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Jueves 4.1.2018
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Fuego y finanzas: las claves del ISIS

Una cuota central de su poder se apoyó en el control del territorio, una franja rica en petróleo, pese a que el recurso bajó drásticamente de precio durante el Califato. Para 2014, esta organización terrorista ya se había convertido en la más rica del mundo.

Fuego y finanzas: las claves del ISIS

Gran parte del éxito de ISIS en su batalla contra Occidente radicó en la capacidad de autofinanciarse. También en este aspecto se ha convertido en un caso atípico dentro de esta clase de organizaciones islamistas. Una cuota importante de su potencial se apoyó en el control del territorio, pero no cualquier porción de tierra, sino una franja rica en petróleo, pese a que el recurso descendió drásticamente de precio durante el Califato.

Entre 2011 y 2014, el precio del barril se mantuvo por encima de los 100 dólares. Venía de un máximo de 150 dólares en junio de 2008, punto culminante del llamado superciclo de precios altos. Luego se desplomó: en el transcurso de un año, de 2014 a 2015, bajó a 30 dólares para subir, en 2016, hasta 48 dólares el barril. El mercado jugó en contra del Califato en ese aspecto o ISIS hubiera al menos triplicado su poder financiero y, con ello, su capacidad de fuego.

No obstante ello, con una producción de entre 1,5 y 2 millones de barriles diarios -hay quienes dudan de que haya llegado a tanto o, al menos, de que haya mantenido esta capacidad mucho tiempo-, ISIS ingresaba en noveno lugar entre los diez más destacados de los Estados productores de la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP), por debajo de Arabia Saudita, Irak, los Emiratos Árabes, Irán, Kuwait, Venezuela, Nigeria y Angola. Su caudal superaba la producción conjunta de Catar, Ecuador y Libia, que ocupaban los siguientes tres puestos, respectivamente.

Otra parte de la explicación sobre su financiamiento radica en la pericia de quienes controlaron las cuentas del Califato. La habilidad para construir una red fuera de los canales tradicionales de estas organizaciones limitó el cerco de los enemigos al tiempo que le permitió ejecutar un plan administrativo con lógica estatal sobre sus dominios. George Kiourktsoglou y Alec Coutroubis, de la Universidad de Greenwich, lo definen como el próximo paso en la evolución del fundamentalismo militante islámico.

No obstante, la emancipación financiera es anterior a la fundación del Califato. Se remonta al embrión de la Organización cuando era la filial iraquí de Al Qaeda y en su metamorfosis siguiente, bajo el rótulo de Estado Islámico en Irak (ISI), previamente al desborde a suelo sirio. Ya entonces, entre 2006 y 2013, el dinero extranjero -recurso habitual en estos casos- no suponía más del 5% de sus ingresos totales. En este aspecto, se mostraba como un tesorero innovador, muy distinto a su organización madre, Al Qaeda Central, que seguía dependiendo de las donaciones extranjeras.

El petróleo ocupó un lugar importante en esta máquina recaudadora, pero no era la única fuente de ingresos. Desde que ISIS se pensó a sí mismo como un Estado, enfrentó las mismas disyuntivas que cualquier otro Estado moderno: necesitaba de ingresos para mantener en funcionamiento su intrincada maquinaria bélico-administrativa. Por ende, no podía limitarse a un solo canal si no quería correr el riesgo de cualquier Estado monoexportador cuando su oro se volviera plomo.

Documentos recabados del Califato muestran que la guerra se llevó hasta dos tercios de los ingresos de ISIS. Pero era solo una parte: "La burocracia de ISIS es tan ostensiblemente amplia como impresionante, pero está claro que, a medida que pasa el tiempo, el proyecto de Estado enfrenta obstáculos por la presión de sus enemigos", apunta Aymenn al-Tamimi, especialista del Middle East Forum (Foro de Medio Oriente).

El andamiaje que hizo funcionar el día a día del Califato se montó sobre las estructuras abandonadas de los antiguos Estados sirio e iraquí, a los que sumó la impronta propia. Para mantener la burocracia bajo su dominio, ISIS adoptó a muchos de los empleados estatales que ya ocupaban esas oficinas y cobraban sueldos del Gobierno iraquí. Lo hizo así hasta que, para ahogar las finanzas del proto-Estado, Bagdad cortó las transferencias al Califato.

El financiamiento no solo fue central, sino crítico para mantener al Califato en pie. Solo en sueldos para su tropa, sobre la base de un salario de entre 350 y 500 dólares por combatiente y una fuerza de entre 20.000 y 30.000 hombres en 2014, ISIS registró gastos de hasta 10 millones de dólares mensuales. Dentro del aparato militar, los sueldos se jerarquizaban por rango, habilidades y nacionalidad, y oscilaron entre 55 dólares para un principiante y 1500 dólares mensuales para los más experimentados. Estos datos se desprenden del informe de la Financial Action Task Force (Grupo de Acción Financiera, FATF, por su sigla en inglés).

Los caminos que conducían al Califato partían de múltiples incentivos. Para los menos comprometidos con la misión divina, la paga pudo ser un crucial movilizador. En particular, si se considera que los salarios de ISIS llegaron a ser mayores que los abonados por otras organizaciones de la zona, del Gobierno iraquí y hasta cinco veces la paga regular en esa parte del territorio sirio.

A los gastos corrientes se sumaban los subsidios por matrimonio -50 dólares mensuales y 25 dólares extra por hijo-, las pensiones para las viudas de los mártires y para las esposas de los soldados capturados en combate, equivalentes al salario percibido por el combatiente. Por último, los gastos comunes de cualquier Estado en materia de infraestructura y operatoria de los servicios a su cargo, de la reparación y tendido de cables a la compra de motores diésel para proveerse de electricidad cuando se cortaba el suministro, las panaderías del Califato, el servicio de transportes, y la lista sigue.

La logística de recaudación giró sobre una matriz doble y opuesta: una ilegal, en vista del amplio abanico de rubros del mercado negro con el que operan estas organizaciones, y otra revestida de cierta legalidad en sus términos, que partía de su condición de dominación y gobierno sobre una porción de territorio, y del contrato de derechos y deberes que suscribía con quienes habitaban su Estado. Esto no modifica la percepción del sistema internacional sobre el Califato: lo que ISIS denomina contribuciones o impuestos era extorsión a ojos del mundo que lo combatía.

Esa red que lo hizo fuerte en cierto sentido también lo pudo volver vulnerable, como le ocurre a cualquier Estado que incurre en déficits. Las fallas en sus funciones sociales desnudaban las falencias que minaron a la larga su legitimidad. Por supuesto, ISIS siempre pudo reposar en el uso de la fuerza, pero no sin afectar la empatía con los sectores de la población que lo apoyaban dentro de Siria y de Irak. Lo que sucedió en Mosul tras la ofensiva rusa y árabe-occidental -las primeras críticas veladas- partieron de esta pérdida de credibilidad.

Son dos caras de la misma moneda: la diversificación "productiva" le permitió complementar los castigos de Occidente sobre uno de sus flancos, el petrolero, con la intensificación de su máquina recaudadora. Aun así, la necesidad voraz de fondos para cumplir con los requerimientos de gobernabilidad representó un punto de vulnerabilidad, porque ISIS precisaba de la expansión continua y del control de nuevos territorios para mantener la función administrativa y tal nivel de gastos allí donde operaba. Trabajó, en este sentido, sobre una razón expansiva no tan distinta a la de cualquier imperio colonialista de la historia. Después de todo, eso fue el Califato en el pasado y así lo pensó ISIS en su apogeo. Para septiembre de 2014, con un ingreso diario de 2 millones de dólares, ISIS se había convertido en la organización terrorista más rica del mundo.

Periodista

Mariano Beldyk es licenciado en Ciencia Política de la UBA y egresado de TEA en 2003. Actualmente es columnista de Internacionales del programa No Somos Nadie (Metro 95.1) y colabora con las revistas Apertura y Caras y Caretas y el diario El Cronista. Pasó por las redacciones de The Buenos Aires Herald y el diario PERFIL y se desempeñó como jefe de Internacionales en la Revista Noticias.

En 2013, se publicó su primer libro, Escandalgate (Planeta), una recopilación de las historias más escandalosas de la política internacional.

Es además profesor en la Escuela de Periodismo TEA.