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Marta Minujín: "Ya no siento buenas ondas, hoy acá se respira violencia"

La emblemática artista plástica se muestra inquieta por la situación del país y el nivel de conflictividad social. Además, se reconoce preocupada por la inflación y la inseguridad. Su disgusto con las noticias de espectáculos en los medios y sus elogios hacia la gestión cultural en la Ciudad.

La voz de Marta Minujín contagia energía. A los 71 años, la célebre artista argentina no se cansa y mantiene una frenética agenda, entre reuniones, viajes y sesiones de trabajo en su taller de Buenos Aires. En uno de sus escasos huecos libres, a pocos días de haber presentado su trabajo Rayuelarte, en París, la creadora del histórico Partenón de libros sobre la Avenida 9 de Julio acepta conversar con 3Días sobre la actualidad del país. Yo no siento buenas ondas, asegura.

¿Cómo ve a la Argentina hoy?

No me parece que esté muy bien. Yo soy artista y siento las cosas. Con el regreso de la democracia en 1983, había una euforia extraordinaria y todos queríamos respirar muy hondo. Ahora veo que la gente no es tan libre de pensamiento y no siento tanto amor entre las personas. Los diarios pasan muchas malas noticias y pocas cosas de arte. Está todo muy dividido, tironeado.

¿Donde nota esa situación?

En la calle, en los barrios, viendo cómo la gente camina. Salvo en los lugares de vacaciones que la gente se olvida de los problemas y se ve una energía diferente, veo que las personas no aspiran a algo muy alto. Hay una energía de quedarse en el nivel del entretenimiento y no de búsqueda de algo superior, de querer superarse a uno mismo. Y veo muchísima violencia e inseguridad.

¿Fue víctima de algún hecho de inseguridad?

Sí, me robaron varias veces en mi taller. Cuando tenés miedo perdés las libertades, y a mí me da miedo que me asalten. Realmente me preocupa. Hoy hay un abuso de la confianza y creo que la ética ha perdido su valor. La gente joven era tan rebelde en la década del 60 porque había muchas cosas por romper. Hoy, está todo roto. Hay mucha gente perdiendo el tiempo. Nadie lee filosofía. En las redes sociales nadie habla de por qué vivimos, qué hacemos, qué queremos hacer. Nadie piensa en ideales o en cómo cambiar el mundo.

Hablaba de los diarios, ¿qué observa en los medios?

Tienen muchas malas noticias y pocas cosas de arte. Los medios tienen muchas cosas que no me parecen de alto nivel. En la tele están los programas con todas las vedettes y esas cosas que no nivelan para arriba, y en Argentina tenemos que nivelar para arriba siempre. En los suplementos de espectáculos levantan todo de Internet, con Twitter o Instragram de vedettes, donde todo es autoelogio. Nadie busca la eternidad y trascender. Pareciera que vende más lo tosco y no lo sofisticado.

¿Cómo analiza la década de gestión kirchnerista?

Ahora no veo muy bien la gestión, no siento la buena onda. El primer gobierno con Néstor Kirchner me pareció que era muy fantástico, pero después no. Antes yo veía que había algarabía pero ahora veo que está todo muy raro. Nosotros, los artistas, somos hiper sensibles y sentimos las ondas. Eso no se nota ahora. Veo que la gente está separada y la empatía surge solo a partir de la protesta. La gente está disconforme un poco porque se limitan los derechos individuales.

¿En qué aspectos?

Yo atravieso todos los días la 9 de Julio o la zona de Congreso porque tengo el taller ahí y siempre hay una protesta o un corte. Eso dificulta el trabajo de todos nosotros. Llego exhausta porque para manejar 30 cuadras tardo mucho o me tengo que desviar. La ciudad más democrática que viví es Nueva York, que siempre digo que para mí es como un país. Ahí se respira libertad, pese a los problemas que tiene. Lo veo en la calle, en los centros de arte. Allá se corta el tránsito para las parades, que son fiestas de comunidades que viven en la ciudad, pero, si no, jamás se corta. Hoy, acá se respira violencia, todos los días hay cortes por algo. Eso bajonea. Las malas noticias bajonean.

¿Le preocupa la inflación?

Sí, es grave. En mi caso, hacer las Rayuelas que hice hace cinco años en Buenos Aires, hoy cuesta 10 veces más, porque se hacen con polipropileno y pintura flúo que es todo importado. Entonces en lugar de hacer 120 se hacen 70. En esta situación, todo se vuelve más chico.

¿Cuál es su opinión sobre el Gobierno de la Ciudad?

Lo que está haciendo el ministro de Cultura, Hernán Lombardi, me parece fabuloso, levanta para arriba. Es uno de los mejores ministros de Cultura que hubo en Buenos Aires. Hay tantos espectáculos gratis y al aire libre que es extraordinario, y con un nivel increíble. En esta ciudad hay algo todo el tiempo, aunque en los diarios aparece solo una minoría.

¿Cuáles son sus expectativas para el futuro?

Creo que hay que tratar de ser mejores, más educados, de tener respeto por los otros. Me gustaría que haya posibilidades en paz, con arte y con fantasía. Que la sociedad cree e invente. Que las personas piensen una poesía aunque estén viajando apretadas en el subte. A veces, los oficios te vuelven máquinas, como dijo Chaplin, pero desde que nacemos todos somos creativos. Quisiera que la gente tenga ganas de cambiar el mundo o de ganar un Nobel. A mí me encantaría ganar el Nobel de la Paz, y hago mi arte para eso.

¡Arte!

Desde hace más de cinco décadas, Marta Minujín es una de las personalidades más destacadas de la vanguardia artística en la Argentina. Ganadora de dos Premios Konex de Platino, en 1982 y 2002, es mundialmente reconocida por sus instalaciones y sus happenings al aire libre. Vive en Buenos Aires, ciudad donde ha presentado trabajos históricos como el Partenón de libros sobre la Avenida 9 de Julio (1983) o La torre de Babel (2011). Fue convocada para presentar este mes en Paris su obra Rayuelarte, un homenaje al escritor Julio Cortázar, que había hecho en Buenos Aires en 2009.

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