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Jueves 4.1.2018
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Fernández Díaz: “Triaca debe renunciar, el Gobierno necesita autoridad moral para gobernar”

El periodista Jorge Fernández Díaz publicó La herida, segunda parte de una saga que le sirve como excusa para contar lo que el periodismo no le permite: "Algo que no es colateral a la política, como creíamos, que es la mafia". En un mano a mano con 3Días, el autor habla sobre su obra, da su visión sobre Cambiemos, el peronismo y el Papa.

Una vez más, el periodista Jorge Fernández Díaz elige al agente de inteligencia Remil como protagonista de su novela, en este caso, La Herida,  la segunda de una saga que, según promete su autor, continuará. Se trata de un thriller político dentro de una novela policial en la que abunda el “sabor a realidad”, aunque, el columnista de La Nación se encarga de aclarar: “No es literal, los que busquen claves directas no van a encontrarlas”. Sino que, tanto El puñal como La herida, responden a un asunto que siempre persiguió a su autor: ¿Por qué los periodistas no pueden contar la verdad de lo que conocen? Porque solo pueden decir aquello que pueden probar, se responde. Es por eso que apeló a la literatura para reflejar la trastienda del negocio de la política: “Trato de contar con Remil algo que no es colateral a la política, como creíamos, que es la mafia”.

En un mano a mano con 3Días, el periodista habló sobre sus novelas, definió a Cambiemos como “el gran partido de transición”, dio su opinión sobre por qué Bergoglio no pisa suelo argentino desde que fue nombrado Papa y sobre lo que debería hacer el Gobierno tras el escándalo en el que se vio envuelto Jorge Triaca, ministro de Trabajo.

¿Por qué elegiste como protagonista a un "héroe infame", como vos mismo definís a Remil?

-¿Por qué Remil? Bueno, en principio, tuvo siempre un problema muy grande la literatura policial argentina. Y es que no fue creíble para el gran público, ni siquiera para los propios escritores, un policía bueno o un detective privado, que se dedican a pocas cosas, más que seguimientos, infidelidades, etcétera. Ya decía Borges, en 1933, que el argentino veía a la policía como una mafia. Lo decía criticando al argentino, por su poco apego a la ley. Pero luego, con el tiempo, se volvió eso. Mucha policía se convirtió en la verdadera mafia y, además, participó en dictaduras militares, corrupción, etcétera. Quedó muy lastimada la imagen del policía, por lo tanto, el policial fue muy difícil de que transitara por esos lugares. Yo busqué un ser políticamente incorrecto, un agente de inteligencia que también hiciera investigaciones, que en ese sentido es polivalente, es un héroe infame, como yo le digo, no es un héroe de corazón puro, es un canalla, un canalla empático irresistible que todos llevamos dentro, que lleva a cabo una épica que no es de buenas y malos, como en los viejos tiempos. Sino, bien del siglo XXI: de malos contra peores. Y me parece que ese personaje sí que es verosímil en la Argentina. Lo han creído de verdad los lectores, como me lo he creído yo mismo. Un agente de inteligencia capaz de transitar y operar activamente en el lado oscuro de la política y, a la vez, por el cual uno empieza a sentir, en algún momento dado, en las dos novelas, tanto en El puñal como en La herida, una cierta simpatía por ese hijo de puta.

¿Hay muchos "Remiles" en la Argentina?

-Hay muchos Remiles, quizás ninguno exactamente como Remil, recordemos que es un agente de inteligencia que fue un excomando y excolimba que fue a Las Malvinas, heroico, y que su sargento le decía que se replegara, él no quería replegarse nunca, y le decían "Hijo de remil putas", y le quedó "Remil". ¿Por qué? Porque muchos agentes de inteligencia no usan sus verdaderos nombres. Hay muchos Remiles. De hecho, yo traté de no dejarme contagiar por gente de la AFI o de la SIDE. Ese mundo que yo presiento, no quise que me contaran historias, para yo no tener la tentación luego, no ser operado y tener la tentación de caer en eso. Y, además, porque a mí no me interesa un relato hiperrealista a la manera de John le Carré, donde las novelas son muy complicadas -están muy bien hechas, pero son muy complicadas. No, yo quería novelas de acción, de suspenso, y entonces, sí, conocí Remiles. Me pasó una cosa muy curiosa, que es que cuando escribí El Puñal me llamó un Remil, a quien yo conocía, para decirme que había una serie de Remiles que querían verme. Yo dije: "Bueno, no sé si tengo tiempo". Y me dice: "No, mirá, en realidad son fans tuyos y quieren que les firmes su libro, y con eso ya está". Entonces los cité en Radio Mitre, donde yo trabajo, a las 7 de la noche, y cuando colgué dije: "Quiénes son estos tipos. A ver si son tipos interesantes y yo me los estoy perdiendo". Entonces volví a llamar y, claro, eran policías de elite, había tipos entrenados en inteligencia criminal, en Estados Unidos, en Europa. Bueno, los invité a comer y les dije: "Bueno, yo soy un amateur en este mundo, ¿en qué me equivoqué?".  Solo me señalaron en El puñal que me había equivocado en una sola cosa. Y es que la Glock no tiene martillo, y lo hago amartillar con una pistola que no tiene martillo. Cosa que tomé la precaución, en la segunda novela, de que no ocurriera ninguno de esos problemas, por eso, es que hay un asesor en inteligencia, un asesor en armas, un asesor en cuestiones históricas, artísticas y de turismo, es decir, me he curado de los errores. Aunque uno no se cura nunca. Y uno de los Remiles esos me dijo: "Cómo supiste lo de los tres chicos del sur". Yo le pregunté: "¿Quiénes son los tres chicos del sur?". Claro, yo había imaginado, hecho una ficción donde tres chicos que son piratas del asfalto se equivocan y roban un camión lleno de cocaína. Van los narcos y los matan. Yo le dije: "Mirá, eso lo inventé". Y el Remil este me dijo: "No. No es cierto. A esos tres chicos los mataron, estuvieron seis meses en una morgue, y nadie los fue a buscar, nosotros estábamos esperando a los que los fueran a buscar, para detenerlos, y solamente sabíamos de esa historia tres personas en la Argentina. Una de las tres te la tuvo que contar". Y entonces a mí se me cerró el estómago porque, claro, en la Argentina te pueden matar por algo que imaginaste, ¿no? Esto ocurre cuando conocés mucho el terreno e imaginás sobre el terreno. En el mundo de la historia, los historiadores llaman a esto "imaginación histórica", conocen tanto a Napoleón, que saben que estuvo esa noche con Fulano de Tal y más o menos saben cómo piensa Fulano y Napoleón, y más o menos recrean la escena con cierta autoridad. Y bueno, a mí me pasa esto con este mundo.

¿Cuánto de literal hay en La herida?

-Las novelas El puñal y La herida, responden a un asunto que siempre me persiguió: ¿Por qué los periodistas no podemos contar la verdad de lo que conocemos? Solo podemos contar lo que podemos probar, por lo tanto, el 20% de lo que sabemos. El resto, como no lo podemos probar, no podemos cruzar esa frontera, porque sería antiético o inmoral hacerlo con las herramientas del periodismo. Sin embargo, la ficción permite -si uno sabe cómo escribir, cómo hacerla- contar lo incontable. Estas dos novelas tienen todo de la realidad. No son novelas en clave. No es que Cálgaris [mentor del protagonista] es Stiuso, ni que Remil es el “Lauchón” Viale, ni tal senadora es Cristina Fernández. No es literal, los que busquen claves directas, no las van a encontrar. Ahora, todo lo que ocurre en estas novelas, yo lo vi, me lo contaron o tengo expedientes de cosas equivalentes. Por eso, cuando uno va leyendo estas novelas que tienen suspenso, acción, espionaje, vueltas de tuerca, y a pesar de que todo eso parece Hollywood, a la vez, uno va sintiendo que eso es la realidad. Y es cierto: esa es la realidad, representada, no es la realidad directa, pero tiene un sabor de realidad porque es lo buscado.

Decís que todos los personajes son producto de tu imaginación, aun así, está Bergoglio, ¿por qué?

-En verdad, no es que está literalmente Bergoglio, sino que está un presunto amigo, un cura del Vaticano, argentino, que contrata, le pide a Cálgaris y a Remil, estos do agentes de inteligencia, que le hagan un favor al Papa. El favor es buscar a una monja, esto es todo ficticio, por supuesto. Es una monja que pertenece al grupo de los curas villeros, que son verdaderos héroes sociales de nuestro tiempo. Yo le dedico la novela al padre Pepe, porque me parece que me abrió los ojos a ese mundo. De manera que todo es ficcional, por supuesto pero, ahí está un poco el cómo funciona la Iglesia por dentro, cómo funciona la Iglesia en choque con el dinero cuando corrompe, con el narcotráfico, con los clanes, cómo funcionan por dentro los clanes narcos en la Argentina. Y todo eso tiene que ver con la realidad.

¿Qué opinas de que no haya venido a la Argentina?

-Creo que el Papa tiene un mito a su alrededor muy extendido en la Argentina. Y es que el Papa tiene una infalibilidad política. Es decir, que es un político tremendamente astuto. Creo, humildemente, que se ha equivocado políticamente bastante en los últimos dos o tres años. Que no le han salido bien algunas cosas. En el mundo, y muy especialmente en el juego de las internas en la Argentina. Y ahora teme -me parece a mí- un viaje que puede ser una especie de cisma o que haya cierta frialdad en una parte de la sociedad, que está decepcionada porque una y otra vez se reúne con corruptos notorios en el Vaticano. Y, además, porque ha convertido a la Iglesia en un poder político fuerte en la Argentina. Esto es un gran retroceso en las sociedades laicas, modernas y democráticas, y nosotros lo tenemos naturalizado. Así que me parece que teme un poco que venga y que le pase algo parecido a lo de Chile. Creo, humildemente, que el Papa y la Iglesia deben revisar, no el dogma de fe ni la religión, yo no me metería para nada con eso, pero sí, algunos hechos políticos, que evidentemente fueron desgraciados.

Por ejemplo...

Yo tengo la impresión, siempre, parece jocoso pero creo que es cierto: creo que Bergoglio jamás soñó con ser papa. Sí soñaba con ser peronista o ser Perón, más bien dicho. Ser Perón. Es decir, yo me imagino alguien que está, que es un líder, primero que es un jefe de Estado y, después, un líder universal, que tiene frente a sí problemas de todo tipo: negociaciones entre países, guerras civiles, hambrunas por el mundo y, sin embargo, está jugando en internas de su patria. Yo entiendo que tiene que tener el patio de atrás ordenado. Si la Argentina estuviera al borde de la destitución o de una crisis gigantesca o cosas por el estilo, yo entiendo que él se dedique muy particularmente al patio de atrás, que es su propia patria. Sin embargo, no está ocurriendo eso, entonces, tengo que colegir que lo hace un poco por gusto, que es irresistible. Yo creo que, en lugar de jugar al Nintendo o al Truco, por la tarde, a él le gusta jugar a Perón en el Vaticano. No es inocuo lo que hace, yo soy analista político, fui criado por los salesianos, soy un agnóstico flexible y tengo todavía un amor por determinadas cosas del catolicismo muy grandes. Yo no le puedo hacer ninguna crítica de orden ni pastoral ni religioso, pero, una y otra vez, la Iglesia se mete en cuestiones de la política. Cuando uno critica a la Iglesia o a sus cuadros, rápidamente retroceden en alguna posición pastora, y dicen: "No, no, nosotros no somos políticos". Bueno, pero actúan en política, de manera muy notoria.

Si bien La herida es ficción, cuando uno la lee siente: "esto pasó". ¿Cómo definirías esta radiografía que hacés de la Argentina?

-Creo que esto es una crónica de la trastienda del negocio de la política: trato de contar con Remil algo que no es colateral a la política como creíamos, que es la mafia. Sino que es central. En los últimos 30 años, la política argentina estuvo cruzada por distintas mafias. Quizás no una única mafia. Algunos especialistas dicen, con humor, que no hay una sola mafia porque los argentinos somos muy desorganizados, pero sí hay un entrecruzamiento, un entramado de mafias: una mafia sindical, una judicial, una política, una policial, etcétera. Es decir, hay una serie de mafias que cruzan, que todas dan, de alguna manera, al Estado, por omisión, por acción, por interrelación. Ese entramado es muy grave, no solo atañe a cuestiones morales, sino económicas. También evitan que la Argentina crezca y sea seria frente al mundo. Tengo una medalla muy grande, y es antes que fuera elegida gobernadora, María Eugenia Vidal me dijo: "Yo ya conocía dónde estaban más o menos los bolsones de mafia, pero El puñal me mostró -creo que La herida sigue mostrando- cómo es ese entramado". Me siento obligado, no solo por gusto, sino porque he vivido con los ojos durante todos estos años, como diría Hemingway, y tengo mucho para contar con Remil, con las armas de la ficción.

¿Cómo se lucha contra esas mafias que, muchas veces, son las mismas que financian a los partidos políticos?

-Esas mafias, efectivamente, financian a los partidos políticos en algunos casos, es muy difícil porque la tentación de los partidos, de hacer dinero rápido, no solo para beneficiar a sus dirigentes, sino para hacer campañas, que son costosísimas, es muy grande. Creo que se debe, la Argentina, una discusión a fondo sobre el financiamiento de los partidos políticos, y una reforma política, que no le conviene a muchos. Por eso, siempre que hay una intensión se termina frenando y vamos para atrás y para adelante con este tema.

¿Se le da la dimensión correcta, tanto desde los medios como desde la política, a estas mafias?

-Creo que no hay una conciencia, si ustedes me preguntas si hay una conciencia sobre las mafias, creo que no. Cuando yo todavía hablo de mafias, al común de la gente les parece que son banditas, curritos, pymes. No, son mafias muy poderosas, muy fuertes, muy peligrosas y creo que no hay conciencia plena de que estamos cruzados por las mafias en la Argentina. Hasta que no haya conciencia plena, no va a haber un principio de intento de solución por más que haya un gobierno o dos que quieran enfrentarlas.

Que no se trate la reforma laboral, ¿tiene que ver con las mafias sindicales?

-Que el Gobierno haya levantado el proyecto de reforma laboral, creo que algo tiene que ver con las mafias. No había quórum, porque ejercen un poder, el sindicalismo argentino, que es un sindicalismo desprestigiado, en muchos casos corrupto, mafioso, etcétera, pero ejercen un poder muy grande sobre sectores del peronismo, la famosa "columna vertebral" del movimiento. Y estos muchachos se sienten amenazados, porque empieza a haber causas judiciales contra ellos, porque cuando un juez le pide al Gobierno un informe sobre un curro de un sindicato, el Gobierno se lo entrega, antes no se lo entregaba, para tener paz social, otros gobiernos no entregaban. O protegían o formaban parte de esos curros. Ahora los entregan. O cuando encuentran un negocio y la carpeta esa va a parar a un juez o a un fiscal y se hace una denuncia. Esto para ellos es gravísimo, por eso es que hay directamente casi una amenaza de guerra: "Si vos no parás a los jueces, yo te voy a incendiar el país", un poco debajo de lo dice Barrionuevo hay que leer esto. El subtitulado es este. Así que, no me cabe la menor duda que el temor de los sindicalistas por ir presos o porque tenga que transparentar sus negocios, está influyendo sobre la reforma laboral. Acá, nadie quiere reformar nada. Los que se dicen progresistas o se dicen sensibles con el pueblo, en realidad no quieren tocar nada. Y no quieren tocar nada porque todos están mezclados con privilegios y con formas anquilosadas de poder. Entonces, aquí hay que dar vuelta la vieja idea de qué es progresista y qué es reaccionario, ¿no? Aquí, los que quieren conservar son los que tuvieron la manija toda la vida. Y los que tuvieron la manija toda la vida no son oligarcas, son nuevos oligarcas, en todo caso, del sindicalismo y del Estado.

¿Hay una "campaña antisindical", como dijeron Moyano y Barrionuevo hace unos días?

-No. No creo que haya una campaña antisindical, pero hay que ver las encuestas y descubrir que esas figuras del sindicalismo son las más desprestigiadas de la Argentina. La Argentina de todas las ideologías los repudia. Eso hay que recordarlo.

Creés que las detenciones de figuras como De Vido, Boudou hasta hace unos días, responden a un pedido de Macri?

-No creo que Macri opere o gobierne Comodoro Py. Es más, hay sectores del peronismo que le piden que gobierne Comodoro Py. Tiene una situación ambigua: los jueces tienen una dinámica propia, quieren estar bien no con el Gobierno, sino con el nuevo clima de época. Entonces, avanzan con causas que tenían dormidas en muchos casos. Y eso está produciendo todo este despelote. A veces, mal, porque usan la prisión preventiva de manera arbitraria, y entonces hacen zafarranchos y es difícil.

¿Creés que Cristina Fernández le suma o le resta al peronismo?

-Creo que hoy le resta, no lo deja crecer, no lo deja buscarse a sí mismo de vuelta, ver quién es y cuál es la próxima encarnación. Creo que hay una demanda grande en la sociedad de un país normal, "tengamos un país normal". Nada especial, un país normal. En un país normal, no puede haber un partido que cree que es la patria y el resto la partidocracia, que es desastrosa. Y esa demanda no solo está en el votante de Cambiemos, estuvo en el del Frente Renovador, en el de alguna parte del peronismo no kirchnerista, es volver al sentido común, ninguna revolución, un país normal: con dos o tres partidos, con alternancia de poder, con vigilancia, con instituciones que funcionen, con una economía que responda, a que seamos un país con una buena reputación, cosa que no lo somos ¿Quién va a venir a invertir acá? Los que vienen son heroicos o aventureros, nada más. Creo que el peronismo puede hacerse cargo también de esa demanda de normalidad y construir algo serio. Y adaptarse a estos tiempos con una segunda renovación peronista posible. No veo quién lo puede hacer y tampoco veo que tengan voluntad de hacerlo.

Siempre rescatás a Miguel Ángel Pichetto, ¿por qué?

-Rescato a Pichetto porque me parece que es alguien que tiene una visión institucionalista, que realmente ha ayudado mucho al Gobierno, es verdad que también ha ayudado mucho a los anteriores gobiernos, siempre desde la oposición, bueno: "el que gana las urnas hay que ayudarlo, aunque no sea de nuestro partido". Y eso es mucho, es mucho en una Argentina en donde muchas veces el peronismo conspiró para que cayeran los gobiernos, hizo todo tipo de tropelías. Entonces, me parece que Pichetto tiene una idea que a mí me seduce, que es la idea de que el peronismo es de centro. "Centro nacional", le dice él, contra otra idea de [Pablo] Gerchunoff, un gran pensador argentino, economista, que dice: "Cambiemos no es el neoliberalismo, sino es un centro popular". Los dos usan la palabra "centro", si hay un centro es posible crear desde ese centro, no desde los extremos, no desde los locos que quieren una ortodoxia neoliberal bestial y echar a un millón y medio de personas del Estado de manera rápida, ni tampoco los que quieren exactamente lo contrario. Sino, un centro, donde con las diferencias del caso, se puedan anudar cosas, políticas de Estado, alternancias, a mí me parece que ahí hay una esperanza, en ese centro. Yo soy un centrista en ese sentido: una visión desarrollista de la política, pero un centrista en este sentido, aunque me considero un liberal de izquierda, como se considera Sebreli, me parece, socialdemócrata sin partido. Pero a mí me gusta que el peronismo se defina como de centro, porque es aceptar el juego del sistema, no ponerse fuera de sistema y decir que todos los demás son cipayos, trabajan para el extranjero, para las multinacionales, y todas esas sandeces tan nefastas que han dicho durante tantas décadas.

En pocas palabras, ¿cómo definirías a Cambiemos? ¿Gobierna para los ricos?

-Cambiemos es un animal nuevo de la política, que tiene adentro muy diversas cosas: tiene a peronistas, radicales, liberales -de derecha y de izquierda-, desarrollistas. Me parece que la conducción del Presidente es lo que define y él no quiere ser un neoliberal, tampoco un neopopulista, quiere ir más o menos por el medio. ¿Va a conseguirlo? No lo sabemos. Además, esto es lo que fue Cambiemos en los dos primeros años. ¿Seguirá siendo así? ¿Cambiará Cambiemos? ¿Se transformará en otro tipo de animal político? Creo que la idea de que gobierna para los ricos es una estupidez, que desde el inicio logró instalar como relato el kirchnerismo, y que le conviene luego a los sindicalistas y a todos los que están enfrente, porque es de fácil digestión. Cambiemos tomó un país hipotecado, con un déficit fiscal monumental, el tercer país de mayor inflación del planeta y resolver eso, tomar la decisión de no resolverlo rápidamente, es decir, con un shock -cada uno de los que lo hizo voló en pedazos-, sino gradualmente. Gradualmente cuesta mucho, y habrá que ver. Hoy, a Cambiemos lo veo más como el gran partido de transición, ni siquiera como un partido en sí mismo. Sino como el que genera un puente hacia otro lado, ese otro lado esperemos que sea un país normal.

¿Coincidís con Sanz que en 2019 lo van a votar si transforman la expectativa en resultados?

-Sí, coincido con Sanz en esa frase. Creo que se puede gobernar con expectativas, y está bien gobernar con expectativas, dos años, tres años, pero luego, viste cuando viene la hora de la verdad, no me vendas futuro, vendeme algo de presente. Y es difícil vender algo de presente cuando estás haciéndole vivir a la Argentina un delirio. La Argentina vive en una nube de gases. Nosotros necesitamos u$s 30.000 millones anuales para bancar todo esto que está a nuestro alrededor: todo. El consumo, la vida, todo. u$s 30.000 millones por año. Eso significa que deberíamos bajar el déficit fiscal en esa proporción. Ahora, si vos tocás un poquito, se arman despelotes de todo tipo: si tocás el transporte, se te incendia la calle, si tocás el gas, es gravísimo, todo se va haciendo más o menos despacio, todo produce mal humor, nadie en el Estado quiere dejar nada, entonces hay todo el tiempo manifestaciones, huelgas, quilombos de todo tipo. Pero la realidad es que necesitamos u$s 30.000 mil millones para no hacer los deberes. Se dan cuenta que estamos viviendo una irrealidad completa en la Argentina. Esto hace mucho tiempo, pero hoy seguimos también haciendo eso.

¿Qué opinás sobre el apoyo que le dio Marcos Peña al ministro Triaca?

- Yo estoy en desacuerdo, creo que Triaca debería renunciar, ¿por qué? Porque este Gobierno, para hacer lo que tiene que hacer, tiene que tener autoridad moral. Por supuesto que Triaca no es De Vido, ni es ninguno de estos sátrapas que fueron presos o que van a ir presos o que estuvieron metidos en todo ese tipo de desaguisados. No lo es, pero cometió un error simbólico enorme, y este Gobierno no puede gobernar con el guardapolvo blanco cuando tiene pintitas negras de suciedad. Creo que Triaca debería renunciar, no me parece enormemente grave desde un punto de vista estricto, porque acá ha habido todo tipo de latrocinios, pero sí me parece grave desde lo simbólico. Simbólicamente, no puede seguir.

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Comentarios6
Raul López
Raul López 28/01/2018 12:05:45

EXCELENTE. completamente de acuerdo

Norberto Battilana
Norberto Battilana 28/01/2018 08:07:48

Claro, tiene un problema personal y Uds. lo crucifican. Me imagino cual seria en lo personal la "moral" de todos los argentinos haciendo aportes del servicio domestico, 1 de cada 100.

Chacho Peñaloza
Chacho Peñaloza 26/01/2018 09:56:25

los remilhay miles. La "amenaza" de que solo tres personasconocian eso es falsa. Si algo hay en inteligencia es que todossaben todo; hasta las paredes, Y la imaginacion siempre supera a la realidad

Por el resto de lo que dijo, me hizo acordar charlas en un café, a los viejos peluqueros, un dentista o a los tacheros. Esos si que saben como gobernar, lástima que no gobiernan. Vaya a saber uno que pasaría. ¨rubenardosain.wordpress.com¨

Se ve que F. Díaz leyó a Dashiell Hammett y recreó a Sam Spade en Remil, claro que más siglo XXI y argentinizándolo. Triaca debiera renunciar, pero es peronista e hijo del padre, lo que no ayuda. Está contaminado. ¨rubenardosain.wordpress.com¨

Jorge Balbi
Jorge Balbi 26/01/2018 07:45:40

totalmentte de acuerdo