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El peso de la recesión y la crisis de Brasil

Más allá del atraso cambiario, teniendo en cuenta la reducción de retenciones ¿hubo pérdida de competitividad en esta gestión? Los analistas consideran que en la mayoría de los casos el deterioro de la competitividad se venía arrastrando previamente y que actualmente pesa más la caída de la demanda local y externa, principalmente Brasil. Para Domecq, sobre los niveles de actividad incide más la contracción de la demanda local y la recesión de Brasil, principal socio comercial, que la pérdida de competitividad sufrida en los últimos meses. "La devaluación, el ajuste tarifario y la escalada inflacionaria del primer semestre impactaron muy fuerte sobre los salarios reales, contrayendo la demanda local en una magnitud muy importante, lo que se sumó a la recesión brasilera", describe.
En el caso de las economías regionales, se conjugarían la pérdida de competitividad -resultante de la estabilidad del dólar en los últimos meses y el fuerte aumento de los costos internos- y los problemas que atraviesan los mercados a los que se exportan esos productos. Según Ecolatina, las exportaciones agropecuarias no tradicionales provenientes del interior del país retrocedieron un 20% interanual en los primeros siete meses de este año (contra una caída de 4% interanual de las ventas totales al exterior), en particular las ventas a Brasil descendieron por encima de 40% interanual en el mismo período. Sin embargo, no todas las economías regionales empeoraron su resultado este año, enfatiza Sigaut Gravina. La venta de limones avanzó un 40% interanual, gracias a la reapertura del mercado europeo (particularmente España, en donde se registró un avance superior al 80% interanual). Otro caso es el de las aceitunas, que si bien se dirigen casi en su totalidad a Brasil, crecieron casi 60% interanual en enero-julio.
"La caída del mercado brasileño impacta sobre todo en la industria automotriz y en sus proveedores, particularmente la siderurgia. En cambio, el sector textil y la electrónica tienen problemas estructurales de competitividad al igual que algunas economías regionales", apunta Beker.
"En los últimos 14 años no se introdujeron reformas que mejoraran la productividad ni que aumentaran el stock de capital o el uso de trabajo más calificado", resalta Bour, para quien hay una pérdida tendencial de productividad que llega hasta 2016. A su juicio, esto sólo se puede compensar en el corto plazo con política cambiaria y, en el mediano, con una profunda reforma fiscal y regulatoria que no está en agenda.

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