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La punta de La Bota

Aromas, sabores, costumbres y tradiciones centenarias siguen vivas en Calabria, la más austral de las regiones continentales de Italia, y confluyen espontáneas en los promontorios, en las plazas públicas y en las costas transparentes del Mar Tirreno.

La punta de La Bota

Ubicada en el extremo sudoccidental de la Península Itálica, la región de Calabria nace en el golfo de Policastro y despide al continente en el Estrecho de Messina, frente a la Isla Grande de Sicilia. La autostrada A3, la más importante de las carreteras del sur, es la que se estira como una espina dorsal a lo largo de su topografía accidentada alternando el ondulado colorido de los viñedos con colinas que suben y bajan.

Pero no sólo los contrastes en Calabria son naturales y climáticos. Abundan los culturales y los históricos, esos que con los siglos aportaron las diferentes civilizaciones y que moldearon esta personalidad tan singular. Hospitalarios, ingeniosos, iracundos y peleadores, propensos a las grandes charlas y convites, los calabreses se presentan con toda su autenticidad.

Ciertamente habría que recorrer íntegras estas tierras de tantos siglos, probar cada uno de sus manjares y escuchar los diferentes dialectos; detenerse en las terrazas que forma el Aspromonte, contemplar el mar e inmiscuirse en las costumbres cotidianas de sus habitantes que constituyen uno de los grandes encantos del lugar.

La playas transparentes

Terraza sul mare llaman en dialecto los habitantes costeros de Calabria a sus pueblos. Terraza sobre el mar; una metáfora sencilla que define casi literalmente la imagen de las casas de piedra que se montan en lo alto de los peñascos. Alrededor de 800 kilómetros de costa moldeada por el trabajo milenario del mar bañan la escarpada silueta calabresa, encerrada entre el mar Tirreno y el Jónico. La ruta 18, que acompaña al Tirreno hasta el fin del Golfo de Santa Eufemia, inaugura la región con la pequeña bahía trasparente de Praia a Mare. Junto a ella, San Nicola Arcella conserva contemplando su oleaje suave los cañones del siglo XVI que contenían los barcos piratas que hasta allí llegaban.

A unos kilómetros del inicio del Golfo de Gioia, los pueblos de Briatico, Tropea y Capo Vaticano son tres de los más imponentes destinos de playa de Calabria. Burgos medievales trepados a los morros, con torres añejas y construcciones varias veces centenarias componen el circuito costero. El pueblo de Tropea, siendo el más fecuentado, representa el ícono del Tirreno Sur viendo nacer desde el agua a la iglesia Santa Maria dell’ Isola como una imagen milagrosa. A poco de allí, Capo Vaticano es el lugar del gran desfile de la naturaleza, con calles de ripio, nopales a borbotones y extensiones solitarias de arena a los pies de cerros cubiertos en verde.

Cercano al Estrecho de Messina, el promontorio de Scilla muestra al atardecer el sugestivo escenario de los pescadores artesanales, y más allá el mar, demostrando por qué la zona es conocida con el nombre de la costa violeta. El continente está por llegar a su fin y lejana se divisa la Isla de Sicilia.

De castillos e iglesias

Piazza Municipio es la que se encarga de mostrar la faceta más urbana de Vibo Valentia, una de las ciudades más importantes de Calabria, y una muy efectiva base de operaciones para descubrir la región. Esta plaza se muestra como un céntrico espacio abierto, rodeado de edificios administrativos, al que llegan los ragazzi en motorinos desde sus ocho calles de acceso, haciendo de éste un sitio de reunión pública por excelencia. Allí nace el Corso Vittorio Emanuele, la peatonal donde descansan las tiendas y los cafés. Sin duda son los 500 metros más europeos de la ciudad; esos que con los años fueron aprendiendo acerca de algunas marcas internacionales, pero que nunca conocieron una casa de comida rápida. El Corso finaliza su paseo en la Viale Regina Margherita, donde se ubican algunas edificaciones del siglo XVIII, entre las que sobresale el Palazzo Gagliardi y la Iglesia Santa Maria la Nova.

A pocos metros, los parques de la Villa Comunal se extienden hasta alcanzar la Catedral consagrada a San Leolucca, con su fachada solemne, de estilo barroco simple levantado en 1680. Allí, vale destacarlo, se bautizó en las primeras décadas del 1900 a varios de los inmigrantes italianos que vivieron y viven en la Argentina. Años después, sus misas siguen siendo las más concurridas.

Cerca se encuentra el Castillo de Vibo Valentia, una construcción normanda erigida utilizando los bloques de antiguos muros griegos derrumbados. Desde 1969 funciona en su interior el Museo Arqueológico, que resume entre terracotas y cerámicas de la era precristiana la historia de la ciudad. Al estar ubicado en la zona más alta de Vibo, su terraza posee una panorámica de las sierras, las montañas de la Sila y del mar.

Cercanos al sector céntrico, pueden recorrerse la villa nobiliaria Gagliardi, el Castillo de Santa Ana, el Palacio Romei y la Iglesia del Rosario. Aunque también vale la pena llegar en auto hasta Mileto, la ciudad de los primeros filósofos, o hasta Vibo Marina, a orillas del Golfo de Santa Eufemia, siempre repleto de pescadores.

Datos útiles

- Desde los aeropuertos de Roma y Milán hay aviones directos a los aeropuertos de Lamezia Terme (el más importante de la Calabria) y Reggio de Calabria.

- En el aeropuerto de Lamezia Terme se pueden alquilar automóviles. El precio de uno pequeño es de unos 35 euros por día. Es la opción más aconsejable para recorrer la región.

- Calabria es más económica que el centro y norte de Italia. El precio de un hotel cinco estrellas ronda los 190 euros diarios, en tanto un cuatro estrellas cuesta alrededor de 100 euros. También pueden conseguirse alojamientos con baño privado desde 40 euros.

- Una comida para dos personas cuesta entre 35 y 50 euros. La dupla italiana pizza y birra alla spina (cerveza tirada) cuesta entre 8 y 12 euros por persona.