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La otra Patagonia

Los pueblos pesqueros vecinos a Concepción, capital de la VIII Región chilena, son genuinos destinos que ofrecen serenidad, un paisaje marino emotivo y muchas actividades para disfrutar al aire libre.

La otra Patagonia

Resulta sorprendente entender cómo, hace algo más 150 años y a miles de kilómetros de distancia, se tejían lejanos los sucesos que permitirían a Tomé y sus alrededores crecer y dar los primeros pasos en busca de una urbanización. Opulenta, llena de fogosidad, corría la Fiebre del Oro en la próspera California y correspondió a Chile la suerte económica de abastecer con sus productos rurales a la península estadounidense, carente en aquella época de agricultura. Legumbres, harina, cereales, frutas secas y vino, que partían embarcados desde el sereno puerto de Tomé, a sólo 30 kilómetros al norte de la ciudad de Concepción, eran entonces el manjar predilecto de personajes cosmopolitas del gran norte.

Collén, Corinto, California, Colorado, Caracol, Bellavista y Rincón Grande no son sólo algunos de los molinos que se establecieron vecinos al Océano Pacífico; representan la historia de la zona y son testigos vivos de aquellos años de oro. Hoy, lejos de aquella época, recorriendo las frondosas rutas de la Región del Bío Bío pueden encontrarse en los trigales hombres de piel dorada curtida por el sol, trabajando la tierra y rehaciendo cada día lo que es ya una tradición; parte de una historia que, gestada la millonaria California, devino en crecimiento para este lugar costero.

Playas y comida de mar

Cocholgüe amanece en paz; las primeras luces del día hacen eco sobre el mar y comienzan a moverse tibiamente algunos barcos. Los murmullos llegan a la caleta de pescadores y las redes se estiran, mientras los enormes roqueríos y la fuerza de las olas toman color. Algunos pobladores se encargarán de recoger las abundantes algas que trae el mar, en tanto cautivados por la arena blanca de la llamada Caleta Chica llega un puñado de surfistas para desafiar el viento matutino.

A sólo cinco kilómetros de Tomé, Cocholgüe se dibuja como una más de las playas que se van hilando sobre la costa. Todo este litoral está signado por pequeñas poblaciones pesqueras y rurales, dueñas de un encanto diáfano y transparente: Punta de Parra con sus mesones y cabañas, Los Tres Pinos y su exuberante vegetación, Playa Necochea con sus casas de fin de semana.

Pero las bahías y sus pueblos continúan con nombres como Burca, Pingueral, Bellavista, Merquiche o Purema, todos dignos de visitarse aunque más no sea para percibir el puro aire marino.

Sucede que fuera de la temporada veraniega, toda la línea costera se adueña de un inmenso sosiego proponiéndose como un destino de relax y descanso, y no sólo para los habitantes de la vecina Concepción. Las antiguas costumbres y modismos agrarios, la gastronomía de mar, y por supuesto, los paisajes paradisíacos del entorno, invitan a una recorrida en auto que promete descubrir rincones poco conocidos de inmensa belleza dentro del país.

En el corazón de Tomé se despereza la playa El Morro, un centro muy concurrido por quienes llegan hasta la VIII Región gracias a sus servicios de alojamiento y gastronomía, en tanto a 15 kilómetros de allí, Coliumo ostenta lo que seguramente es el más inquietante paisaje de la zona. La práctica de pesca deportiva (especialmente corvina), excursiones embarcadas y cabalgatas representan sus principales actividades fuera del verano, momento en que las aguas son protagonistas indiscutidas repletas de visitantes. Allí el verde invade el entorno de esta península que cierra por el oeste a la bahía de Dochato, y las rocas que caen abruptas dibujan un entorno imponente y soberbio. Este sitio llama la atención por estar dividido en tres sectores separados por accidentes geográficos: estos son Las Vegas de Coliumo, Los Morros y Caleta del Medio, formada entre 1915 y 1920, puesto que antes sus habitantes se dedicaban a la agricultura y conservaban la actividad pesquera sólo para consumo doméstico.

El asfalto hacia el norte continúa hacia Lirquén, uno de los principales puertos de la región, con un muelle apto para el atraque donde llegan embarcaciones nacionales y extranjeras. Allí, un genuino barrio chino ofrece un sinfín de alternativas para degustar platos típicos con variados frutos de mar. A no más de dos kilómetros se ubica el mirador de Lirquén, desde donde es posible lograr una vista panorámica de la gran bahía de Concepción.

A lo largo de este bello trazado marino, la gastronomía, uno de los atractivos indiscutibles, se basa en mariscos y pescados. Un plato imperdible, muy elegido por los turistas extranjeros, es el mariscal: una deliciosa mezcla de múltiples mariscos crudos como piure, choros, machas, navajuelas y ulte, entre otros. Finamente, y para concluir un recorrido donde lo genuino y auténtico lo envuelve todo, bien vale la pena un bajativo como el enmurtillado, un aguardiente que conserva puro su corazón de murtilla, una típica fruta de la región.

Datos útiles

Cómo llegar
- Lo mejor para llegar a esta zona es aterrizar en el aeropuerto de Concepción, capital de la VIII Región (con escala en Santiago). Los precios rondan los u$s 400 (ida y vuelta).
- Alquilar un auto es la mejor alternativa para recorrer la zona.
- En la zona hay varios hoteles de distinta categoría. Es posible alojarse en el Puerto de Talcahuano o bien en Tomé.
- Más información en: www.sernatur.cl.

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Comentarios1
Susana Zúniga
Susana Zúniga 24/04/2017 02:53:01

Si andan tan bien en Chile, por que gran cantidad de ellos se pasan a la Argentina, clases bajas que aumentan nuestra pobreza y clase media que estudia gratis en nuestras universidades?