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Feminomics: Cómo superar la brechaen el mundo del dinero

Según la autora, el mercado de los negocios y el trabajo sigue siendo masculino pero necesita cada vez más de las mujeres para no venirse abajo.

Feminomics: Cómo superar la brechaen el mundo del dinero

Fragmento de Feminomics. De la economía personal al emprendimiento propio de Virginia Porcella

El debate sobre la brecha de género en el mundo del dinero y del trabajo es casi universal (‘casi‘ porque hay lugares como Medio Oriente donde ni siquiera existe una discusión al respecto). Ni siquiera en los países más desarrollados el tema está agotado ni, mucho menos, superado. Por el contrario, parece haber entrado en plena efervescencia. Es lo que se muestra, por ejemplo, en un capítulo de la célebre serie House of Cards, una ficción que no solo relata los entretelones de la política norteamericana y la inescrupulosa carrera de su protagonista (el actor Kevin Spacey) para acceder a la Casa Blanca, sino que también refleja los principales temas de la agenda actual de ese país: los problemas económicos domésticos, las intervenciones militares o la relación con Rusia.

En ese marco, la discusión por la brecha de género se cuela en un debate televisivo que debe dar el protagonista en plena campaña por la presidencia en medio de dificultades económicas. "Por cada dólar que gana un hombre, las mujeres ganan 0,77. Revertir eso y poner más plata en el bolsillo de esas mujeres que llevan adelante hogares y cuidan a sus hijos sacará adelante la economía de nuestro país", dice la diputada Jackie Sharp -la oponente en la serie del candidato central- cuya plataforma se basa, precisamente, en propiciar políticas que apunten a equilibrar la brecha de ingresos entre hombres y mujeres ya no desde una perspectiva social o de equidad sino desde un enfoque puramente macroeconómico, tomando el ingreso femenino como una variable esencial del sistema, con el objetivo de propiciar la recuperación económica. Es ficción y, lamentablemente, a Sharp no se la puede votar más que para los premios Emmy. Igual que a Shonda Rhimes, la prolífera creadora de otras series como Scandal, que abre su cuarta temporada con un capítulo en el que el Presidente recientemente reelecto se juega su apoyo con un proyecto de ley de género de ‘igualdad de ingresos’(...).

En la Argentina, la diferencia salarial entre hombres y mujeres es un poco mayor y no respeta estratos sociales. Está claro que en los sectores más vulnerables, donde muchas veces recae exclusivamente sobre las mujeres el cuidado de los hijos y mantención del hogar, tallan con fuerza la desigualdad de oportunidades y la falta de acceso a recursos y educación, situaciones que podrían mejorarse con políticas públicas. Pero incluso en los segmentos medios y con más recursos o entre las mujeres más educadas existen diferencias de al menos un 30% entre los ingresos de unos y otras. Esto pese a que, en estos niveles, las mujeres suelen prepararse más y llegan a dedicar hasta dos años más de estudios que sus pares hombres, quienes de todas formas ganan más. La pregunta entonces, es ‘qué hacemos mal‘. ¿Por qué para las mujeres es más difícil? La respuesta no solo tiene que ver con las mujeres. Aunque en gran parte sí.

Mark J. Penn es reconocido en Estados Unidos como uno de los más lúcidos encuestadores y asesores de imagen y comunicación política. Asesoró a Tony Blair y a Bill y Hillary Clinton en sus respectivas campañas, entre muchos otros políticos y empresas de todo el mundo. A fines de 2007 publicó un libro que tituló Microtendencias, las pequeñas fuerzas detrás de los grandes cambios del mañana en el que plasma más de cincuenta tendencias -pequeñas y no tan pequeñas- que pueden llevar a grandes cambios sociales, dar origen a negocios exitosos o crear nuevos movimientos. Entre las tendencias más salientes identifica el avance de las mujeres en determinadas profesiones, donde la cantidad supera largamente a los hombres como en periodismo, abogacía, relaciones públicas o educación.

Podríamos agregar, al menos en la Argentina, psicología e incluso medicina. Penn las llama ‘profesiones de la palabra‘ y afirma: "La verdad es que las mujeres están, en cierta manera, siguiendo los tradicionales caminos que los inmigrantes encontraron para alcanzar el éxito. Las mujeres entraron en el mercado de trabajo con menor capital que los hombres y es una ruta probada de ascenso dedicarse a este tipo de profesiones. Las profesiones de la palabra requieren capital humano y son el resultado de estudio y trabajo, no de fuerza. Mientras que las mujeres dominaron primero en la enseñanza y enfermería, la movilidad ascendente las ha llevado a un nuevo estrato de desarrollo profesional más allá de esas carreras".

Así es que participando ya muy activamente en el campo de las leyes, las relaciones públicas y la comunicación, la política es un paso siguiente lógico donde empieza a haber ejemplos contundentes de acceso a los puestos máximos aunque no dejan de ser ejemplos asilados (...).

Pero no hace falta encontrar en un libro ejemplos de cómo la participación de las mujeres provoca cambios en los ámbitos en los que se desempeñan. Hace poco asistimos en la Argentina a un suceso que lo ejemplifica perfectamente: la marcha en junio de 2014 contra la violencia doméstica hacia las mujeres #NiUnaMenos fue gestada como una campaña de concientización difundida en principio en redes sociales que luego alcanzó una gran cobertura mediática organizada, precisamente, por un grupo de periodistas mujeres que se desempeñan cotidianamente en distintas empresas de medios y, con mayor o menor grado de visibilidad, ninguna de ellas desde un cargo jerárquico. Sin embargo, el tema dominó la agenda durante semanas y desde entonces no ha desaparecido de la atención del público.

Así que, en algún punto, se podría pensar que es solo cuestión tiempo y que la propia dinámica del mercado en el que las mujeres se convirtieron en un agente económico con cada vez más peso, tanto como fuerza laboral y como consumidoras, producirá los cambios acordes a un modo más femenino de actuar, organizarse, decidir y liderar. La gran incógnita es cuál es ese modo (...)