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Fabián Vena: "Los argentinos somos campeones en armar rivalidades"

Asegura que siempre le resultó "banal" criticar al otro sólo porque está en otra vereda y que jamás entró "en esa película". Sobre el gobierno de Macri, advierte: "Veo que la mirada de atención sobre los más necesitados se está corriendo".

Fabián Vena:

Jamás entré en esa película", define Fabián Vena cuando se refiere a la famosa grieta que, además de atravesar a un amplio sector de la sociedad, también tocó el mundo de los actores. Actuar es comulgar con el público, con todas sus facetas ideológicas, estima el intérprete, quien transitó una amplia gama de autores, desde Shakespeare hasta Camus, pasando por Mauricio Kartun y Harold Pinter, y acumula una larga experiencia en los sets de televisión y del cine. Su oficio, recuerda, lo construyó desde su trabajo en el legendario IFT, en su momento uno de los teatros independientes más emblemáticos de América Latina.

Hoy, Fabián Vena está desbordado de entusiasmo por la inminente inauguración de su escuela de teatro, el Estudio Integral de Actuación, que funcionará en el teatro El Damero del barrio porteño de Balvanera, casualmente a pocas cuadras de su entrañable IFT. Gentil, modesto y contemporizador, el intérprete no esquiva la reflexión política sobre los tiempos que corren. Aunque aclara no ser especialista en la materia y ser respetuoso de los que opinan diferente, cree que la etapa abierta por Mauricio Macri se basa en una "idea de administración que ya conocemos, y sabemos cómo puede seguir".

¿Cómo surgió la idea de crear una escuela de teatro?

-Es un proyecto que salió de las entrañas, fue una sorpresa. Los roles tanto de profesor como de posible director son tan importantes y grandes que hasta por pudor y por exigencia nunca había intentado ni acercarme.

¿Te llegó el momento de transmitir tu experiencia después de mucho aprendizaje?

-Es un ciclo natural. Me contaba mi maestro de técnica vocal, Carlos Demartino, quien me formó y estará al lado mío en la coordinación, que a partir de los 45 años aparece cierta maduración de lo que uno ha transitado y ya con la experiencia jugando a favor, uno siente que tiene la necesidad de transmitir, más que sólo aprovecharla para uno.

¿Cuál será la filosofía de enseñanza en ese espacio?

-Tuve la necesidad de escribir una carta, casi como un manifiesto de mi recorrido hasta hoy, y en una parte digo que para ser actor uno no necesita un título y lo curioso es que sigue aprendiendo todo el tiempo. Mirá por ejemplo a Pepe Soriano. Si hay algo en este trabajo que se mezcla con la vocación y el placer de realizarlo es que no se termina nunca de aprender. Con esta nueva experiencia empiezo a abrir puertas de un mundo extraordinario que no tenía ni pensado, que apareció mágicamente de la mano de mi mujer (Paula Morales) después de hacer un proceso sobre un texto de (Eugene) O'Neal. Surgió la casi necesidad de armar un estudio escuela para trabajar no sólo con quienes se inician sino también con gente del oficio de una manera lúdica y hasta terapéutica, muy recreativa y saludable.

¿Es arriesgado hoy lanzarse a un proyecto de ese tipo?

-El país siempre tiene momentos arriesgados. El teatro independiente, y el argentino es uno de los mejores del mundo, es el lugar donde uno puede expresarse, y cuando hay crisis en curso aparecen más propuestas de ese tipo.

¿Subsiste la grieta entre los actores?

-No te podría hablar en general sino de mi experiencia. Esta instalación de armar una rivalidad es algo en lo que nosotros somos unos campeones. Parece que uno disfruta más que pierda el rival a que gane el equipo de uno. Hay algo en los argentinos que nos cae como anillo al dedo que es poder gastar a otros y generar diferencias que en apariencia son insalvables. Yo no comulgo con nada de eso. Hay un gran capítulo en las enseñanzas de Konstantin Stanislavski que se llama "La Comunión", según el cual uno tiene que estar atento no solo a la actuación sino también a la comunidad que hay presente en el teatro. La idea de la "cuarta pared" en el escenario es imaginaria, es mucho más potente la presencia de la gente mirándonos y compartiendo. Lo de criticar al otro solo porque está en la otra vereda siempre me resultó hasta banal, demasiado superficial a la hora de construir. Jamás entré en esa película.

¿Cuál es tu balance de este primer año de Macri?

-No soy un especialista en el tema, para eso hay gente responsable y me gusta escuchar todas las campanas, pero claramente se ve que la mirada de atención a los más necesitados se fue corriendo. Antes había muchísima más asistencia. Incluso en mi profesión, la idea de poder hacer hasta 10 miniseries al año era también una forma de retroalimentación de nuestros impuestos. Cuando uno ve que el teatro San Martín sigue cerrado y espero que reabran pronto, es una pena... Te das cuenta de que no hay una mirada sobre las cosas importantes que terminan completando a un ser humano. Imaginate cómo podría llegar a ser si se saca la mirada de las necesidades básicas de la gente. Es ahí donde veo la gran diferencia entre la administración anterior y la actual.

¿Cómo ves el futuro?

-Intento ser un tipo muy optimista. También sé que nuestro país es cíclico, lamentablemente. No hay manera de crecer y mejorar a partir de lo ya hecho. La idea de administración que tenemos en este momento la conocemos, y sabemos cómo puede seguir. Ojalá la cosa no empeore como empeoró en otros momentos. Los argentinos también tenemos como característica un empuje constante, hemos pasado por cosas muy difíciles. Hay algo ahí del argentino que también se la banca y trata de salir para adelante, porque todos queremos tener una mirada optimista y constructiva y que nos vaya bien.