Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Macri-Trump: reecuentro de viejos conocidos en suelo inexplorado

La Cancillería confirmó el viaje del Presidente a Washington entre abril y junio, pero ni la fecha ni la agenda están definidas. Será una visita de "trabajo" y no de "Estado". Mientras que la Argentina sigue apostando a su reinserción en el plano internacional, los Estados Unidos de Trump parecen mirar hacia adentro.

Macri-Trump: reecuentro de viejos conocidos en suelo inexplorado

Un día después de que el flamante presidente republicano invitara a Mauricio Macri a visitar su país en una conversación telefónica, y resaltara "las fuertes y duraderas relaciones entre los dos países" y "el papel de liderazgo que el Presidente Macri está jugando en la región", la Canciller Susana Malcorra se reunió con su par norteamericano, el ex CEO petrolero Rex Tillerson, en Bonn. Allí, en una reunión de cancilleres del G-20, los equipos diplomáticos acordaron su interés en avanzar en su agenda bilateral y profundizarla. "Por ello, esta idea de que los presidentes se encuentren lo antes posible es para nosotros muy importante", explicó Malcorra en declaraciones a medios alemanes.

Por estos días, la Cancillería intenta descifrar cuál será el efecto del nuevo populismo conservador de Donald Trump en la relación bilateral y -¿por qué no decirlo?- en el nuevo orden mundial. Es que si bien las miradas de esta semana estuvieron puestas en Madrid, el gobierno de Macri busca renovar y reforzar la experiencia positiva de la visita de Obama en marzo de 2016, tal vez con la idea de posicionarse como posible interlocutor de los EE.UU en Latinoamérica. La crisis profunda de Venezuela estará en la agenda, y la administración de Trump seguramente intentará aislar a Maduro de cualquier tipo de integración regional.

Hay otros temas en la balanza: las relaciones comerciales, entre las cuales la exportación de limones aún figura en suspenso; la posición de Argentina frente al endurecimiento de la relación entre EE.UU y México, país con el que Macri expresó su solidaridad; y temas de seguridad, entre los que se encuentran las implicancias del acuerdo firmado en diciembre de 2016 entre el Ministerio de Defensa y la Guardia Nacional del Estado de Georgia, mediante el cual Argentina formaría parte del Programa de Colaboración Estatal del Departamento de Defensa.

Ante un escenario incierto, con muchos interrogantes abiertos, la Canciller se mostró dispuesta a acortar los tiempos de espera: "Es evidente que hay una lectura amplia en el mundo de lo que está pasando en Estados Unidos. Muchas de las medidas anunciadas aún no se han traducido en políticas definidas y todo esto genera una situación de espera por parte del mundo. Nosotros siempre decimos que las transiciones tienen un impacto y queremos que esa transición sea lo más corta posible", señaló. Desde su plataforma electoral, Trump supo leer las necesidades y demandas de una clase media relegada y empobrecida por los efectos adversos de la globalización. Capitalizó al máximo el malestar de la mitad de la población que no ve con buenos ojos a la inmigración, especialmente a la mejicana; y que rechaza la idea de una sociedad plural y multicultural, especialmente a los musulmanes. Al asumir, el célebre magnate demostró coherencia en su discurso inaugural, sintetizado en su latiguillo "America First"; es decir, los intereses de los estadounidenses primero. Y aunque algunas de sus primeras medidas fueron calificadas como erráticas y polémicas, -la restricción inmigratoria desde siete países árabes, o la mayor libertad de acción para que las fuerzas de seguridad arresten y deporten inmigrantes ilegales,- son consistentes con su discurso. Las señales de la administración Trump son contundentes y sin medias tintas: no hablan precisamente de apertura y globalización. Por lo tanto, será importante que la Argentina defina cuáles son sus propios intereses, más allá de la generalidad de "la reinserción en el mundo". Fuentes diplomáticas aclararon que la visita, que se llevará a cabo entre abril y junio, será "de trabajo" y no "de Estado", por lo que se prescindirá de la pompa institucional.

Un resquicio de esperanza

En su libro "Charla con mis nietos" publicado en 2013, Franco Macri relata una anécdota que debe haber sido graciosa cuando ocurrió en 1984; hoy que sus dos protagonistas son los presidentes de sus respectivos países, el cuento cobra otro matiz. Por aquel entonces, los Macri se encontraban de viaje de negocios por Nueva York y, junto a un socio minoritario norteamericano, Abraham Hirschfeld, eran los dueños del mayor predio inmobiliario de Manhattan que aun quedara por desarrollar. Se trataba de un lote de más de 30 hectáreas -más de 300,000 metros cuadrados- en pleno upper west side, una de las zonas más codiciadas de la gran manzana. Ya sea por falta de experiencia en el mercado de desarrollo inmobiliario neoyorquino, o porque encontraron un comprador entusiasta, los Macri decidieron vender ese terreno por 95 millones de dólares: el comprador era un tal Donald Trump, un magnate inmobiliario que la jugaba de local. La anécdota ya es conocida por muchos, pero vale la pena recordarla: en medio de tensas negociaciones, Trump le propuso a Franco Macri jugar una partida de golf. Como Macri padre no se consideraba un buen golfista, sugirió hábilmente que su hijo Mauricio, de 25 años, tomara su lugar."El juego fue muy parejo. Trump jugaba bien pero en el último hoyo, Mauricio le ganó al magnate americano", recuerda Franco Macri. Y aquí vino el final inesperado: "Ambos nos quedamos sorprendidos cuando Trump, fastidiado con su propio juego, rompió los hierros y las maderas uno a uno". Parece una escena de una mala comedia, pero sería el preámbulo, o uno de ellos, a la reunión entre ambos presidentes.

La buena noticia es que los Macri y Trump, hace 33 años, lograron ponerse de acuerdo finalmente en la compra-venta multimillonaria. Tuvieron que negociar, acercar posturas, y destrabar una diferencia de cinco millones de dólares. El éxito de la transacción, -pese a versiones de que los Macri no querían largar el proyecto- habla de un entendimiento, y podría augurar un comienzo auspicioso en sus nuevas funciones. Sólo que ahora Mauricio Macri y Donald Trump no son empresarios decidiendo sobre sus inversiones privadas; son mandatarios encomendados a velar por los intereses de sus pueblos, tarea para nada sencilla. Además, deberán intentar detectar y desarrollar áreas de beneficio mutuo; lo que se dice win-win.

Cuando los jefes de Estado hablaron por teléfono el 15 de febrero pasado -la segunda charla telefónica desde que Trump asumió el poder- estaba previsto que la comunicación se extendiera 15 minutos. Pero el diálogo concluyó a los cinco. Según el jefe de Gabinete, Marcos Peña, la llamada fue corta pero "operativa", "propia de dos hombres de acción". Ahora se verán las caras en un terreno desconocido para ambos.