Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

"Los empresarios tenemos que tener una mirada mucho más integradora hacia la sociedad"

El llamado "Rey de la soja" repasa las idas y vueltas de un siglo signado por "una búsqueda adolescente". Cree en la necesidad de fortalecer las instituciones y apuntar a la competitividad, en una sociedad aspiracional que convive con el riesgo de la anarquía.

Empresario agroindustrial y músico, Gustavo Grobocopatel tiene una visión definida sobre el camino a recorrer para que una Argentina potencia sea más una realidad que la aspiración que por generaciones se compartió en el país. Para ese proceso, cree fundamental el "dejar de lado las etiquetas" y que los argentinos "aceptemos que somos un poco todo lo que nos pasó" y desde ahí construir un "nuevo nosotros", con la competitividad como un eje central.
Café de por medio en el emblemático y porteño Tortoni, emplazado en una Avenida de Mayo ya decorada para los festejos por el Bicentenario de la Independencia, el presidente del Grupo Los Grobo charló con El Cronista con la convicción de que el último siglo sirvió de aprendizaje de una Argentina "adolescente", que ahora tiene por delante el desafío de la "interdependencia" con el mundo. También considera que el gobierno de Mauricio Macri tiene la tarea de fortalecer "el funcionamiento de las instituciones de la República" y definir "el tamaño del Estado y los impuestos".

A pocos días de que se cumplan 200 años de la declaración de la Independencia, ¿cómo ve el derrotero del país?
- No creo en el determinismo, ni geográfico, ni cultural, ni nada. Creo en la construcción permanente, más en tiempos donde todo cambia muy rápido; y también creo que las oportunidades aparecen permanentemente... pueden ser aprovechadas o no, de acuerdo a la capacidad que tengamos como colectivo -la palabra equipo está un poco bastardeada ahora- de entender rápidamente, adaptarse para dónde hay que ir y cómo moverse. En ese sentido, me parece que Argentina ha hecho un aprendizaje en estos últimos 100 años. Básicamente, hemos tenido 100 años de la construcción de la Nación. Y 100 años de búsqueda. Una búsqueda adolescente, probando distintas cuestiones, yendo y viniendo, y todavía sin ponernos de acuerdo muy bien en qué somos, qué queremos, hacia dónde vamos. Somos una sociedad bastante plana. No se discute sobre un acuerdo básico, que direccione al colectivo hacia un destino, sino que estamos permanentemente discutiendo la dirección del colectivo.

Y, mirando adelante, ¿cómo se sale de esa discusión de todos sobre todo?
- Me parece que el desafío del próximo siglo de Argentina es a partir de ese aprendizaje del pasado. Justamente, percibirnos como parte de ese pasado. Decir somos un poco todo lo que pasó: somos peronismo, radicalismo, militares, liberalismo, estatismo, progresismo. Somos todo un poco de eso y a partir de ahí, crear una especie de "nosotros" nuevo. Para eso se necesita liderazgo, no sólo de personas sino liderazgo como sistema, visión, entender al mundo, ser de este tiempo y creo que es el desafío de este tiempo. Es más, estamos festejando el Día de la Independencia. Hace 200 años, la Independencia era el desafío, hoy el desafío pasa por la interdependencia, cómo estar más integrado al mundo, cómo ser más útil para el mundo; cómo valés la pena. Por ahí va la pelota...

En este reconstruirnos como colectivo, o festejar en la interdependencia, ¿qué es primordial?
- Creo que lo que ha pasado, mechando esto con el corto plazo, es que se ha parado una hemorragia que teníamos, que iba creciendo, nos iba desangrando. Esto viene de más atrás que los últimos 10 años. Como sociedad teníamos una hemorragia, se frenó, pero no curamos la enfermedad. La enfermedad que tenemos para ser interdependientes es la falta de competitividad. Que no es un concepto exclusivamente económico. Uno no es competitivo sino es sustentable en términos modernos, y no es sustentable si no es inclusivo. La competitividad tiene que ser inclusiva, sino no existe. Porque esa competitividad se construye y destruye permanentemente. Y construirla tiene múltiples abordajes: una sociedad más empleable, más educada, que incluya; un Estado de este tiempo, que genere bienes públicos, que facilite, empresarios de este tiempo con foco en la innovación, un país integrado al mundo.

Habla de un Estado de este tiempo. ¿Cuál sería el tamaño ideal?
- Ése es un debate que nos debemos como sociedad. Tenemos que definir algunas cosas de base: el funcionamiento del sistema democrático, republicano, institucional, la división de poderes, lo que dice la Constitución, por un lado. Y por el otro, tenemos que definir el rol del Estado, la sociedad debe definir. Hoy no sabemos qué Estado queremos, si grande y benefactor, o pequeño. Y es fundamental, porque el tamaño del Estado define el contrato entre el sector público y privado. Si vos tenés eso más o menos claro, de acá a 20 años, se pueden generar los incentivos necesarios para que haya inversión a largo plazo.

En el inicio del tercer siglo de la patria, ¿cómo ve al gobierno de Mauricio Macri?
- Más allá de atajar los penales de este primer o segundo año, creo que en el tercer y cuarto año de gestión debería abrir la puerta a un debate más amplio sobre estas cuestiones básicas. Vemos que el Congreso empezó a funcionar. El Poder Judicial aparentemente también daría la impresión que se ha activado, eso hay que consolidarlo. En ese sentido, creo que el gobierno de Macri es un gobierno de transición. Un gobierno que debería dejar como resultado un país que tenga definido el funcionamiento de las instituciones de la República y que defina ese contrato vinculado al tamaño del Estado y los impuestos. Es una transición a algo que puede ser más Macri o menos Macri u otra cosa, no lo sé. Me parece que es la reconstrucción que necesitamos tras estos 200 años.

Mucho se habla de la famosa "grieta" que legó la década K...
- El kirchnerismo sacó lo peor de nosotros. Es esa cuestión de detestar el éxito, de que no se pueden generar relaciones ganar-ganar; que siempre que uno gana hay otro que pierde, que el mundo está contra nosotros y tenemos que defendernos. Es algo que tenemos todos en una parte nuestra, aún los que se dicen antikirchneristas, lo tenemos adentro. Lo que pasa es que el kirchnerismo lo saca de la peor manera: lo hace política de Estado.

¿Y cómo se neutraliza esa visión?
- Es una reflexión que tenemos que hacer como sociedad. Existe en todo el mundo, basta ver el Brexit en Europa. Por eso, creo que tenemos que percibirnos como que somos fruto de todo esto. La construcción del "nosotros" que genere el colectivo de los nuevos 100 años tiene que partir de la base de que todos sabemos que somos un poco todo esto, que lo aceptemos no para enjuiciarnos sino para admitirlo y empezar a construir lo nuevo que viene. Y eso no es un kirchnerismo nuevo, ni un peronismo nuevo, ni un Cambiemos nuevo. Es algo distinto que vamos a ir construyendo sobre la marcha, a prueba y error, más allá de que el nombre del sistema sea capitalismo, sustentabilismo o socialismo del siglo XXI. Más allá de las etiquetas, hay que reconstruirnos. Y para eso necesitamos de instituciones bien fuertes y reglas de juego bien claras. Decía que en la Argentina somos una sociedad muy plana, no en el sentido de la guita, sino en la expectativa. Un pobre conversa con un rico de igual a igual y tiene aspiraciones, como es aspiracional nuestra inmensa clase media. Es algo que no pasa en América latina, sólo se ve en algunos países de Europa. Las otras sociedades funcionan porque hay una elite que funciona. Acá no. Y no nos parece mal, nos sentimos bien así. Pero así como somos, el riesgo es la anarquía y ya la vivimos muchas veces.

En esta reconstrucción, ¿cuál es el rol del empresariado?
- De los empresarios se necesita que tengan foco en la innovación, en integrarse al mundo. Conociendo más el mundo y habiendo trabajado en otros lugares, tenemos fundamentos positivos para ser ganadores. Pero creo que el desafío que nos plantea el nuevo tiempo no puede ser resuelto con las ideas de unos pocos, sino que requiere de muchos pensando con mucha diversidad. Creo que el sector público necesita empresarios y emprendedores que le ayuden a pensar en ese Estado y viceversa. Los empresarios tenemos que tener una mirada mucho más integradora hacia la sociedad. No por una cuestión ética o de responsabilidad, que también hay. En la medida en que uno incluya más a la sociedad, va a tener más clientes, más proveedores, más inversores, le va a ir mejor. El problema es que en los últimos 10 años, los empresarios en la Argentina vivimos innovando para resistir, para aguantar, no para crear, para ser más competitivos. Hoy estamos en medio de una transición. Pero es el momento de resetear un poco las mentes de los empresarios hacia la innovación, la capacitación de la gente, la competitividad. Si no hacemos las cosas bien, los empresarios nos fundimos. Algunos caerán, otros aparecerán. No hay que preocuparse si hay algún empresario fracasa, la preocupación debe aparecer si no hay emprendedores que vayan surgiendo. La Argentina tiene un nivel de emprendedurismo importantante, hay toda una generación sub-40 dispuesta a asumir el liderazgo, hijos del tradicional establisment quieren cambiar. Soy muy optimista en ese sentido.

¿Cómo imagina la Argentina cumpliendo los 300 años?
- Nada garantiza el éxito, pero no me animo ir más allá de 20 años, así podemos verlo. Imagino un país muy integrado, en la región y al mundo, que le ofrece una enorme cantidad de productos, desde alimentos, turismo, tecnología, creatividad. Un país con una inmensa clase media, más integrado federalmente, en el que dé lo mismo vivir en Buenos Aires o cualquier otro lugar.