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"La generación nacida en los 70 heredó el horror de un pasado del que no salió indemne"

En Hijos de los 70, las periodistas Carolina Arenes y Astrid Pikielny narran historias de hijos de represores, de víctimas de la guerrilla y de la violencia de Estado. El dolor es el hilo conductor que une relatos y formas diferentes de procesarlo: los que cuestionan, se rebelan o defienden a sus padres, a 40 años del golpe que sumió al país en la oscuridad y el terror.

Una cuestión generacional fue el primer disparador para que Astrid Pikielny y Carolina Arenes se interesaran por indagar qué pasó en los años 70, cuando ellas eran chicas, y qué secuelas deja hoy ese pasado. El testimonio desgarrador y anónimo de la hija de un militar que actuó durante la dictadura, las animó a mostrar otra mirada, la de los hijos de represores y de víctimas de la guerrilla, que conviven en el libro Hijos de los 70, junto al relato de víctimas del terrorismo de Estado.

Ellas no hablan de "bandos" ni de "lados del mostrador", porque en definitiva "los hijos no heredan las reponsabilidades jurídicas ni morales de los padres, aún cuando intenten justificarlos", dice Pikielny. "Esa premisa es la que nos permitió hacer el libro, mostrando historias que nunca habían sido escuchadas ni reveladas". Veintitrés relatos pueblan el libro. Están los testimonios de Mario Javier Firmenich, hijo del líder Montonero; el de Ricardo Saint Jean, hijo del ex gobernador de facto de la provincia de Buenos Aires; el de Eva Donda, hermana de Vicky, a quien conoció tras 26 años de búsqueda; el de Analía Kalinec, hija de un jefe policial condenado por violaciones a los Derechos Humanos. "Si algo tienen en común estas historias es el dolor de los hijos, que sin ser protagonistas, heredaron la tragedia de sus padres", dice Arenes. "El libro habla de eso, pero también del derecho que tiene toda generación a la búsqueda de un lugar propio en la historia, diferenciándose de quienes la precedieron".

- ¿Cómo seleccionaron los casos para este libro, buscaron un equilibrio entre hijos de víctimas y de victimarios?

A.P: No usamos la palabra víctimas, porque en todo caso, todos lo son. La violencia de los 70 fue una tragedia que atravesó a toda una generación, aún a quienes no somos hijos de sus protagonistas directos.

C.A: Si te referís a la diversidad de voces y de historias, buscamos que en el libro estén las de hijos de sindicalistas, intelectuales, militares, militantes, víctimas de la dictadura, del ERP, hijos de represores, hijos que apoyan la verdad o el relato de sus padres, y otros que los cuestionan e incluso han cortado lazos con ellos.

- ¿Y qué encontraron? ¿En general los hijos defienden a sus padres?

C.A: Cada uno hizo lo que pudo con lo que le tocó. Hay casos como el de Luciana Ogando, hija de dos militantes montoneros, que a los siete años se enteró que la pareja de su madre no era su papá. Y recién a los 15, preguntando, supo la verdadera historia: que su padre había sido fusilado "por delator" por sus propios compañeros. Pero más allá de esta historia tremenda, Luciana pudo cuestionar y plantear su derecho a no repetir las verdades de la generación de sus padres.

A.P: También está el testimonio de Luis Quijano, hijo adolescente de un gendarme cuyo padre lo llevaba a los operativos de secuestro y lo usaba como "campana" y para destruir documentación comprometedora. Nosotras lo entrevistamos en 2014, y nunca había hablado de esto. Tiempo después, cuando murió su padre, se presentó ante la Justicia.

- ¿Cómo se siente ser hijo de un represor? ¿Es tan o más traumático que ser hijo de un desaparecido o de una víctima?

A.P: Creo que los testimonios de hijos de represores fueron los más duros y difíciles de conseguir. No han tenido voz hasta el momento, salvo para denunciar que los juicios por delitos de lesa humanidad no respetan, a su entender, las garantías. En general no quieren hablar, para no exponerse ni reabrir heridas. Uno de los testimonios más conmovedores, y el que -en cierta medida- disparó el libro, es el de la hija de un militar mendocino que se pregunta cómo su padre, al que describe como "un hombre honesto", continuó en el Ejército conociendo que a su alrededor había tortura y desaparecidos.

C.A: Así como en el caso del gendarme Quijano su hijo creció sabiendo que el padre era violento, y además se jactaba de los crímenes que cometía en la mesa familiar, hubo otros casos, como el de Analía Kalinec, hija de un ex subcomisario de la Federal que está preso en Devoto con perpetua, que tuvo lo que se dice una "infancia feliz" y recién se enteró de lo que había pasado cuando empezó a estudiar psicología en la UBA.

- ¿Cómo puede ser?

C.A: No olvidemos que el tema de los desaparecidos y los crímenes de lesa humanidad volvieron a una especie de cono de sombras desde fines de los 80 y los 90, con las leyes de Punto Final e Indulto. Era un tema que no se debatía públicamente y sólo mantenían los familiares directos de las víctimas y los militantes de derechos humanos...

- Hay quienes hoy sostienen que "hay que dar vuelta la página" y pensar en el futuro en lugar de revolver el pasado... En este contexto, qué valor tiene revisar lo que pasó hace 40 años?

A.P: Hay mucho para aprender revisando nuestra historia reciente. Todos tenemos el desafío de ver qué hacemos con las marcas que nos dejaron nuestros padres. A este "conflicto generacional clásico", se suma en este caso que lo que pasó en los 70 fue la peor tragedia del siglo XX en la Argentina.

C.A: Más que un libro sobre los 70, es un libro sobre las relaciones entre padres e hijos. Sobre los cuestionamientos y los mandatos. Algunos pudieron elaborarlo, aún con sus padres muertos o presos, otros no.

- Uno de los logros del libro tal vez sea que conviven voces que en la vida real están enfrentadas...

C.A: Muchos se han cruzado en la vida real. Se han encontrado cara a cara en los pasillos de los tribunales, en el colegio de sus hijos, o en el trabajo. Al escritor Félix Bruzzone, hijo de militantes del ERP desaparecidos, le tocó entrevistar a Aníbal Guevara, hijo de un militar condenado por crímenes de lesa humanidad y vocero de la agrupación Hijos y Nietos de presos políticos para una nota sobre la cárcel de Marcos Paz en la revista Anfibia. A Marcelo Dupont, cuyo padre fue desaparecido por un grupo de tareas de la Armada, le tocó atender a Emilio Massera hijo como cliente de la financiera donde trabajaba...

A.P: El libro aspira a humanizar una tragedia política, una historia que suele contarse en blanco y negro. El texto aporta matices y habilita voces que no habían sido escuchadas. No pretendemos que cierre nada, sino que abra nuevas preguntas.

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Comentarios2
Juan Carlos DElía
Juan Carlos DElía 26/03/2016 11:50:22

BASTA DE HABLAR DE LOS ´70, EMPECEMOS A HABLAR DEL 2050.

Bernardo Cabrera Y Zárate
Bernardo Cabrera Y Zárate 24/03/2016 11:37:02

Yo nací en los "70s" y toda esta discusión me importa un bledo. Realmente la "represión" no me importó en lo absoluto. El único error que cometieron fue no aniquilar totalmente a los "jóvenes idealistas".