento de la verdad.

¿No hay margen para construir más allá de la grieta?

Para escribir la historia argentina de los últimos setenta años hay que entender la palabra gorila y su valor simbólico. Quiero decir, que el antiperonismo sigue siendo un factor importante para explicar cómo está partida la sociedad y encontrarle algún tipo de respuesta a muchos de los fenómenos que hoy se repiten. Del 83 en adelante en la problemática argentina se vino acentuando la desigualdad y la pobreza, con una salvedad extraordinaria que explica los contextos históricos diferentes en la región, como por ejemplo que aquí el juicio a los militares que hicieron el golpe del 76 debilitó sus poderes y no pudieron imponer condiciones al poder político ni a la sociedad. Ahora, cuesta construir liderazgos y en Argentina la única figura política que lo sigue teniendo es la ex Presidenta. Pero, si compite, ¿podrá? ¿La dejarán? La sombra de la de detención de Lula en Brasil abre un interrogante.

¿Qué se puede esperar de un año electoral?

La expectativa que tengo es muy negativa y me alarma pensar que habrá un año más colgado exclusivamente del tubo de oxígeno de la ayuda financiera del FMI y de los swaps de la moneda china, que le van a dejar un cepo terrible al Gobierno que surja y sin contar el riesgo de que haya un default antes de que concluya la gestión. El gobierno del presidente Macri no ha tenido en cuatro años inversiones que alienten a pensar en un plan de desarrollo con un perfil industrial que defienda el empleo argentino, y no se ve algo que pudiera darnos un indicio de que esto vaya a mejorar. A esta altura tampoco creo haya una intención de cambio por parte del oficialismo y que conduzca a la mayoría de los argentinos hacia un camino que no sea el precipicio.

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