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Los bebés robados, las historias de los nietos restituidos

Autora del libro De vuelta a casa, reeditado recientemente, y editora de la sección Política de El Cronista, relata los pormenores del largo y duro derrotero de hijos-nietos de desaparecidos secuestrados durante la dictadura que lograron recuperar su identidad. La vigencia de esos testimonios, a cuatro décadas del golpe.

por  ANALÍA ARGENTO

Editora de Política
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Luis Falco (ex oficial de la Federal) sostiene a Matías Tolosa (entonces llevaba el apellido Miara Castillo). Junto a él, el exsubcomisario Miara sostiene a Juan Cabandié (apropiado y llamado Mariano Falco) y Gonzalo Reggiardo Tolosa (Miara Castillo en ese tiempo). Ambos apropiadores eran amigos y los niños solían jugar juntos.

Luis Falco (ex oficial de la  Federal) sostiene a Matías Tolosa (entonces llevaba el apellido Miara Castillo). Junto a él, el exsubcomisario Miara sostiene a Juan Cabandié (apropiado y llamado Mariano Falco) y Gonzalo Reggiardo Tolosa (Miara Castillo en ese tiempo). Ambos apropiadores eran amigos y los niños solían jugar juntos.

Hay un delito considerado de Lesa Humanidad que no prescribe y que no fue amparado por las leyes de Obediencia Debida y de Punto Final. Se trata del delito por el que Jorge Rafael Videla volvió a la cárcel tras haber sido beneficiado por el indulto que firmó Carlos Menem en el anteúltimo día del año 1990. El secuestro, desaparición y el ocultamiento de la identidad de una persona es un delito que sigue en ejecución hasta el momento en que esa persona sabe realmente quién es, cuál es su origen, quiénes son sus padres biológicos. El cambio de apellido y documentación no implica sólo una serie de trámites judiciales, incluida la investigación sobre lo que ocurrió. No es un papeleo. Es la vida de una o de muchas personas la que cambia y de eso trató mi investigación en De vuelta a casa, historias de nietos restituidos, un libro que reeditamos actualizado en Editorial Marea a 40 años del golpe militar y que fue incluido como prueba en la causa por el Plan Sistemático de Robo de Bebés, además de utilizarse en escuelas como material de estudio o de consulta.

Las historias y los testimonios siguen vigentes y corren en caminos paralelos a los avances de la Justicia y a cuestiones que el propio Derecho debió establecer en los últimos años para un delito ejecutado contra bebés y niños y sus familias. El derecho a la identidad, no solo en la Argentina y no sólo por lo ocurrido en la Dictadura, generó un amplio debate que determinó que este derecho, fundamental, es el que se prioriza. Cuando comencé a escribir De vuelta a casa eran poco más de ochenta los jóvenes que habían recuperado su identidad. Al terminarlo eran más de 90 y en esta nueva reedición ya son 119. Entre ellos se encuentra el nieto de Estela de Carlotto, una noticia que conmovió al mundo y se replicó en minutos.

También entre los 119 (numeración que algunos objetan porque la identidad es mucho más que una cifra aunque la cifra sirve para graficar la suma de restituciones) hay quienes se reencontraron con una madre viva, como Simón, cuya madre Sara Méndez fue secuestrada en la Argentina y luego trasladada al Uruguay para fraguar un operativo y "blanquearla" aún en dictadura como detenida legal.

Hay quienes como Laura Acosta y Francisco Madariaga Quintana se reencontraron con sus padres vivos, Lidio Acosta y Abel Madariaga, respectivamente.

El último hombre que recuperó su identidad, Mario Bravo, vive en Santa Fe y su madre biológica en Tucumán, donde por miedo esta mujer calló por años su búsqueda.

Casualmente también ella se llama Sara y también como la otra Sara comparte con sus hijos un parecido físico notable. Hay quienes no fueron encontrados con vida y quien según se comprobó no llegó a nacer. Hay mellizos, como los Reggiardo Tolosa, robados de La Cacha, cárcel donde nacieron y donde fue vista por última vez su mamá. Ambos, más allá de sus diferencias vinculadas con la visión de cada uno sobre la política, comparten la misma postura frente a la búsqueda de la verdad sobre su identidad. "Saber quién soy fue lo mejor que me pudo pasar", me dijo Matías en el primer reportaje que dio después de muchos años de silencio y tras el escándalo mediático que protagonizó con Gonzalo y sus apropiadores al ser encontrados aún adolescentes.

El título del libro no lo elegí al comenzar el trabajo sino al final. Surgió de las historias que me contaron, aun cuando en los casos seleccionados busqué presentar todos los matices, desde quien buscó conocer su identidad acercándose a las Abuelas de Plaza de Mayo hasta quien como Evelin Bauer Pegoraro recorrió todas las instancias judiciales, llegando a la Corte Suprema, para evitar la extracción de sangre y el examen de ADN que establece el vínculo biológico real y es prueba de la apropiación.

Jorge Rafael Videla, entre otros, fue condenado a 50 años de reclusión y a reclusión perpetua como responsable máximo en una veintena de casos y de una práctica sistemática en el marco de la última dictadura: la sustracción, retención y ocultamiento de menores. En una frase tan polémica como cínica, había dicho: "En tanto el desaparecido esté como tal, es una incógnita, si apareciera se le daría un tratamiento X, si apareciera desaparecido se le daría un tratamiento Z. Pero mientras sea desaparecido no puede tener ningún tratamiento especial es una incógnita, es un desaparecido, no tiene entidad, no está muerto ni vivo, está desaparecido". Frente a un tribunal, el general Domingo Bussi, en su defensa, dijo que los desparecidos fueron los muertos en combate inventados por la guerrilla para justificarlos.

Sobre la base de denuncias e investigaciones, se estima que aún resta encontrar cerca de 400 bebés que fueron secuestrados al nacer en alguna de las maternidades clandestinas como Campo de Mayo, la ex ESMA, La Cacha, Pozo de Banfield, etc. En el marco del trabajo de investigación visité el Pozo de Banfield con Carlos D' Elía Casco, uno de los casos que más conmovió al equipo de jóvenes traductores alemanes que posibilitaron la edición en Berlín. Carlos sabe, se lo dijo la mujer que lo crió, que fue entregado en una esquina del conurbano la misma noche en que nació. Su cuerpo aún cubierto por líquido amniótico y sangre, envuelto en papel de diario, pasó de las manos de un represor a las del hombre al que él llamaría papá.