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"El mandato de esta generación es romper con los ciclos de populismo y ajuste"

Nos inculcaron que éste es un país rico, explica. Pero el bienestar dependerá de nuestra austeridad, nuestra productividad y esfuerzo. "Como sociedad, compramos soluciones facilistas. Y en cada circuito de fiesta-resaca, los pobres son más pobres y los ricos, más ricos", advierte.

La coyuntura tracciona todo el tiempo. A seis meses del inicio de la gestión de Mauricio Macri, la transición ha sido vertiginosa. Pero la cita pone sobre la mesa otra consigna: pensar esta Argentina del Bicentenario que siempre parece repetirse a sí misma en vaivenes que una y otra vez la obligan a empezar de nuevo. Y nos obligan a nosotros, claro, a sobrevivir a cada uno de esos ciclos.
Javier González Fraga acepta un café en la redacción de El Cronista antes de entregarse a una charla en la que el ex presidente del Banco Central, candidato a vicepresidente de la Nación junto a Ricardo Alfonsín en las presidenciales del 2011, compartirá su expectativa por el giro que supuso el arribo de Macri pero también una dosis de dudas y críticas. Pero sobre todo el deseo de que la Argentina pueda desarticular finalmente ese ir y venir del populismo al ajuste para convertirse en un país industrial y competitivo, apoyado en la inversión, y eventualmente, un país menos desigual en el que puedan crecer sus ocho nietos.

El triunfo de Macri clausuró un ciclo en la Argentina pero en nuestra historia pendular en la que siempre parecemos volver a empezar. ¿Cree que podemos cambiar?
- Antes que nada, yo me siento parte de Cambiemos y me hago responsable de lo que está pasando. Y le deseo el éxito a Mauricio no sólo por él sino por los argentinos que necesitamos vencer ese ciclo vicioso de populismo y ajuste que nos ha caracterizado en los últimos 70 años con algunas que otras interrupciones. Veo una gestión que apuesta a la obra pública y a la inversión y creo que ésa es la gran cuestión de la Argentina. Sé que no es fácil pero es la única manera de romper con ese ciclo que consume las reservas de alimentos, las reservas energéticas, las reservas internacionales y que termina en una explosión, que es un ajuste que golpea a los que menos tienen.

Lo dijo muy bien Guillermo Moreno -sin quererlo- cuando aseguró que Macri era un paréntesis entre dos décadas ganadas.
- Nos gastamos todo, viene la gente ordenada, y después volvemos a gastarnos todo. Esas décadas de populismo se caracterizan por el atraso cambiario y el atraso tarifario y mejorar el nivel de vida de la gente sobre la base de llevar a las economías regionales de los exportadores al borde del colapso y llevar a la energía y a la infraestructura en general al borde del colapso. Hubo cinco procesos basados en el atraso cambiario y tarifario que terminaron en grandes ajustes. Y no quiero volver a utilizar la palabra ilusión porque en su momento cuando la utilicé generó un gran revuelo, pero tuvimos un nivel de consumo de bienes importados que era insostenible. Ojalá hubiera sido sostenible. Para serlo hubiéramos tenido que tener una productividad que no teníamos. Romper este ciclo es el mandato de esta generación.

Usted escribió, junto con Martín Lousteau, hace ya 12 años, un libro llamado Sin Atajos. ¿Por qué esta atracción hacia los facilismos?
- En Sin Atajos ya hablábamos de esto. De las soluciones mágicas, de corto plazo, pero que tienen enorme rendimiento político. Pero acá no hay torpeza. Hay premeditación. Kicillof era perversamente brillante. Porque fue capaz de ir agotando todas las reservas hasta el último día. No sobraba un dólar en el Banco Central, no sobraba un kilowatt de energía, no sobraba una vaca. No hubo ingenuidad. Hubo planificación. Estaba más pensado para Scioli que para Macri, porque con Scioli iba a ser la derecha (para ellos Scioli era la derecha) la que iba a fracasar y permitir la vuelta de Cristina. Y lo hicieron con tanta perversidad que generaron una burbuja en los últimos seis meses donde el producto bruto terminó creciendo 2% en el 2015. Algo totalmente artificial e insostenible, sobre la base de duplicar el ritmo de expansión monetaria.

¿Cuáles son las principales limitaciones que hoy tiene Macri o, en todo caso, las trampas que debe evitar en vista de la historia reciente?
- Entiendo que hoy existen tres restricciones para este Gobierno. La primera es que enfrenta un mundo mucho más complicado del que teníamos cuatro años atrás. Pero después está el tema de la política. Hoy manda la política y es bueno que sea así. Los cuatro anteriores gobiernos no peronistas no terminaron. No terminó Illia, no terminó Frondizi, no terminó Alfonsín y no terminó De la Rúa. Es muy fuerte.Yo aplaudo que Macri tenga al tope de la agenda la cuestión política. El peronismo extraña el poder. Tiene un hambre de volver enorme y hay que estar preparado para dar una gran batalla. No porque soy antiperonista sino porque creo que es muy importante la alternancia. Y esto de subordinar la economía a la política explica tanto el apuro de algunas medidas como la lentitud de otras.

¿Y cuál sería la tercera restricción?
- La tercera restricción es que hoy no ocurre como en el 2001 cuando la sociedad era consciente del colapso de la economía. Entonces hoy la sociedad no está dispuesta a aceptar un ajuste. Se creía que esto se podía sostener. En este contexto, lo logrado es muy importante. Creo que ya la inflación ha bajado. No el índice, la inflación, que los economistas definimos como el aumento generalizado de precios. Van a pasar unos meses hasta que esto aparezca en el índice, recién en julio lo va a reflejar. Ahora le queda al Gobierno bajar la tasa de interés y tiene que animarse a bajarla muy rápidamente. Porque si lo hace, va a rebotar algo el mercado cambiario pero no los precios. Y va a aumentar la demanda de dinero, que es fundamental para que el Central se anime a comprar dólares con emisión monetaria sin que genere inflación.

¿Cómo se rompe con ese ciclo de populismo y ajuste que marca nuestra historia?
- Hay que dotar al salario de muchísimo más capital del que tiene hoy. La relación capital productivo por obrero en la Argentina es muy baja. Y no es que nuestro obrero es poco productivo sino que tiene un martillo manual en lugar de un martillo neumático. Maneja una calculadora en lugar de una computadora. Yo creo que el desafío enorme de largo plazo es dotar por cada puesto de trabajo de mucho más capital. Pero también hace falta que el empresario privado acompañe. Si el empresario privado se pone demasiado exigente y dice, "yo espero para ver", entonces estamos en problemas. Hay que empujar esa decisión, hay que motivarlos. Y ahí es donde yo critico porque creo que falta una mística de la producción.

¿A qué atribuye que esa mística no esté con más fuerza en el discurso? En los últimos 30 años, tuvimos casi 30 ministros de Economía. ¿Será que falta esa pieza?
- Ahora no tenemos ministro de Economía y todavía no entiendo por qué. Me tienen que convencer todavía. Quizás salga bien, pero yo creo que una de las causas de por qué no hay discurso que estimule la inversión es porque no hay un ministro que hable de todo y hoy esa persona no existe. Debería ser Macri, pero él no tiene vocación de relato.

La Argentina está recorrida por una cierta nostalgia de promesa incumplida... ¿Qué le pasa cuando piensa en el país que cumplía los primeros 100 años?
- Creer que somos un país rico viene por nuestras pampas. Pero yo siempre digo, Irak tiene tres veces más recursos naturales y mirá dónde está. Lo que hizo rica a la Argentina no son las pampas, fueron los inmigrantes que vinieron a trabajar. Y sí, la Argentina del Centenario era pura promesa. Pero en parte exagerada. Cuarenta años antes de eso, en 1860, Buenos Aires era muchísimo más chica que Córdoba, que Salta y que Tucumán. Y Argentina era la más pobre de la región. Entonces no es que la Argentina haya sido rica siempre. La Argentina se enriqueció entre 1870 y la Primera Guerra Mundial. No lo pudimos sostener por muchas razones. Pero la Argentina no tenía un nivel de vida que correspondiera al séptimo lugar de mundo. Era un poco mentira. Inglaterra además jugó un rol clave en esa Argentina potencia y cuando en 1930 armaron el Commonwealth y la Argentina quedó afuera nuestra suerte se dio vuelta y terminó con nuestra bonanza, junto con la crisis del 30. Pero la Argentina tiene posibilidades de un progreso sostenido sin añoranzas, sin melancolía. Pero tenemos que recuperar la mística que caracterizó a los inmigrantes.

¿Cómo espera que sea la Argentina que habiten los hijos de sus nietos?
- Quiero un país con menos desigualdad social. Los países más lindos para vivir son donde hay más solidaridad. No creo que sea tanto mejor tener aeropuertos más grandes o rutas más imponentes o niveles de vida espectaculares. Quisiera que haya más similitud entre los que viven bien y los que viven mal. Yo no puedo negar mi influencia keynesiana, y recuerdo su definición en 1930 cuando dijo que quería una sociedad donde la economía haya dejado de ser importante porque todo el mundo accedía a lo económico. Pero también decía que faltaban todavía 100 años en los que habría que transitar el túnel de la economía. Mi vocación por lo económico es para que desaparezca lo económico.