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“El peronismo tiene traumas irresueltos”

El psicólogo Diego Sehinkman llevó al diván a algunos de los políticos, gremialistas y empresarios más influyentes del país. Sus miedos y patologías. Por qué asegura que la Argentina tiene rasgos border y que, en el inconsciente, el líder débil se asocia a 2001.

Diego Sehinkman eligió una de las profesiones predilectas del argentino: la psicología. Con experiencia en el Hospital Borda, hoy se desempeña en otras instituciones mentales y atiende de forma privada. Pero, además, ejerce el periodismo. Desde hace algo más de un año, lleva al diván a funcionarios, gremialistas y empresarios argentinos. La charla se sintetiza en una entrevista que publica, semanalmente, en La Nación. Este mes, llega a las librerías Políticos al diván, un libro donde incluye las charlas en profundidad a hombres y mujeres vinculados a la política como Eduardo y Chiche Duhalde, Hugo y Pablo Moyano, Patricia Bullrich, Aníbal Fernández, Daniel Scioli, Hermes Binner, Diana Conti, Jorge Brito, Carlos Kunkel y Rodolfo Terragno.
En diálogo con 3Días, Sehinkman se refirió a la psicología de los funcionarios e intentó un acercamiento a la mente de algunos de los posibles nombres que suenan de cara a 2015. “Scioli tiene la psicología de un deportista de alto rendimiento, con un gran control emocional. Es uno de los tipos que más humillaciones ha recibido por parte del mismo kirchnerismo que lo cobija hoy, y la pregunta es dónde termina el estoico y empieza el sumiso. ¿Es un gran estratega? Massa, por su parte, hasta ahora no aceptó darme una entrevista. Si UNEN, con Binner a la cabeza, va a funcionar, tendrá que ver con la capacidad de armado político y no con su carisma. Pero, la psicología de Binner es la de un suizo. Y Randazzo es muy estratégico. Lo veo haciendo equilibrio, dentro del peronismo; no termina de mimetizarse con el kirchnerismo duro pero tampoco salta al otro lado. Su desafío es si tiene el carisma suficiente”.

* ¿Cómo es el carácter de los políticos argentinos, en líneas generales?
- Tienen que tener una autoimagen que les indica que ellos son capaces de producir transformaciones y de que tienen el don, el talento o la sabiduría de cómo hacerlo. A veces, como en un espejo fiel, es así. Otras, como en un espejo distorsionado, hay una suerte de dismorfia. Así como la anoréxica se ve gorda y es flaca, hay políticos que se ven ‘gordos’, o grandes, intelectualmente y, en realidad, son un ‘palo’ y no tienen peso político. Pero se miran al espejo y se ven con ese gran volumen político. Hay muchos que sí tienen el toque de histrionismo, empatía y de calidez justo y un volumen intelectual que los hace distintos. Ahora, todos tienen una ambición mayor al promedio. No lo digo en términos negativos. Es gente que tiene menos pudor en decir que quiere llegar a la pole position y tiene más claro que quiere llevarlo adelante.

* ¿A quién le gustaría llevar al diván?
- No hay periodista, ni psicólogo, que no sueñe con sus 20 minutos con Cristina. Ni con otros 20 minutos con Máximo Kirchner. En un mano a mano, a ella la imagino encantadora, lo que sería una complejidad, si uno tiene que disociarse, instrumentalmente, para poder trabajar. Es carismática, empática, te mira y entiende adónde vas. Tiene un don. Trataría de explorar lo que se llama ‘creencias básicas’, las ideas profundas que generan tomas de decisiones. Por ejemplo, en una entrevista con Hugo y Pablo Moyano quedó claro que una de estas creencias tiene que ver con que hay algo de la historia del peronismo, entre la derecha y la izquierda montonera, no resuelto que está ahí, como un trauma psicológico del peronismo, que emerge en cada repregunta.

* ¿Qué lectura hace sobre los efusivos tuits de Cristina Kirchner?
- Hay un modo de hacer política que tiene que ver con obviar la intermediación en la comunicación, como los medios, los diarios, los canales, y apuntar directo a lo que uno llamaría el ‘pueblo’. Es algo que a ella le queda cómodo en función de sus rasgos de personalidad. Aun en su condición femenina, el kirchnerismo tiene esta cuestión exacerbada del paternalismo, esto de los grandes líderes populistas, que son modalidades del lugar del padre. El padre que te provee y el que te va a retar.

* Si tuviéramos que personalizar a la Argentina, ¿qué carácter tiene?
- La Argentina tiene rasgos border. Una característica es pasar del blanco al negro y del amor al odio. No tiene una personalidad recontra construida y sólida. Va mimetizándose. En una década es más neoliberal y en otra, más prolatinoamericana. De repente somos los mejores del mundo. De pronto, los peores. El péndulo va de la gloria a Devoto. Permanentemente, hay sintomatología social que irrumpe. Pero, también, está lleno de talento.

* ¿Cómo es el político que busca la sociedad? ¿Sigue necesitando un líder paternalista?
- En el inconsciente colectivo de la Argentina contemporánea, el líder no carismático o de no gran personalidad quedó asociado a la crisis. Es como un trauma. Cuando uno vive un trauma, cualquier imagen que se parezca un poco a ese momento del accidente genera angustia y rechazo. Cualquier cosa que se parezca a un líder débil se asocia al 2001. Ahora, hemos tenido, después o antes, líderes carismáticos, como Menem, Cristina y la pregunta que queda abierta. Un líder muy carismático o caudillezco no garantiza nada.

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