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Legislativas 2017 y las condiciones de los candidatos para salir a jugar

Quienes pretenden calzarse el traje de candidatos el año próximo, esperan atentos los movimientos de sus contrincantes. Massa peleará una banca en el Senado si se postula Cristina. Stolbizer no irá con el tigrense si sus listas se empapan de peronismo. Vidal quiere a Carrió en Capital porque busca acuerdos con el PJ. No habrá definiciones hasta marzo.

El postulado cuasi filosófico del conductor de televisión Pancho Ibañez, "todo tiene que ver con todo", se convirtió en un clásico de la política argentina. Como en una suerte de encadenamiento interminable, quienes pretenden calzarse el traje de candidatos en las legislativas del año próximo esperan atentos los movimientos de sus contrincantes para correr sus piezas en el tablero político.

Desde Sergio Massa y Margarita Stolbizer -los dos dirigentes más codiciados y con mejor imagen entre la oposición- a las figuritas del oficialismo que aguardan en las gateras, como Esteban Bullrich, Carolina Stanley y Jorge Macri. La excusa para sus cavilaciones es que aún no es tiempo de campaña, pese a que el Gobierno parece haberla lanzado con el timbreo. Lo cierto es que nadie toma ya decisiones políticas sin pensar en 2017, aunque recién en marzo se empezarían a despejar incógnitas.

La resolución de Massa está atada en gran medida a la de Cristina Kirchner. El diputado pelearía por una banca en el Senado si la ex Presidenta decide desafiar a Dios y María santísima, en medio de las causas que se le acumulan por corrupción, y demostrar su poderío electoral en el conurbano, donde aún mantiene un 25% de las adhesiones, según la mayoría de las encuestas. De paso, CFK obtendría los fueros y la inmunidad de arresto que otorga un escaño para cuando las cosas en la Justicia se pongan feas. Por ahora, juran que ni ella sabe qué hará.

El tigrense, a decir verdad, no quiere postularse a senador porque en la Cámara alta no existe el mismo margen para el juego político que en Diputados. El rédito de obtener un triunfo sobre CFK -que lo poscione dentro del peronismo- sería su único motor. Caso contrario, volvería a renovar la banca en la Cámara baja lograda en 2013. Massa también está atento a la reorganización del justicialismo.

En su entorno juran hoy que la lucha la dará desde afuera, como hicieron los renovadores de Antonio Cafiero para desalojar de la fuerza a Herminio Iglesias. Pero con el peronismo -cualquiera sea su índole o pelaje- nunca se sabe. Por caso, el partido aún no tiene un candidato potable. Ni Daniel Scioli ni Diego Bossio ni Florencio Randazzo miden lo suficiente, y si juega la ex Presidenta, el sector oficial podrían perder el liderazgo interno.

Precisamente, la vuelta de Massa al peronismo -o la incorporación al Frente Renovador (FR) de ex kirchneristas arrepentidos como el intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde- sería el límite de Stolbizer para firmar un pacto electoral con el diputado. Si bien la titular del GEN ya autorizó a sus hombres de confianza, como Sergio Abrevaya, Marcelo Días y Omar Duclós, a negociar con los massistas Marco Lavagna y Jorge Sarghini, en su entorno juran que no hay nada cerrado. "Veremos cómo están las cosas en marzo. Si el FR termina empapado de peronismo, no habrá acuerdo", dice uno de los negociadores a El Cronista.

Por este encadenamiento de las decisiones, en el oficialismo bonaerense aún no descartan sumar a Margarita como candidata a senadora, con la certeza de que a Massa le será imposible lograr sus objetivos sin parte de la estructura del PJ.

Stolbizer mantienen con María Eugenia Vidal una relación extraordinaria y sorprendente. Tanto la diputada como sus voceros no dejan de elogiar a la gobernadora cada vez que pueden. "Es decente, inteligente y con un pasado limpio", aseguran. Y es por eso que en el GEN no descartan nada. "El problema no es Vidal sino el PRO", explican. Y cuentan que el macrismo hizo de todo -sin éxito- para seducirla, desde ofrecerle la candidatura a vicepresidenta en su momento a un ministerio en el Gabinete nacional.

Sea cual fuere el destino final de Stolbizer, algo es claro: no será esta vez candidata testimonial. O, dicho en otros términos, no jugará con partidos minoritarios, como Libres del Sur, ni con el socialismo. Es que las reglas de su credo político ya no son las mismas que en la elección de 2015 cuando, tras la desaparición de UNEN, decidió sostener la conformación de una coalición progresista para no regalar ese espacio vacante a la izquierda.

Según sus palabras de entonces, era imposible llegar a un arreglo con Mauricio Macri, con Massa, o con aquellos sectores con los que "no hay coincidencias". Si bien sigue manteniendo intactos sus ideales, la diputada entendió que la única forma de acceder al poder es de la mano de una alianza competitiva. Pues bien, Margarita ya no quiere malgastar el capital político que le deparó el crecimiento de su imagen en las encuestas y pretende evitar que se la trague otra vez la oscura noche de la derrota.

En el macrismo saben que es crucial ganar los comicios de 2017 para mantener la gobernabilidad. Y la provincia de Buenos Aires -donde se renovarán tres bancas a senadores y 35 escaños de diputados nacionales- será como siempre la madre de todas las batallas. El Gobierno espera que para esa fecha se haya podido reactivar el consumo, bajar la inflación y renovar el optimismo. Sueñan con un peronismo dividido entre el kirchnerismo residual, el massismo y otro, cercano y dialoguista, liderado por Juan Manuel Urtubey y los gobernadores. Mientras tanto, barajan nombres para postular en suelo bonaerense.

Al ministro Bullrich lo asalta un sentimiento dual: quiere seguir en el ministerio de Educación pero -hombre político al fin- se tienta con ganar una elección de la mano de Vidal en la Provincia. También se menciona a Stanley, ministra de Desarrollo Social de la Nación y del riñón de Vidal, y al radical y nerocientífico Facundo Manes. En tanto, la postulación de Elisa Carrió en el distrito de mayor peso electoral es cada vez menos factible. No tanto por el temor de que la diputada siga mostrando las fauces hasta el fondo contra las cosas que no le gustan sino por su propia intolerancia con el peronismo. Vidal, dicen en su terruño, pedirá que no le aten las manos a la hora de negociar las listas y es probable que haya nombres que Lilita vetará. La rueda recién comienza a girar.