Juan José Llach: “Termine como termine, éste es un capítulo más de las desmesuras argentinas

El economista y sociólogo Juan Llach analiza el día después del quiebre de las negociaciones con los holdouts. Afirma que el default que el Gobierno se empeña en negar coloca a la Argentina en una nueva situación de exceso, critica la impericia de la Casa Rosada y vaticina un fuerte impacto sobre la actividad económica. Y dice que el daño mayor caerá sobre la inflación, la inversión y el empleo.

Un capítulo más del ya cotidiano surrealismo argentino parece llegar a las salas vernáculas. El economista y sociólogo Juan José Llach atendió el llamado de 3 Días minutos después de que culminara la conferencia de prensa ofrecida por el ministro de Economía, Axel Kicillof, al cierre de la negociación con el mediador Daniel Pollack. Mientras se desarrollaba la entrevista, los titulares pasaron de hablar de un inminente default, potencial acuerdo con los bancos, caída de hipotética negociación con los privados y, nuevamente, default técnico. Todo, en el lapso de una hora. Al cierre de esta edición, el final seguía siendo incierto y cobraban fuerza nuevos rumores de negociaciones privadas. Otra muestra de la constante cambiante coyuntura. Justamente, y quizá nunca mejor en timing, hoy llega a las librerías el último texto de Llach, El país de las desmesuras (ver recuadro), que escribió junto al también economista Martín Lagos. Indudablemente, este es un capítulo más de la Argentina. Siempre estamos como en situación de excepción, llevando las cosas al límite. Esto lo veo como un capítulo triste pero muy coherente con lo que decimos en el libro. Cometemos errores parecidos a todos los demás pero siempre en dosis exageradas, comenta.

¿Por qué se juega al límite?
- No sé. No puedo creer que el ministro de Economía diga que se les ha ofrecido a los holdouts lo mismo que a los del canje. Esto se debería haber hecho hace dos años, entrar en esta negociación. O, por lo menos, cuando vino la decisión de la Corte de los EE.UU. de no tomar el caso. Prat Gay lo dijo claramente: lo primero que tenía que hacer la Argentina es ir y depositar los bonos, los mismos que les dio a todos, en el juzgado o en la oficina correspondiente, a la orden de los demandantes. No el último día. Que Argentina, durante mucho tiempo, haya adoptado esa actitud hizo que el juez creyera no le iba a pagar nunca nada. Eso lo lleva a Griesa a extremar las medidas

Pero se dejó abierta la posibilidad de un acuerdo privado.
- No hay que descartarlo. Esto va a ser como una novela por entregas. Se abrió una nueva etapa de un proceso, pero que va a dejar, de cualquier manera, daños. Por supuesto, los daños serán mayores cuanto más largo sea el proceso, pero el nivel de actividad económica va a sufrir y, probablemente, también cuanto más dure, más sufrirá la inflación, porque el Gobierno está llevando un déficit elevado, que lo financia virtualmente, en exclusiva, desde el Banco Central. Y va a haber gran presión sobre las reservas.

¿Pueden venir tiempos de mayor presión para evitar la sangría de reservas?
- Es un camino a la dimensión desconocida. Hay graves falencias en la globalización financiera. No es serio que no haya acordado un régimen de reestructuración de deuda soberana aceptado como el que existe para la convocatoria de acreedores privados hay bonos que se emiten con esas cláusulas pero tienen sus problemas también, si bien la Unión Europea los ha hecho obligatorios desde hace un tiempo. No es que el mal esté solo de un lado. Hay un error porque una reestructuración aceptada por el 92% no debería haber tenido este final. Ahora, si yo, en la jurisdicción a la que me sometí, veo desde hace mucho que esto se iba a originar, esperar hasta el último día es un error.

¿Desde el oficialismo se evita la palabra default como en su momento se evitaba hablar de inflación o de inseguridad?
- Es una semántica. Hay un impago que, en este momento, es involuntario. Ahí ya se puede entrar en una discusión semántica o jurídica en la cual no entro porque no es mi expertise. Pero hay un impago que va a ocasionar problemas sobre el crédito comercial. Por ejemplo, para alguien que quiere comprar una máquina en el exterior para invertir en la Argentina y que no se fabrica acá, además de tener que ver si le dan los dólares, va a ser mucho más difícil que alguien le financie esa compra. Esto te pega en la actividad económica.

Se puede encuadrar en el tema de las desmesuras argentinas de las que usted y Lagos hablan...
- Es un ejemplo típico. No recuerdo una situación de esta naturaleza. Todo esto debió preverse. No es la manera. No estoy hablando de la justicia o no del reclamo, estoy hablando de las consecuencias. Esto, termine como termine, es un capítulo adicional de la desmesura, pero va a tener efectos muy distintos si hay un arreglo, sea público o privado, que si no lo hay, desde el punto de vista de las consecuencias de la actividad económica y la inflación.

¿A qué otros momentos de la historia reciente lo remite hablar de desmesura?
- Pensemos en Malvinas. ¿A qué emergente se le ha ocurrido, contemporáneamente, hacer una guerra contra una gran potencia, con una alianza atlántica sólida con los Estados Unidos? Son cosas que salen de la norma y los gobernantes no piensan en las consecuencias. Más bien, el enfoque es el del atajo emocional. Lo mismo en cada golpe de Estado que se dio en la Argentina, que también tenemos el récord. Siempre se busca el atajo emocional. Con esto voy a conmover al pueblo y de esa manera arreglo una situación. No quiero comparar, desde el punto de vista ético porque, obviamente, la gravedad de los regímenes de fuerzas han sido mucho peor pero esto de usar las emociones de la gente cuando, en realidad, uno está usando a la gente, uso las emociones para desentenderme de analizar con frialdad y con seriedad cuáles van a ser las consecuencias.

¿Hacia dónde vamos?
- Las consecuencias, hoy, no las veo, por el momento, similares a los desastres grandes que tuvo la Argentina en el pasado, como Rodrigazo, hiperinflación, 2001-2002, pero va a aumentar, un poco la recesión, probablemente, la inflación, probablemente generar movimientos en el tipo de cambio, inquietud, incertidumbre.

¿La Argentina no puede salirse del esquema de crisis cada 10 años?
- Es una lástima porque venía con buen récord, incluso, habiendo atravesado la crisis de 2008-2009. Porque, del 75 en adelante, casi matemáticamente, cada cinco años se cayó feo. Y, ahora, esto no ha ocurrido. No creo que la caída vaya a tener la misma intensidad de 2001-2002. Pero, entrás en un camino desconocido y muy riesgoso. Es un evento significativo. Nos colocamos en una situación de exceso.

¿Cómo medir la magnitud del daño que generan estas caídas?
- La frecuencia y la intensidad de estos episodios en la Argentina es mayor que en los otros países que analizamos en el libro. El resultado es que el producto por habitante de la Argentina ha tenido caídas fuertes cada vez que se dan este tipo de episodios. Si la Argentina, en vez de tener caídas del 5%, 6%, hasta 10% del producto bruto, como ha tenido como consecuencia de estas desmesuras, hubiera tenido crisis parecidas a las de los otros países, en este momento, el producto por habitante de la Argentina sería parecido al promedio de España, Corea o Israel, alrededor de u$s 30.000 per cápita.

¿Cuánto incide la negación desde el Gobierno?
- Somos un país de gobernabilidad difícil. Dado eso, o viene un gobierno de fuerza, empezando por el primero, que fue el del 30 y empeoró las cosas, o cuando hubo democracia, en general, a través de votaciones casi plebiscitarias, es como que se le dice a una persona arreglate vos. Y los gobiernos tienen una naturaleza que se ha dado siempre en la Argentina, de ir concentrando más y más poder. Incluso, a buscar la reelección, a avanzar sobre los otros poderes, sobre la prensa. Y eso te lleva al error porque se construye un discurso sobre la realidad, que no voy a decir que es totalitario porque sería un error gravísimo, sino que es totalizante. No admite elementos de otro discurso y te va cerrando la posibilidad del diálogo. El que te señala un error pasa a ser un enemigo. Se construye un discurso que es como impenetrable. Entonces, s hace muy difícil cambiar cuando hay errores porque el error no está previsto en el discurso.

Pero, en el primer semestre, aunque no se dijo abiertamente, el Gobierno dio un giro y tomó algunas medidas más ortodoxas.
- Hay que reconocer que había tomado medidas de sentido de realidad, aun con grandes costos. El caso típico es el Club de París. Pero, dentro de todo, esta decisión no armoniza con este acercamiento que había tenido la Argentina, aun muy costoso e imperfecto, a un mayor sentido de la realidad. La inflación es una rareza a nivel global. Ahí tenés otro ejemplo de desmesura. El Ministro dijo que hasta ahora no hemos necesitado el crédito externo. No lo hemos necesitado porque estamos usando el crédito interno y el peor crédito, que es la emisión monetaria de manera muy dañina. Pero estas son cosas que solo pueden ocurrir con un discurso que se cierra a reconocer la realidad. Hay 191 países del mundo de los cuales solo seis tienen más de 15% de inflación. Y la Argentina está en el segundo lugar. Nos ubicamos en zonas raras. En zonas que nadie transita hoy en día.

¿Y qué perspectivas de inflación se pueden anticipar ahora?
- Depende mucho de la duración de esto. Cuando más dure peor va a ser. Por eso, es muy difícil decir un número. ¿Va a cambiar de jurisdicción o no? Si decide cambiar de jurisdicción de los bonos, es un operativo que va a llevar mucho tiempo y se complicaría todo. El impacto sobre el nivel de la actividad económica, negativo, y un impacto sobre el nivel de inflación, probablemente, positivo, porque la gente se va a asustar y va a comprar dólares.

¿Qué sectores van a sentir más el impacto?
- En primera instancia, sufren más la inversión y la exportación. La inversión porque la gente dice voy a esperar un poco, capitales que querían entrar por ahí no van a entrar. Después, la exportación porque requiere importación y va a haber problemas con el crédito. Además, se da en un contexto de fuerte desaceleración de las economías latinoamericanas, las commodities no son lo que eran. La construcción va a sufrir también. Después empieza a pegar en el empleo. El Gobierno tendría que haber privilegiado el empleo. Y cuando se entra en este tipo de lógicas político-emocionales, no se piensa en el nivel de empleo.

¿Cómo cambiaría las cosas un acuerdo con los privados?
- Mucho, porque si una entidad privada compra los bonos a los holdouts, sería condicionándolos a que retiren la demanda; cambiaría el status jurídico de la cuestión, le liberarían los pagos y la Argentina podría conseguir un poco de financiamiento. Por lo menos, que los vencimientos de capital de la deuda no haya que pagarlos totalmente de las reservas del Central porque eso es un juego complicado y hasta peligroso. De cualquier manera, alguna herida te va a quedar. Cada vez, a medida que transcurre el tiempo, más nos va a gobernar el próximo Gobierno.

¿Cree que este pudo haber sido el último batacazo del kirchnerismo?
- No, jamás me atrevería a decirlo. En los últimos años, ha habido dos o tres por año. Incluso, bruscos giros, como se hizo para arreglar parcialmente con el Ciadi, tardíamente con Repsol, costosamente con el Club de París. Y no sé, el próximo si pondrán la luz de giro para la derecha o para la izquierda. 3D

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