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El gradualismo también se impone a la hora de invertir

Pese a las señales del Gobierno para atraer capitales privados y la salida del default en ciernes, el boom de inversiones anticipado por el macrismo se hace esperar. Los especialistas aguardan el despegue recién para fines de este año o principios de 2017. Minería, agroindustria y energía, los sectores con las mejores perspectivas.

El gradualismo también se impone a la hora de invertir

A pesar de la ansiedad política, la inversión privada aún no termina de arrancar. Junto con las exportaciones y la inversión pública, es el principal componente de la demanda al que apuesta el Gobierno para reactivar la economía y aliviar así el impacto del ajuste.

Las señales de seducción dadas por el Gobierno al empresariado abundan: al levantamiento del cepo y la eliminación o reducción de retenciones y otras trabas al comercio, esta semana se sumó el histórico principio de acuerdo alcanzado con los holdouts más importantes. De todos modos, los inversores avanzarían con pies de plomo y los proyectos comenzarían a materializarse a fin de año para consolidarse en 2017.


¿Qué condiciones faltan para que se concrete el esperado boom inversor y qué sectores absorberán los mayores flujos? 3Días contactó a los economistas Dante Sica, de Abeceb y exsecretario de Industria; Ricardo Panico, de Orlando J. Ferreres & Asociados; Marcelo Capello, del Ieral de la Fundación Mediterránea; Jorge Colina, de IDESA; Gabriel Rubinstein, de Rubinstein & Asociados y exrepresentante del BCRA; Matías Surt, de Invecq; Eric Ritondale, de Econviews; y Maximiliano Castillo, de ACM.

Cambio de modelo

"El modelo K de expansión económica dependía crucialmente del aumento en el consumo, público o privado; este último por crecimiento de salarios reales, lo que ocurrió hasta 2012", describe Marcelo Capello. Pero esa estrategia, con una competitividad menguada y un mal clima de negocios, además de un contexto externo que se fue tornando más desfavorable en los dos últimos años, condujo a una inflación alta, una caída en las exportaciones y una baja inversión. Agotado el modelo de consumo, que no era sustentable en el tiempo, el actual Gobierno aspira a un crecimiento económico "vía aumento de la inversión y las exportaciones, dado que el consumo tendrá una recuperación más lenta, luego de haber tocado sus límites en los últimos años", agrega.

Entre los economistas consultados, hay consenso respecto de que, junto con las exportaciones, la inversión impulsará la reactivación económica en los próximos años.

"La estructura productiva del país ya no se encuentra en condiciones de sostener una expansión de la actividad apoyada especialmente en el aumento del consumo. Los últimos cuatro años así lo demuestran. Para volver a crecer en forma sostenida es necesario ampliar la capacidad de producción, mejorar la infraestructura, elevar la productividad, achicar el déficit energético, etc.", sostiene Eric Ritondale.

"Más allá de que haya una discusión sobre la conveniencia de dar preeminencia al consumo interno -como sucedió en la era K- o las exportaciones, las dos opciones requieren de inversión pública y privada asignada con profesionalidad para elevar la productividad; sino el modelo económico elegido se estanca", enfatiza Jorge Colina.


Ante el nuevo escenario abierto por el principio de acuerdo con los holdouts anunciado esta semana y a pesar del déficit fiscal, también la inversión pública tendría un rol protagónico en este nuevo modelo económico.

"Si bien la situación fiscal es muy desafiante a nivel nacional y provincial, a mediano plazo existe espacio para mejorar la eficiencia del gasto público y poder así orientar mayores recursos públicos a impulsar las obras de infraestructura económica y social", destaca Maximiliano Castillo.

En cambio, Colina opina que "posiblemente el puntapié inicial lo tenga que dar el Gobierno con grandes proyectos de infraestructura postergados", recurriendo a financiamiento internacional.

No estamos bien

"Tenemos que reconocer que no estamos bien", admitió el presidente Mauricio Macri en su discurso durante la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, y lo atribuyó a la herencia recibida, entre otras áreas, en términos de ausencia de incentivos para la inversión, especialmente en el sector eléctrico (generación y distribución), a la pérdida de competitividad y a la inversión pública mal direccionada, que devino en el deterioro de la infraestructura vial y ferroviaria.


"Desde el default, la imagen de la Argentina quedó opacada a nivel internacional. A pesar de ello, en los primeros años post default, los costos de producción se mantenían competitivos gracias a un tipo de cambio favorable y a una baja inflación, lo que permitió el desarrollo de la actividad privada, con inversión de capital local y extranjero.

A partir de la introducción del cepo, el aumento de la inflación y otras medidas -como la expropiación de YPF y el no acatar el fallo del tribunal de Nueva York-, el clima de confianza, previsibilidad y estabilidad necesarios para el desarrollo de las inversiones fue enrareciéndose, hasta quedar definitivamente comprometido y la Argentina quedó fuera de los mercados de crédito internacionales", describe Ricardo Panico.


En 2015, la inversión total (pública más privada) se ubicó en torno al 17% del PBI, un porcentaje bajo y similar al de los últimos tres años. "Son los valores más bajos desde 2004, cuando la inversión recién llevaba dos años de recuperación de la peor crisis macroeconómica de la historia del país", enfatiza Matías Surt.

En particular, la inversión en infraestructura entre 2004 y 2012 fue de 2,9% del PBI, por debajo del promedio de América Latina (3,5%) y del porcentaje que se estima necesario para evitar cuellos de botella (6,5%), según la CEPAL. De ese 2,9% del PBI destinado a inversión en infraestructura, solo 28% fue inversión privada, es decir que 72% de la inversión en infraestructura -que encima fue deficiente- provino del sector público. "Estos ratios contrastan con la década del 90, cuando la inversión en infraestructura promedió 5,7% del PBI y 88% de ella fue privada. En la última década, nos gastamos la infraestructura levantada en los 90: hay que volver a empezar", resalta Surt.

El tamaño de las empresas también influye en la decisión de invertir. "La inversión de las pymes es baja porque les cuesta acceder al financiamiento y, por ende, recurren a la reinversión de utilidades. Pero la rentabilidad empresaria cayó en los últimos años al compás de la apreciación cambiaria y los cambios en el contexto externo. Con menos rentabilidad y la demanda estancada, las pymes redujeron sus niveles de inversión", explica Capello. En cambio, en las empresas grandes, además de la menor rentabilidad y el estancamiento en la demanda, "influyó el discurso oficial, que hasta 2015 generaba un mal clima de negocios y una percepción de inseguridad jurídica, que desalentó las grandes inversiones", considera.

Lo qué falta

Según Dante Sica, si bien el cambio de ciclo es importante, los inversores están esperando más señales y marzo es clave por tres factores: el cierre del conflicto con los holdouts, la apertura del Congreso y las negociaciones paritarias. "Son tres hechos que van a darles a los inversores una señal no sólo de la dinámica y profundidad del cambio sino también de la capacidad de gobernabilidad de la actual gestión", enfatiza.

En tanto, Capello considera "clave" el mayor financiamiento disponible una vez que se concluya el acuerdo con los holdouts, además de la inversión extranjera y la eventual reversión de la fuga de capitales que pueda darse. Desde su óptica, con más confianza y un tipo de cambio más alto, parte de los recursos depositados en cajas de seguridad se volcaría nuevamente al mercado, movilizando la inversión y el consumo de bienes durables. "El acceso al financiamiento también permitirá aumentar la inversión pública, especialmente en obras de infraestructura viales y ligadas a la generación, transporte y distribución de energía", añade.

Para Ritondale, faltan señales contundentes de que el Gobierno "irá a fondo", aunque sea gradualmente, contra las fuentes de vulnerabilidad macroeconómica (el déficit fiscal y la inflación) y mejorará la calidad del marco institucional en el que se desarrollan las inversiones (la presión tributaria, la previsibilidad en las reglas de juego, la independencia de poderes, la transparencia estadística, el acceso a la información pública, etc.).


Inversores gradualistas


"Como el plan de ajuste y normalización que viene llevando a cabo el Gobierno es gradualista, es de esperar que la recuperación de la inversión también lo sea", evalúa Surt, quien opina que la normalización del frente externo puede impulsar este proceso mediante la llegada de capitales extranjeros. Pero ¿cuán graduales serán las decisiones de apostar a producir en el país?

Según Sica, a partir del segundo semestre, más específicamente en el último trimestre, habrá un fuerte ingreso de capitales para la inversión productiva. "Primero vamos a ver mucha más reinversión de utilidades de las que esperamos y después, entre el último trimestre de este año y 2017, será central el ingreso de capitales", anticipa. Es decir, según Abeceb, primero se expandirán los negocios actuales y habrá compras de compañías y, sobre todo a partir del año que viene, llegarán los proyectos greenfield, es decir, las nuevas inversiones desde cero.


"Si bien el Gobierno se está moviendo rápido para solucionar los problemas pendientes -levantó el cepo, renegoció la mayor parte de la deuda con los holdouts, está comprometido en bajar la inflación, etc.-, se requiere un cierto tiempo para que se comiencen a apreciar los beneficios de estas medidas y los inversores, que en muchos casos ya esperaron bastante, prefieren aguardar un poco más hasta ver que la situación se encamine favorablemente", sostiene Panico.


Para Gabriel Rubinstein, "estamos en etapa de reacomodamiento", en la cual las empresas y los inversores externos empiezan a mejorar sus expectativas. "Es difícil saber si habrá un boom o un proceso más paulatino, pero en todo caso, 2017 debería ser un año de muy clara inflexión positiva, desde la fuga de capitales de la era kirchnerista, a un flujo neto claramente positivo que esperamos en esta nueva era", prevé.


Si bien el arreglo con los holdouts anunciado esta semana permitiría ir acelerando ingreso de capitales desde este año, "sigue siendo previsible que vayan ingresando más fondos en 2017 que en 2016", opina. En sintonía, para Ritondale, "a partir del segundo semestre, la actividad económica empezará a mostrar signos positivos, consolidándose la recuperación especialmente el año próximo".

Sectores receptores

Los analistas consultados coinciden en que los principales sectores receptores de los flujos inversores serán aquellos en los que el país tiene ventajas comparativas -la agroindustria, la minería y la energía- y el de infraestructura, donde "hay un agotamiento infernal que atenta contra el desarrollo de la actividad económica", según el exsecretario de Industria Sica, quien además prevé que las telecomunicaciones resulten atractivas para los capitales.


En cuanto al timing, el especialista en Fusiones & Adquisiciones Panico prevé que, en un primer momento, las mayores inversiones se dirijan al sector energía (gas y petróleo) y al área de infraestructura. "Hay sectores donde no hubo inversión en más de 10 años y necesitan desarrollarse rápido para acompañar el crecimiento deseado del país, como los electroductos para el transporte de energía eléctrica, el tendido de fibra óptica, la expansión de la red de rutas y autopistas, la industria alimenticia y el desarrollo de energía alternativa", detalla en coincidencia con Sica.

Más allá de estas áreas, Colina advierte que "el Estado debería aplicar políticas industriales activas para atraer flujos importantes de inversión hacia los sectores industriales más vinculados con la metalmecánica, la maquinaría, la química y los bienes de capital en general".

En materia de políticas activas para la industria, más allá del plan canje de celulares, se esperan medidas de mayor envergadura y que promuevan el desarrollo de capacidades y no sólo las ventas. Según Ritondale, "hasta ahora no ha habido demasiadas novedades desde el Ministerio de la Producción; probablemente las conoceremos en los próximos meses".

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