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La modernidad del Pacífico

Sydney, una de las más importantes ciudades de Australia, ostenta su seducción urbana en cada uno de sus detalles. Desde su osada arquitectura hasta los más destacados locales gastronómicos son una tentadora muestra de constante modernidad.

La modernidad del  Pacífico

Es fantástico no tener que relatar la historia de una ciudad cuando se quiere hablar de ella. Y afortunadamente eso es lo que sucede con las urbes australianas; lo que hay para contar es siempre acerca de un presente reciente, y no de epopeyas de otros siglos.
Acaso porque el crecimiento de Sydney y Melbourne como tales tiene alrededor de 60 años, cuando buscaron allí establecerse europeos luego de la guerra, y otros tantos provenientes de países asiáticos que llegaron atraídos por las posibilidades laborales que ofrecía el paraguas británico. Pero al mismo tiempo nadie recuerda nunca su pasado por su estado de animo tan invariable, por su constante presente tan próspero y activo, tan intenso que supera cualquier nostalgia de otros años.
En estas latitudes las imágenes repentinas que sugiere este enigmático país tienen que ver con canguros, koalas y boomerangs; o con algún evento deportivo, como el rugby, la náutica o el surf. Pero indudablemente Australia es una cantera inagotable de posibilidades para los más diversos tipos de turismo.
La primera impresión que produce Sydney, el centro urbano más importante del país es la de estar en una ciudad del futuro. Esta inquietante metrópoli representa la mejor vidriera de lo que es Australia; una nación emprendedora, de extraordinaria belleza y variedad cultural, con reconocida pasión por el deporte y con una preocupación profunda por la naturaleza. Los propios australianos, orgullosos, presentan a Sydney como ejemplo urbanístico del futuro, como la urbe del siglo XXI; y tal vez no estén equivocados.
Pero lo que terminó de modelar su estética y dinámica fueron los históricos Juegos Olímpicos de 2000, cuyo empuje económico fue estremecedor. Allí, esta creativa, ecológica y rabiosamente moderna urbe se terminó de transformar en un paradigma de ciudad donde la bonanza económica es compatible con la conservación de la naturaleza, y donde lo sofisticado y elegante logra tener buen gusto, relajado y sereno, como sus propios habitantes.

Princesa urbana

Para tomarle el pulso a esta gran urbe es recomendable la navegación por las aguas de su bahía: aporta magníficas vistas del puerto, el famoso Puente Colgante y algunas playas de esas bien transparentes como muestran las películas. Por supuesto, inmediatamente salta a la vista el símbolo indiscutido de la ciudad: la Casa de la Opera, que exhibe, soberbia, sus aletas de escamas blancas. Es quizá su edificio más conocido, por su arquitectura innovadora y porque recibe a las mejores orquestas y compañías de ópera y ballet del mundo.
Una vista panorámica y generosa de la bahía puede apreciarse desde las alturas de la Torre de Sydney, otro ícono ciudadano. Incluso, en la cima de este atalaya se encuentra un restaurante giratorio donde vale la pena hacer una pausa, pedir un bife de langostas o un cóctel de camarones, y contemplar la majestuosidad del panorama.
Un paseo por Macquire Street muestra edificios coloniales y significativos como la iglesia de San Jaime, el Parlamento, las Hyde Park Barraks o la Casa de la Moneda; también el Zoológico Taronga, que cuenta con el mayor número de animales autóctonos y exóticos de Australia. En los alrededores de la calle Dixon, llena de color y sabor, el Chinatown es el eje de esta comunidad, con sus tiendas, mercados, clubes nocturnos y restaurantes muy baratos. Para los amantes del sol, la ciudad no sólo dispone de playas portuarias muy atractivas, sino también de costas oceánicas ideales para el surf, como Avalon, Bondi Beach, Cooge y Palm Beach.

Algunos clásicos

La gastronomía y la vida nocturna son dos puntos altos de la oferta de Sydney. Algunos de los lugares clásicos e imperdibles en una visita:
- Establishment: un multiespacio situado en pleno centro de Sydney: un hotel boutique, un bar que por las noches parece desplegar un desfile de moda improvisado entre sus habitués, salones destinados a eventos sociales componen el concepto Establishment. Sus materiales de construcción y decoración: mármol y cristal, todo de colores claros. Es todo lo que un bar top querría ser: los mejores destilados del mundo, cervezas del país que se desee, altísima cafetería, tapas y finger food de la mejor calidad. Aportan a su ambiente, además, esos despreocupados personajes ultra-cool que atraviesan de lado a lado sus imponentes salones de techos altos.
- I'm Angus: la concurrida zona de Darling Harbour es una alternativa a descubrir. Aunque la oferta es amplia, no hay que dejar de disfrutar sus carnes grilladas combinadas con algún Syrah local en este ambiente de diseño tan despojado como ascético situado frente al agua.
- Nick's Sea Food: a sólo unos pasos de I'm Angus este moderno comedor seduce con una interesante variedad de vinos blancos y comida de mar, con la centolla como su principal vedette.
- Tetsuya's Restaurant: una cita obligada de los amantes de la alta gastronomía es el templo a cargo del afamado chef asiático Tetsuya Wakuda. Su menú degustación de ocho pasos cuesta u$s 230 y es inolvidable. Incluye desde atún hasta helado de queso azul.

Datos útiles

- Desde Buenos Aires hay vuelos (con escalas en Auckland) con precios desde los $ 25.000, más impuestos.
- Los hoteles de 4 estrellas cuestan entre u$s 140 y u$s 200 por noche.
- Una cena para dos personas ronda entre los u$s 70 y u$s 90. La comida rápida y menos sofisticada no alcanza los u$s 25.
- Establishment Hotel: www.merivale.com
- Tetsuya: tetsuyas.com

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