Viernes  04 de Enero de 2019

La vocación verde argentina y la desconfianza en el peso

En su nuevo libro, Matías Tombolini hace un repaso del fracaso de las sucesivas recetas aplicadas por los distintos gobiernos para resolver el problema de la inflación. Por qué los argentinos no confían en el peso y cómo defenderse de la crisis.

La vocación verde argentina y la desconfianza en el peso

La Argentina ha sido, desde 1943 a la fecha, uno de los tres países con más inflación acumulada del mundo. Las causas son múltiples y dan cuenta del fracaso sistemático de los políticos a la hora de resolver el problema más grave que tiene nuestra economía: "La plata no alcanza". No lo resolvieron los que estaban antes, ni los que están ahora. No hemos visto que se impulsen medidas innovadoras para terminar con el flagelo de una economía que tiene una característica sistemática: los precios suben siempre.

El abordaje respecto del mejor modo para resolver este enorme problema debería alguna vez privilegiar que en el camino hasta que la inflación baje, los salarios no pierdan la carrera contra los precios.

Lo cierto es que la inflación es la medida de la confianza que tenemos en nuestra propia moneda. Es decir en nuestra economía, o más concretamente en nosotros mismos como sociedad. Esta falta de confianza se refleja en un comportamiento histórico de todas las personas que vivimos en la Argentina, yo la llamo vocación verde. Y es sencillamente el acto

reflejo que tenemos al pensar en el mejor modo de preservar el valor de nuestro dinero: la compra de dólares. Es así que el nuestro es el país con mayor tenencia de dólares físicos por habitante fuera de los Estados Unidos.

Las recetas que se han implementado para resolver este problema fueron desde la intención de pesificar nuestra mente de forma compulsiva durante el período 2011-2015 con el cepo y que nos dejó tan lejos del mundo como la Luna, hasta las Lebac del "mejor equipo de los últimos 50 años" que creyó que si ponía un premio enorme para que conserváramos nuestra tenencia de pesos, iba a aumentar la demanda de dinero y, por consecuencia, bajar la tasa de inflación. Por el contrario, esto aumentó la deuda, retrajo la actividad económica -porque era más fácil hacer plata con plata, que trabajando- y terminó por destruir la confianza de los propios argentinos y del resto del mundo, lo cual nos llevó a pedir el salvataje del FMI.

La política parece no comprender cuáles son los mecanismos que los ciudadanos de a pie privilegiamos en la construcción de confianza. Esa que es fundamental para demandar nuestra propia moneda en lugar de dólares. Para entender el modo en que funciona la confianza en la moneda, pensemos en esta situación: una señora entra a un autoservicio en la ciudad de Houston, Texas, en los Estados Unidos y compra un paquete de chicles, el precio, al momento de abonar, es 95 centavos de dólar. Entonces la señora saca un billete de un dólar y paga. El muchacho de la caja, recibe el dólar y, junto con los chicles, le entrega el vuelto que son cinco centavos. En ese momento la señora

toma los chicles, pero también los cinco centavos, los guarda en su monedero, y sale del local.

¿Qué fue lo que pasó aquí a diferencia de la Argentina?

Se convalidó un pacto de confianza social. Esto sucedió en el momento en que el muchacho entregó cinco centavos a la señora, ya que ambos saben que ese monto es insignificante y no sirve para comprar nada pero lo que hay detrás de ese intercambio es más importante que lo estrictamente económico. Se trata de un acuerdo social, ya que ambos consideran que la moneda tiene valor, dado que sirve como unidad de cuenta, medio de cambio y reserva de valor -características que debe poseer para ser considerado dinero- . Los dos comparten el mito, la creencia sobre el valor de la moneda.

La misma situación en nuestro país sería completamente diferente, ya que la moneda no constituye un mito común que nos permita dotarla del valor suficiente como para preservarla y utilizarla como una referencia estable que se expresa en esa unidad de información que llamamos precios.

Muchos creen que la construcción de confianza en la moneda debe ser compulsiva a través de acciones coercitivas por parte del Estado, como controles de precios permanentes. Otros creen que el Estado no debe intervenir para nada, y que el valor depende de una relación estrictamente de carácter cuantitativo, es decir de cuántos billetes y monedas circulan. En mi opinión, debemos dejar de aferrarnos a dogmas teóricos antiguos y usar lo bueno de todas las teorías sumando la experiencia y el sentido común. La confianza en la moneda es la consecuencia directa de un conjunto de

factores que no son solo económicos, y que tienen que ver sobre cómo percibimos la marcha de nuestra economía en general. Qué tan confiables son las instituciones como la justicia, y los poderes legislativos y ejecutivo. Esto es así ya que la moneda es un papelito que emite solamente el Estado y por lo tanto el que debe construir esa confianza colectiva es ni más ni menos que el Estado.

Esta confianza no se logra recurriendo a la solución prestada que supone usar otra moneda, como el dólar, para las transacciones cotidianas ya que eso no resuelve el problema de fondo. Ni tampoco se resuelve eliminando al encargado de emitir moneda que es el Banco Central.

Se trata de hacernos cargo del desafío de resolverlo con nuestros medios y nuestras limitaciones pero entendiendo cuáles son los puntos clave que se deben considerar en el camino, por ejemplo que quien vive de un salario no tenga que vivir cada vez peor como única receta para resolver lo que la política no resuelve desde hace cuarenta años.

Dicho esto, y con la esperanza de que podamos construir una alternativa superadora a lo conocido, no mesiánica, inclusiva, sensible, innovadora y efectiva para resolver los problemas, este libro apunta a operar sobre las consecuencias de vivir en un país donde no alcanza la plata.

El poder de las finanzas personales siempre es fundamental, pero saber manejarlas en tiempos de alta inflación se vuelve una cuestión de supervivencia. Esto nos lleva a plantear las dos grandes cuestiones relativas a nuestro dinero: la forma más eficiente de gastarlo y la mejor manera de conservarlo.

Por eso el libro consta de dos partes, la primera aborda lo relativo al consumo inteligente, y recorre el modo en que somos engañados por las empresas para comprar lo que ellas quieren y no lo que nosotros necesitamos. Para salir de esa trampa tenemos que contar con herramientas que nos permitan elegir mejor, y maximizar el rendimiento de nuestro dinero, no con el fin de acumular sino sencillamente de ser lo más felices posible con el ingreso que tenemos. Haremos entonces un recorrido por los principales gastos que conforman nuestro presupuesto: el supermercado, el alquiler, el transporte, los celulares y la cobertura médica, entre otros.

La segunda parte aborda lo relativo a ahorro e inversión. Aquí repasaremos los aspectos más importantes del desafío que supone conservar el valor de nuestro dinero (ahorrar) o tratar de incrementarlo (invertir). Desarrollaremos aquí los distintos instrumentos disponibles para uno u otro caso: plazos fijos, bonos, acciones y fondos comunes de inversión serán algunos de los temas en los que nos detendremos.

Con ejemplos concretos en cada caso, apuntalando a aspectos de la vida cotidiana, de lo que nos pasa todos los días he intentado sintetizar ideas de soluciones concretas para problemas concretos. Lo cual siempre es una tarea incompleta pues los problemas suelen ser dinámicos y novedosos y las soluciones siempre corren de atrás. Este libro no es una guía para avaros ni un manual para sobrevivir al ajuste, sino que intenta aportar ideas y estrategias para afrontar el contexto actual de nuestro país con la mayor cantidad de herramientas posible. Lo importante es ser conscientes de nuestro kit de herramientas y tenerlo listo para usarlo del mejor modo y que nos defienda de una realidad que se presenta cada día más difícil.

Economista

Matías Tombolini es santafesino y tiene 44 años. Es licenciado en economía por la Universidad de Buenos Aires y realizó una maestría en Relaciones Económicas Internacionales, codiplomada por FLACSO y la Universidad de Barcelona. Tiene además un posgrado en Historia del Pensamiento Económico (FLACSO) y es profesor de la UBA. En 2017 decidió involucrarse en política y se presentó como candidato a legislador por la Ciudad por el Frente Renovador.

Y en 2018 fundó APPS (Avancemos por el Progreso Social). Es autor de varios libros, entre ellos, Todo lo que necesitás saber sobre economía argentina (2013); Ladrones. Grandes estafas de la historia económica mundial (2015) y Economatrix (2017).

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