EXPEDIENTES EL CRONISTA

La tercera vía de Macri para combatir la inflación

El Gobierno predica la ortodoxia monetarista de subir la tasa de interés para frenar el costo de vida, pero el Presidente culpa en privado a los formadores de precios e intenta controles discretos para disciplinarlos. 

"Hay una serie de empresarios vivos que si ven un 2% de inflación te enchufan un 4% y, por las dudas, un 8%", sentenció Mauricio Macri poco antes del minuto 6 del video posteado días atrás en su Facebook. Lo más llamativo no fue el tono coloquial y el lenguaje descontracturado que utilizó para hablar telefónicamente con Sergio, un presunto votante desencantado porque las mejoras económicas prometidas se hacen esperar. Sino la imputación que hizo a los hombres de empresa, sindicándolos como responsables de las subas de precios.

La grabación, que alcanzó rápido un millón y medio de reproducciones, constituye una pieza divertida para cualquier estudioso de la comunicación política. Un presidente sensibilizado por la carta de un ciudadano simpatizante, le responde con soltura, tomándose varias licencias discursivas.

En el contexto de una dramatización, Macri pudo decir sin preocupación por las consecuencias legales y políticas que los funcionarios de la gestión anterior "se robaron todo" y pudo acusar a los empresarios de remarcar sin pudor. Finalmente, al empatizar con las preocupaciones de su interlocutor (invisible, con voz audible por el altoparlante del teléfono) reconoció algunas de las angustias que el Gobierno comparte con la ciudadanía. La inflación entre ellas.

"Hemos bajado la inflación que va a ser la más baja desde el 2009. Esos resultados deben servirnos para renovar la esperanza", arengó Macri desde Rosario el martes, en la celebración por el Día de la Bandera.

Es cierto. El índice de precios al consumidor de mayo se ubicó en el 1,3% y el anual en el 24%, según el Indec, lo que significa que bajó casi a la mitad respecto al desboque del año anterior. El relevamiento de expectativas del Banco Central ubica al índice de este año calendario un poco por encima del 21%, lo que corrobora esa línea descendente.

Sin embargo, el guarismo está por encima de la meta impuesta para este año por el BCRA, que consignaba una suba entre el 12 y el 17%, más allá de que los dos dígitos siguen siendo indicadores de que el problema existe. Una más: el dólar quieto implica que hay una inflación en divisas que quita competitividad, porque obliga a encarecer los productos locales que se venden en el mundo.

Diagnosticar la enfermedad es la clave para encontrar el remedio indicado para combatirla. Aquí el mayor e irresuelto problema, ya que el pensamiento oficial está atravesado por la puja de las dos líneas teóricas más antiguas y simples para explicar el fenómeno inflacionario.

La ortodoxa y monetarista postula que los precios suben porque hay emisión excesiva de pesos, que generalmente se produce para costear el gasto público. La más heterodoxa postula que el déficit fiscal poco tiene que ver con las remarcaciones, producto de la voracidad empresaria, en general, o de los formadores de precios, en particular. Un duro de la primera línea del Gobierno como Federico Sturzenegger, titular de la autoridad monetaria, difícilmente admita otro camino para contener los precios que la suba de tasas: con esa aspiradora activada, habrá menos pesos en el mercado y los valores de bienes y servicios tendrán menos margen para subir. Según esta óptica pura, no hay voluntad patronal que intervenga en la perversa inflación sino un mercado que se mueve naturalmente, según las leyes de oferta y demanda.

La vía del medio

Pero Macri y otro segmento de su equipo parece no suscribir esta teoría ciegamente. Por eso aquella fuerte recriminación al empresariado en el video, aunque sin dar nombres. Y por eso mismo, él o sus ministros más de una vez organizaron discretas convocatorias a representantes sectoriales de la producción para recriminarles la angurria remarcadora. Y aunque sin anuncios, propició acuerdos de precios para promover algunas bajas. Una estrategia lejana al control tradicional, pero con sesgo más intervencionista.

De alguna manera, el Presidente se ubica en un camino intermedio.

Para controlar la emisión decidió cubrir el importante déficit fiscal tomando deuda en el exterior, estrategia que tiene sus costos no sólo económicos sino políticos. Pero al mismo tiempo, busca mecanismos más directos para subordinar a los fijadores de precios, tal como quedó demostrado en aquel video.

"Como tenemos un país cerrado -porque heredamos un país cerrado, el tercero más cerrado del mundo- no tienen competencia porque no hay importaciones. Uno quiere cuidar el empleo local y por eso es restrictivo con las importaciones. Pero las cosas valen el doble que en Chile una zapatilla que viene de Brasil vale un tercio de la que se fabrica acá", se queja Macri ante Sergio, con soltura de Polémica en el Bar.

Costo argentino

El contraste con países vecinos no alude ya a la suba constante de precios sino a otro tema asociado, como es su alto nivel en dólares, que transforma a la Argentina en un país caro en términos relativos, incluso frente a los limítrofes.

Sin embargo, varios de los consultados por el tema, descalifican esa comparación. En principio, porque la Argentina tiene una industria que proteger, como no ocurre en el caso chileno o paraguayo. Pero, al mismo tiempo, porque la actividad fabril es fuertemente dependiente de los insumos externos, lo que la distancia de Brasil o México, con circuitos de producción más integrados fronteras adentro.

Pedro Cascales, pyme metalúrgico encargado de la comunicación de CAME (Confederación Argentina de la Mediana Empresa) añade otras diferencias que disculpan el pecado local de tener precios altos en moneda dura. "La presión impositiva acá es mucho mayor: Paraguay tiene un IVA del 10% y Chile del 19 y las cargas sociales son muy inferiores. Lo que hay que hacer es reformular urgente el sistema tributario", reclama el dirigente, para quien los altos costos logísticos y de la cadena comercial también agravan el problema.

"El Presidente en parte tiene razón en los rubros monopólicos y oligopólicos", concede, admitiendo la responsabilidad de sus pares en la carrera de los precios. Situación que propicia otro pecado no confeso: los altos márgenes. De acuerdo al relevamiento periódico de CAME de abril, sobre 25 productos agropecuarios, la brecha entre el valor en góndola y el que reciben los productores es de 5,56 veces y viene creciendo de modo sostenido (en marzo alcanzó 5,1 veces).

Según acusa el relevamiento, ese valor promedio trepa a 12 veces en el caso de la naranja (un 1200 %, en otros términos) y baja a 1,63 en el caso del pollo. Más allá de estas oscilaciones, que a veces sufren cambios estacionales, los márgenes locales son claramente ambiciosos. "La brecha lógica en el mundo -entre productor y consumidor- es del 300% y no del 556% como acá", redondea Cascales.

Otras entidades patronales están procesando datos de estudios que tienen similar fin de analizar el nivel de precios auscultando los márgenes de toda la cadena productiva y comercial. El desafío ulterior es si esas conclusiones sirven luego para promover políticas públicas que fuercen un reparto distinto de la renta e imponga topes que se traduzcan en beneficios para el consumidor final. "Lo que queda es una inflaci&oacut;n núcleo que no depende tanto de decisiones del Gobierno", describe Gonzalo De León, economista de la Cámara Argentina de Comercio. A juicio del especialista, lo peor de esta última escalada inflacionaria ya habría pasado. Ya se produjo el ajuste de precios relativos, tras la devaluación que propició la salida del cepo cambiario; ya se aumentaron las tarifas, que estarían quietas hasta después de las elecciones y la emisión monetaria bajó de ritmo. Lo que queda es "inercia". Finalmente, el problema puede explicarse por la confluencia de aquellas dos vertientes teóricas.

"Algún empresario ambicioso hay. Pero era igual en otra etapa de la historia económica y no existía el problema. Tiene que haber un terreno fértil para las subas: más dinero en la plaza", sentencia De León. Un razonamiento parecido al que se escuchó a fines de la administración anterior en boca de encumbrados dirigentes de la Asociación Empresaria Argentina (AEA): si existía el mismo team patronal en otro momento de baja inflación, algo debía hacer el Gobierno de turno para impulsarla.

Los dos círculos virtuosos

"Ninguna de las dos corrientes sirve en su versión extrema. Por eso Macri pendula entre la ortodoxia y la heterodoxia al encarar el problema de la inflación". La opinión corresponde al especialista en precios y docente de las universidades de San Andrés y la de Moreno, Roberto Dvoskin, para quien la solución está en una línea intermedia que implica apostar en simultáneo a que suban la inversión y el consumo.

A decir del ex secretario de Comercio alfonsinista hay dos líneas. La ortodoxa, que prioriza la inversión y considera que su aumento terminará empujando el consumo. La heterodoxa, que apuesta a fogonear el consumo y, con esa mayor demanda, motorizar la inversión. Algo así como dos círculos virtuosos, con distinto punto de partida.

Pero, según su visión, ambos caminos tienen el mismo límite del estrangulamiento externo, al menos para el país. "El 60% de los bienes básicos argentinos son exportables y, si se deja de vender afuera para atender el mercado doméstico, se priva de divisas. Y si se limita la emisión, se necesitan dólares para costear el déficit fiscal", argumenta.

La fórmula, a entender de Dvoskin, es crecer moderadamente, "no más del 3% anual y, al mismo tiempo, que el Estado anime el consumo, también con cautela". Si la demanda va más rápido que la oferta, los precios terminarán subiendo. Esto obliga a encontrar un cuidadoso equilibrio entre los dos caminos.

La necesidad es mayor en una Argentina donde los empresarios prefieren ajustar por precio y no por cantidad, lo que los obligaría a invertir, según especula el especialista. Y donde los productores de bienes y servicios no quieren quedar detrás de la suba de costos y remarcan por las dudas, tal como sugirió el Presidente en su video.

En definitiva, se trata de un problema de puja distributiva y, a río revuelto, quienes tienen la potestad de fijar precios, tienen a mano un beneficio.

"El kirchnerismo le dio a la maquinita, con vocación de alentar el consumo. Pero así descuidó la inversión y el crecimiento", opina Dvoskin quien, sin embargo, está mucho más próximo a la corriente "B" o heterodoxa que a la monetarista.

El Ieral (Insituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana), brazo académico de la Fundación Mediterránea, muestra una visión más optimista, desde otro extremo del espectro ideológico. "El dólar planchado no es el subproducto de controles (los cepos), la inflación se está desacelerando de forma menos artificial, ya que han ocurrido ajustes de tarifas", sentencia el texto bajo la firma del economista Jorge Vasconcelos.

Una coyuntura que trajo alivio al Gobierno y a los sectores de ingresos fijos, los más golpeados por los saltos inflacionarios. Pero que puede interpretarse como un cuadro en clave electoral. Después de los comicios de medio término puede haber nuevos aumentos en las tarifas y otros precios regulados, con el consiguiente impacto en el Indice de Precios al Consumidor. Habrá que ver entonces si la administración macrista sigue apostando por esa tercera posición para controlar los precios, otra forma de gradualismo.

 

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