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Macri y Lorenzetti: el backstage de una relación de mutuos recelos

La periodista Irina Hauser relata las tensiones que cruzaron el vínculo entre el Presidente y el titular de la Corte Suprema desde el primer día de gobierno de Cambiemos.

Lorenzetti, titular de la Corte

Lorenzetti, titular de la Corte

Fragmento de Los supremos. Historia secreta de la corte de Irina Hauser

(...) La relación entre Lorenzetti y el nuevo gobierno fue foco de tensiones desde el primer día. Desconfiado, una de las primeras cosas que hizo Macri, incluso antes de asumir la Presidencia, fue pedir que le llevaran nombres de posibles candidatos o candidatas a cubrir las vacantes en el tribunal con una carpeta que consignara vida y obra. El empresariado presionaba para que acelerara los nombramientos. El radicalismo le proponía a la jueza de la Corte bonaerense Hilda Kogan o la decana de Derecho (UBA) Mónica Pinto; al camarista electoral Alberto Dalla Via, el ex camarista Ricardo Gil Lavedra y al juez de la Corte mendocina Alejandro Pérez Hualde. El peronismo fogoneaba al constitucionalista Alberto García Lema, al camarista electoral Santiago Corcuera, a Liliana Negre de Alonso, también daban vueltas los nombres de Daniel Sabsay y María Angélica Gelli, especialistas en derecho constitucional. Lo que estaba claro era que Macri buscaba un candidato para complacer a cada corriente política, y no le importaba tanto que hubiera otra mujer en el máximo tribunal. Pero no fue ninguno de ellos.

El 14 de diciembre a las 18:30, el flamante ministro de Justicia, Germán Garavano, un joven moreno, de melena negra crecida, anteojos y dientes torcidos, irrumpió en el despacho de Lorenzetti. Ya tenía los nombres finales: Carlos Rosenkrantz y Horacio Rosatti, le anunció. Pero además llevaba una noticia bomba: los candidatos a supremos no pasarían por el proceso de selección con audiencias públicas y acuerdo del Senado. Macri había decidido nombrarlos por decreto, en comisión, con la expectativa de que se sumaran al tribunal cuanto antes.

Era algo nunca visto. Lorenzetti se quedó petrificado, no esperaba una noticia así. Cuando reaccionó fue a contarles a sus colegas, que quedaron tan espantados como él.

El nombre de Rosenkrantz surgió de la inventiva del mismo personaje que le llenó la cabeza al Presidente para que hiciera las designaciones por decreto, y que unas semanas antes había maquinado la cautelar que cortaba el mandato de Cristina Fernández. Se llama Fabián Rodríguez Simón. Es un abogado con quien Macri tejió amistad a través de José Torello, apoderado del PRO, amigo del mandatario desde la infancia, y jefe de Asesores en la Casa Rosada. Pepín, como le dicen a Rodríguez Simón, es miembro del Parlasur por el PRO, fue jefe de Gabinete en el Ministerio de Ambiente y Espacio Público porteño con Macri y coordinó la Unidad de Control de Espacio Público (UCEP) (...)

La candidatura de Rosatti estuvo alentada por la líder de la Coalición Cívica (CC), Elisa Carrió, quien dentro de la alianza gubernamental Cambiemos logró llevar a Macri al poder y adoptó el papel de censora moral. (...)

Para Garavano fue una tarea ingrata tener que ir a explicar a la Corte los nombramientos en comisión, por decreto, un mecanismo con el que no estaba de acuerdo y que, teniendo en cuenta que estaba por empezar la feria judicial, veía innecesario. Lo que pidió (y consiguió) fue que el texto dejara abierta la posibilidad de implementar mecanismos de audiencias públicas y el acuerdo del Senado. El decreto justificaba la urgencia en que la Corte estaba integrada en ese momento solo por tres jueces y, por lo tanto, si las decisiones no eran unánimes se trababan, porque hacían falta tres votos para sacar un fallo. El artículo de la Constitución que invocaba era el 99 inciso 19, que dice que el Presidente puede "Llenar las vacantes de los empleos, que requieran el acuerdo del Senado, y que ocurran durante su receso, por medio de nombramientos en comisión que expirarán a fin
de la próxima Legislatura".

(...)El cronograma de ceremonial de la Corte marcaba que al día siguiente era la despedida de Carlos Fayt. Pero el decano de los jueces no tuvo una fiesta exclusiva para él. Lorenzetti aprovechó y la juntó con el brindis de fin de año que el tribunal hace todos los diciembres para sus funcionarios y empleados. La celebración fue en el Patio de Honor del cuarto piso del Palacio de Justicia (...) Delante del busto de San Martín había una tarima rectangular, con alfombra roja y cuatro sillas donde se ubicaron Fayt y su bastón, Highton de Nolasco, Lorenzetti y Maqueda. (...)

El tema excluyente eran los abruptos nombramientos de Rosatti y Ronsenkrantz. Cuando se empezó a vaciar el lugar, las cámaras de TV cercaron a Lorenzetti para urgirlo a que opinara sobre sus nuevos compañeros. "Son bienvenidos en la Corte", respondió sonriente. Pero no dijo cuándo sería la jura. No quedó claro el sentido de esa "bienvenida" hasta que algunos días después se supo lo que había pasado en el plenario de esa misma mañana, el primero de una Corte de tres jueces. Estaban todos furiosos con el Gobierno. Maqueda estaba descontrolado. "No tienen el menor respeto por la institucionalidad", gritaba. Highton, que en algún momento interpretó que podía ser una salida constitucional, estaba indignada con la jugada del macrismo. Lorenzetti le veía problemas por todos lados: un conflicto en puerta con el Senado, que podía llegar a rechazar los pliegos; un precedente pésimo que habilitaría a otros gobiernos a designar jueces por decreto y debilitar el juego democrático. Además, los jueces estaban sorprendidos de que Rosatti y Rosenkrantz hubieran aceptado la designación en esas condiciones.

La crisis por los cortesanos motivó la primera reunión frente a frente de Macri y Lorenzetti.
-En estas condiciones no les vamos a tomar juramento. Es un error lo que han hecho -le advirtió el juez supremo en el despacho presidencial de la Casa Rosada. Le dijo que había una crisis en puerta, y que el Gobierno debía respetar el proceso establecido en el decreto 222, que somete a los candidatos al escrutinio público y termina con la votación en el Senado, que debe prestar acuerdo. (...) -Está bien, Ricardo- le dijo Macri por teléfono al supremo por la tarde. Ahí armaron un comunicado de prensa conjunto, que publicó el CIJ, y que decía que a la Corte le parecía más "prudente realizar incorporaciones en un momento de plena actividad judicial", que no era esa ya que estaba cerca de comenzar la feria, y que el Poder Ejecutivo había decidido implementar el proceso constitucional que pasa por el Senado.(...)

Mientras la Corte se reconfiguraba, en el verano de 2016 avanzaba en el Ministerio de Justicia y el Senado el proceso para nombrar con mecanismos constitucionales a Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz. (...) En una sesión extraordinaria, el Senado dio estado parlamentario a los pliegos para abrir una nueva ronda de impugnaciones y avales, y convocar a audiencia pública. La objeción de base que recibieron tanto Rosatti como Rosenkrantz fue haber admitido su propio nombramiento en comisión, por un mecanismo de cuestionada validez constitucional, que pasaba por alto el acuerdo del Senado, con un avance sobre él y la independencia judicial del Poder Ejecutivo. (...)

Después de obtener el dictamen de comisión, la votación demoró más de dos meses. Lo que sucedió fue que varios gobernadores peronistas se negaban a que sus senadores trataran los pliegos si el Gobierno no les garantizaba la devolución del 15 por ciento de la coparticipación que se les retenía a sus provincias, tal como había dispuesto el fallo de la Corte justo antes de pasar de mando. (...)

El ex senador por Santa Cruz, Nicolás Fernández, el mismo que le había presentado a Lorenzetti a los Kirchner, les facilitó a un grupo de gobernadores un encuentro con el presidente supremo por la cuestión de la coparticipación, ya que querían saber si un nuevo reclamo en la Corte podía llegar a tener éxito. El juez les dijo que no, porque eran solo tres y Highton no había estado de acuerdo con el fallo. No habría mayoría. En cuanto a Fernández, nunca dejó de estar cerca de Lorenzetti, como sí del kirchnerismo.

Recién cuando se logró la firma de un acuerdo para una devolución escalonada de la deuda millonaria se empezaron a destrabar los asuntos pendientes, y el Senado se dispuso a votar. Rosatti obtuvo 60 votos a favor y 10 en contra; Rosenkrantz tuvo 58 apoyos y 12 rechazos. Fue una votación aplastante, que consiguió apoyo de casi todos los bloques opositores. Un consenso altísimo después de un camino tan accidentado.