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El padecer de la familia y una causa que no encuentra su rumbo

La instrucción del caso, que aún no está cerrada, está ahora en manos de la jueza Palmaghini, que dispuso nuevas medidas de prueba y marginó a la fiscal Fein de la investigación, tras 11 meses de escasos avances. El tortuoso derrotero de la ex esposa de Nisman, la jueza Arroyo Salgado, y las hijas de ambos, para conocer la verdad, que sigue velada.

Hasta los primeros días de enero de 2015, Alberto Nisman era un fiscal conocido por su trabajo en el caso AMIA, valorado por muchos de sus colegas al punto de haber sido mencionado en 2012 como uno de los posibles sucesores de Esteban Righi como titular de la Procuración General de la Nación. Siempre mantuvo un perfil alto, que lo expuso a cuestionamientos de familiares de las víctimas del atentado que en 1994 dejó 85 muertos. Muchos querían que Nisman fuera separado del caso por entender que no había logrado avances significativos en la investigación. Otros respaldaban su trabajo, al que había llegado en 2004 con el espaldarazo del ex presidente Néstor Kirchner. Era una personalidad importante, pero ni su nombre ni su apellido trascendían más allá del reducido nicho que conforman aquellos que trabajan cerca de algún poder del Estado o de los periodistas que seguían el tema. Era un fiscal más. Y estaba lejos de ser mencionado en los medios solamente como Nisman.

Entre la noche del 18 de enero y la mañana del 19, la noticia de la muerte del fiscal sacudió al país. Su nombre había tomado fuerza en los días previos, en el marco de su trabajo por AMIA, por haber gestado una denuncia por encubrimiento contra la entonces presidenta Cristina Kirchner. Pero su fallecimiento, en circunstancias que todavía no fueron esclarecidas, lo convirtió en un emblema de lo que comenzó a ser el definitivo fin de ciclo kirchnerista. Nisman no murió por una enfermedad. Nisman murió de un tiro en la cabeza. Si fue suicidio, inducción a él, o asesinato, quizás nunca se sepa con certeza. Sí, en cambio, se sabe que su muerte originó una hecatombe política e institucional. Y que él pasó a ser héroe, para muchos, y villano, para otros tantos.

Charlie Hebdo, la antesala

Ninguna relación tiene el atentado mortal del 7 de enero del año pasado a la revista francesa Charlie Hebdo con la muerte de un fiscal argentino, 11 días después. O sí. Depende para quién. La denuncia de Nisman, se supone, fue elaborada con tiempo, pero presentada de apuro en la Justicia Federal. El fiscal había interrumpido abruptamente las vacaciones en Europa que compartía con su hija Iara, de 15 años. La dejó sola incluso, en el aeropuerto de Barajas, en Madrid, a la espera de su ex esposa Sandra Arroyo Salgado, jueza federal de San Isidro, y también madre de su hija menor, de siete años, Kala.

Ya con Arroyo Salgado siguiendo la ruta, Iara le manifestó su fastidio por la decisión de su padre de regresar a Buenos Aires. No entendió razones y, desde el momento en que Nisman partió en el avión le dejó de hablar y ni siquiera le respondió los mensajes de Whatsapp que su padre, compungido, le enviaba para intentar reconciliarse. De Madrid, Arroyo Salgado y su hija viajaron a París, que pocos días antes había sido escenario del citado atentado. Estuvieron una semana en la capital francesa, recorriendo museos, compartiendo almuerzos y cenas, comprando ropa. Escenas típicas entre una madre y su hija adolescente de vacaciones.

El sábado 17, un día antes de la muerte de Nisman, se produjo una escena particular mientras ambas viajaban en el Metro parisino. Cuando la formación se detuvo en una estación, subió un hombre barbudo, de aspecto musulmán, que tensó el ánimo de la chica. La madre no entendía qué le pasaba, por lo que Iara, en voz baja, le contó que ella entendía francés por los cursos que había hecho, y que el sujeto que acababa de subir era un terrorista. Bajaron en la parada siguiente. El Metro siguió su camino con total normalidad.

 

Vivir y padecer, tras la muerte

La vida del clan Nisman , tras la muerte, cambió drásticamente. Las hijas fueron especialmente afectadas, pero todo el entorno familiar sufrió las consecuencias. Su ex mujer, Arroyo Salgado, en representación de sus herederas, se encontró con irregularidades que nunca pensó hallar. Por ejemplo, la cuenta que el fiscal tenía en el banco Merrill Lynch de Nueva York, con fondos por u$s 600.000 y a la que accedían su hermana, Sandra, su madre Sara Garfunkel y, nada menos, Diego Lagomarsino, el hombre que le prestó el arma con la que se produjo el disparo que causó su muerte. En esa cuenta, por ejemplo, realizó un depósito de u$s 150.000 Damián Stefanini, el financista desaparecido misteriosamente en 2014.

Iniciada por el juez federal Rodolfo Canicoba Corral, la causa que investiga a Nisman y su familia por presunto lavado de dinero pasó a manos de su par Claudio Bonadio. Hace un mes, la Sala I de la Cámara Federal Porteña autorizó el pedido de indagatoria a la madre, la hermana del fiscal y a Lagomarsino, su asesor informático. Todos pueden quedar detenidos si el juez lo dispone.

Al expediente, como al que investiga su muerte, le merodean los desmanejos financieros y el perfil de bon vivant que exponen a Nisman. Aquella declaración de Lagomarsino en la que aseguró que el fiscal se llevaba parte de su sueldo es una muestra de ello. También lo son las historias posteriores a su muerte que lo vinculaban con jóvenes modelos. Nada de ello colaboró para darle paz a una familia devastada por la muerte de su integrante más famoso.

 

Maquillaje para un caso incierto

Pocos días después de que asumiera Mauricio Macri como presidente de la Nación, la jueza Fabiana Palmaghini resolvió hacerse cargo de la instrucción de la causa que investiga cómo murió el fiscal. La decisión marginó a la fiscal Viviana Fein, que tramitó el caso desde el principio y que, once meses después, había logrado pocos avances.

Tal vez los más relevantes, que todavía esperan resoluciones judiciales, tengan que ver con el entrecruzamiento de llamados en las horas posteriores a la muerte de Nisman entre el entonces jefe del Ejército César Milani, el fiscal Carlos Stornelli y agentes de la ex SIDE, entre ellos Antonio Stiuso. Palmaghini resolvió, entre otras cuestiones, citar a Stiuso para que amplíe su indagatoria, aunque todavía se desconoce la fecha en la que se presentará el hombre más fuerte de Inteligencia de los últimos 40 años.

No obstante, parece poco más que un maquillaje en pos de resolver un caso incierto, que se debate entre el suicidio, la inducción a él o, directamente, un homicidio simple. Sólo Nisman sabe con exactitud cómo empezó esta historia que, un año después y tal vez por bastante tiempo más, sigue generando conmoción en la opinión pública.

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