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Ganancias, en terapia intensiva

El Impuesto a las Ganancias ha sido siempre el preferido por la doctrina por ser el que mejor mide la capacidad económica de los contribuyentes. En los últimos años la inflación no reconocida ha pulverizado las virtudes teóricas del gravamen. En los trabajadores, el impuesto se vuelve "injusto" cuando los mínimos no imponibles quedan retrasados en relación a la desvalorización monetaria, cuestión que se agrava cuando las escalas de alícuotas progresivas quedan congeladas por más de una década y media. Ésto ha provocado la "popularización" del Impuesto extendiendo los tentáculos hacia trabajadores sin capacidad económica para adicionar sacrificio fiscal al resto de los tributos que padecen. En las empresas, la prohibición de practicar ajuste por inflación produce una enorme distorsión. Los perdedores son las que tienen activos monetarios importantes (generalmente PyMES) quienes contribuyen por ganancias nominales ficticias, en muchos casos convirtiendo el impuesto en confiscatorio. Las ganadoras son las compañías con pasivos expuestos que se licúan, los cuales producen una ganancia por efecto de la inflación y por la cual no tributan.
Además urge actualizar todos los montos fijos establecidos en la Ley que permanecen invariables desde hace más de 20 años.