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"Falta un plan de desarrollo integral que nos muestre hacia dónde rumbea el país"

Para el economista, hoy no hay riesgo de default, pero "la certeza" llegará recién cuando se conozca la reacción del mercado al acuerdo con el FMI y una vez aprobado el Presupuesto 2019. Explica por qué las retenciones deberían reemplazarse por un impuesto inmobiliario rural y le sugiere al Gobierno ampliar su base de sustentación política para enfrentar esta crisis.

"Somos la única economía bimonetaria de peso, como producto de 73 años de inflación crónica y logramos hacer fracasar todos los programas de estabilización a causa de un parecido récord de déficit fiscal. Más recientemente, declaramos o practicamos defaults de la deuda pública", enumera el economista y sociólogo Juan Llach, al hacer foco en las razones de base por las que la Argentina no logra aún convencer a los mercados y recuperar la confianza, mientras continúa el nerviosismo financiero. El ex secretario de Programación Económica del Ministerio de Hacienda (1991-1996) y actual director del IAE, la escuela de negocios de la Universidad Austral, dialogó con 3Días y dio su visión sobre la crisis.

Se disipó el fantasma del default con las negociaciones con el FMI encaminadas nuevamente, o estamos aun en zona de riesgo?

-Creo firmemente que no habrá default. La certeza llegará con la reacción de los mercados si se aprueban el acuerdo FMI II y el presupuesto 2019.

Hoy es inevitable que algunos recurran a la comparación de esta crisis con otro período muy crítico para la Argentina, como fue el 2001. ¿Hay rasgos en común con aquella?

-La veo muy diferente, por cuatro razones. Primero, la flotación, y no la caída de reservas, absorbe la principal parte del ajuste. Segundo, no hay corrida bancaria. Tercero, hay un programa, duro pero factible, acordado con el FMI, en base a un amplio acuerdo, apoyado desde EE.UU. a Rusia y desde China y Japón a Europa. Y cuarto, veo mucho más sólido al gobierno de Cambiemos que al de la Alianza.

A pesar de un dólar hoy muy competitivo, los industriales reclaman un plan de desarrollo que, dicen, sigue ausente. ¿El Gobierno tiene plan económico que mire el largo plazo?

- A mí me parece que falta un plan de desarrollo integral o, al menos, un horizonte que muestre a los ciudadanos hacia dónde y cómo rumbea el país. La presentación del ministro Sica en la UIA me pareció un buen punto de partida y con un lindo nombre: "Acuerdo (productivo) federal para el desarrollo en el siglo XXI". Pero hay que ampliarla en temas, caminos y horizontes, y Argentina 2030 debería jugar un rol allí.

El Gobierno puso finalmente las retenciones a las exportaciones, pese a la resistencia inicial de Macri. ¿Es un paso suficiente para hacer mas equitativo el ajuste?

-El impuesto a las exportaciones, mal llamado "retenciones", es malo, pan para hoy y hambre para mañana, porque merma la producción. Entre 2004 y 2015, se perdieron entre u$s 20 y 25.000 millones anuales de producción agrícola (granos y subproductos) y ganadera (carnes y leche), de los cuales entre 10 y 15.000 millones se habrían exportado: un disparate. En 1985 -¡hace 33 años! publiqué con Jorge Fernández Pol un trabajo proponiendo reemplazar las retenciones con un mejor impuesto inmobiliario rural como todos los países análogos- y un subsidio al consumo de alimentos, como lo tiene EE.UU. hace 79 años y hoy llega a 42 millones de personas con un presupuesto de u$s 70.000 millones. El inmobiliario recauda 0,4% del PIB en la Argentina, 0,7% en Brasil y Uruguay y 2,4% en promedio (sic) en Australia, Canadá y los EE.UU.

El agro, pese a ser de los sectores más beneficiados con la devaluación, no parece muy contento de tener que poner el hombro...

-El agro tiene su parte de responsabilidad, porque su dirigencia nunca asumió una propuesta que, al menos, redujera el conflicto entre exportación y consumo interno de alimentos. Cuando antes vaya Argentina a un sistema como el propuesto, mejor será para todos. Además de transformar la AUH en un subsidio a los alimentos sanos hubiera sido bueno poner una contribución extraordinaria de las personas de altos ingresos, la gran mayoría de las cuales se han beneficiado con la devaluación, en sus ingresos o en su patrimonio. Pero, una vez más, lo urgente le ganó a lo importante.

¿Qué expectativa tiene por el nuevo acuerdo con el FMI? ¿Se equivocó el Gobierno en aceptar condiciones tan rígidas como no poder intervenir desde el BCRA para evitar que se dispare el dólar?

-Tengo expectativas positivas. Más que el Gobierno, se equivocó el FMI, quizás por creer que su sola presencia frenaba la corrida.

Ahora, para que ese acuerdo cierre es clave que el Congreso apruebe el Presupuesto 2019. ¿Cómo ve a la oposición? ¿Hay esta vez una actitud constructiva para ayudar a salir de esta crisis?

-Parecería que sí hay esa actitud, que es esencial no sólo para el acuerdo con el FMI, sino para reducir el riesgo país. Pero habrá que ver con más detalles cómo y con qué velocidad se aprueba el Presupuesto 2019.

De lo que trascendió, el Gobierno estima un crecimiento del 0%, inflación del 23% y dólar a $ 42. ¿Son demasiado conservadores u "optimistas" estos números teniendo en cuenta la incertidumbre argentina?

-Todavía no vi en profundidad los números. Hasta tanto no amaine la desconfianza hacia la Argentina, hacer pronósticos es tirarse un lance, con escasos fundamentos. El Gobierno sí está obligado a hacer proyecciones macro para poder presupuestar. Para esta finalidad los números trascendidos parecen razonables.

¿Qué debería hacer el Gobierno para evitar que el dólar vuelva a atrasarse y al mismo tiempo preservarnos de otra corrida?

-Cuánto más sólida sea la situación fiscal, menor será el atraso del tipo de cambio, porque no entran dólares financieros para el fisco. Llegados al equilibrio fiscal, o cerca, yo lo complementaría con una menor apertura a capitales de corto plazo (hot money), como lo hizo Chile en su momento.

¿Macri se quedó corto con los cambios (o no cambios) al Gabinete? ¿Faltó una actitud más aperturista hacia sus socios radicales como señal política y para recuperar la confianza?

-En la circunstancias de hoy, preferiría un gobierno de base política más amplia, y a la vez con mayor coordinación. La carencia de esta última fue un error grande desde el inicio y tuvo un papel central en el drástico final del gradualismo. Ahora se ha logrado mejorarla.

¿Todavía es posible ampliar esa base política? Porque Prat Gay, por ejemplo, confirmó que recibió un ofrecimiento para ir a Cancilleria y no descartó sumarse...

-Sí, creo que todavía es posible. El vedetismo es un obstáculo para ello, y difícil de vencer.

Sobre el gradualismo, usted había advertido que corría riesgo ante un eventual cambio de escenario internacional, que finalmente ocurrió. ¿Por qué nos afectó más que a otros países? ¿Se puede culpar sólo al factor externo por el fracaso del gradualismo?

-Nos afectó más que a otros países por nuestros muy malos antecedentes. Somos la única economía bimonetaria de peso, como producto de 73 años de inflación crónica y "logramos" hacer fracasar todos los programas de estabilización, muy diversos entre sí, causados principalmente aunque no sólo- por un parecido récord de déficit fiscal. Más recientemente declaramos o practicamos defaults de la deuda pública....

¿Cuánto hubo de errores propios que podían evitarse?

-Por supuesto que hubo errores propios, tales como no mostrar a la sociedad la espantosa herencia fiscal, con 41% del PIB de gasto público, 37% de presión tributaria teórica y 6,5% de déficit fiscal nacional, y luego explicar que la solución era posible, pero larga y costosa. En segundo lugar, la falta de coordinación en la toma de decisiones. Tercero, fijar metas de inflación muy ambiciosas. Cuarto, la conferencia de prensa del 28 de diciembre, que implicó una invasión a las responsabilidades del BCRA y generó gran confusión en los mercados. Al contexto internacional adverso hay que agregar la sequía, que hizo perder unos u$s 7500 millones. Lo dicho no impide afirmar que, si continuaba el contexto global un par de años más, tal vez se hubiera salvado el gradualismo. Pero en la raíz de todo esto encontramos nuestra patética dependencia del ahorro externo. Creo que si bien hubo errores relevantes, era muy improbable que, evitándolos, el gradualismo pudiera tener un buen final dado el cambio del contexto global y la sequía.

En estos meses, la imagen de Macri ha perdido mucho apoyo. ¿Cree que tendrá aire para buscar ser reelecto o una recesión más prolongada de los que se preveía en principio puede empujarlo a tener que desisitir de esa idea?

-No tengo la bola de cristal. Vivimos tiempos volátiles en todo el mundo: Macron perdió igual o más apoyo que Macri. Puede ocurrir que los mercados reaccionen favorablemente hacia octubre, con el Presupuesto y con el nuevo acuerdo con el FMI. En tal caso, el 2019 puede ser económicamente aceptable y Cambiemos puede ser reelecto.

Tras el escándalo de los cuadernos, ¿ve a Cristina fuera de carrera o es aún un riesgo político?

-En carrera puede ser que esté, pero que la gane no lo creo. Ya antes de los cuadernos, Cristina no tenía chances. La desconfianza afuera no es tanto sobre Cristina sino qué pasará con el peronismo. Si prevalece el llamado racional o federal, con un programa serio, ayudaría mucho al retorno de la confianza. Es probable, pero no seguro.

"Dolarizar la economía es una mala idea. El camino es la responsabilidad fiscal"

Usted viene proponiendo impulsar una nueva ley de responsabilidad fiscal para limitar el gasto e incluir allí sanciones a los funcionarios públicos responsables. ¿De qué se trata en líneas generales?

- Hubo un ley así en 2004, y falló. Otra se aprobó en 2017, pero no tiene sanciones para los funcionarios incumplidores y sus responsables políticos, como si las tienen Brasil y muchos otros países. La necesitamos a gritos, porque somos un país anormal, con uno de los peores crecimientos en el último siglo, con más de setenta años de déficit (con pocas excepciones) e inflación crónica, que nos han llevado a ser bimonetarios, un desastre. De la clase media hacia arriba, el ahorro, la inversión y la unidad de cuenta es el dólar. Tenemos dos tercios de la deuda pública en divisas, Brasil 5%. Es urgente corregir esto de raíz, entender que tal es la causa principal de las ocho crisis más profundas que hemos tenido, con gran frecuencia y grave daño a la sociedad: 1975, 1982, 1985, 1989-90, 1995, 2001, 2009, 2018. Si el Congreso votara una nueva ley de responsabilidad fiscal, con sanciones adecuadas y metas detalladas de gasto, déficit, deuda e impuestos la confianza en el país retornaría más abundante y rápidamente.

 

Justamente en estos días hubo algunos economistas, Guillermo Calvo hizo punta en un reportaje publicado en La Nación, que sugirieron que la Argentina debería pensar para más adelante en dolarizarse, puesto que funciona como una economía bimonetaria. ¿Solucionaría este camino algunos de nuestros problemas o terminaría por agravarlos?

- Creo que es una mala idea, ningún país del tamaño y peso de la Argentina se ha dolarizado. Si bien reduce los riesgos fiscales, da una gran rigidez a la economía. El camino mencionado de la responsabilidad fiscal es, a mi juicio, muy superior.

 

¿Ve al Gobierno con vocación de impulsar esa iniciativa (nueva ley de responsabilidad fiscal) ? ¿Y a la oposición, el peronismo básicamente, de acompañarla?

- Ojalá que sí, pero tengo dudas y por eso he salido a escribirlo, casi a gritarlo.

Dixit

- "En las circunstancias de hoy, preferiría un gobierno de base política más amplia, y a la vez con mayor coordinación"

 

- "La carencia de coordinación fue un error grande y tuvo un papel central en el drástico final del gradualismo. Ahora se ha logrado mejorarla"

- "Creo que todavía es posible (ampliar la base de sustentación del Gobierno). El vedetismo es un obstáculo para ello, y difícil de vencer"

- "El 2019 puede ser económicamente aceptable y Cambiemos puede ser reelecto"

- "La desconfianza afuera no es tanto sobre Cristina sino qué pasará con el peronismo. Si prevalece el racional, ayudaría"

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