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"El fenómeno inflacionario necesita un abordaje como el de Sturzenegger"

El economista Matías Tombolini acaba de publicar Economatrix, su tercer libro. El autor se propone "quitar el velo impuesto por los relatos de los proyectos políticos que gobernaron y gobiernan el país desde 2003".

Matías Tombolini acaba de publicar su último libro, Economatrix, donde intenta dar un paso más allá de los relatos formulados por los proyectos políticos que gobiernan el país desde 2003. Para el autor, si bien los relatos son "elementos necesarios, porque funcionan como argumentos validantes de los proyectos políticos", se vuelven un problema cuando se transforman en "el cuento de una fantasía". Y, según él, ni el kirchnerismo ni el macrismo quedaron exentos de este problema, aunque aclara que la distancia entre el relato y la realidad del actual Gobierno es de menor gravedad que la del anterior. Aún así, define a Cambiemos como el "gobierno del potencial", que cuenta "algo que va a pasar, pero sin tener algo que haya sucedido".
En una entrevista concedida a 3Días, da su visión sobre los vínculos que está trabando Macri con China, la crisis que vive Brasil y el rol del Banco Central, entre otros temas.

¿Te pareció un error que hayan dividido el ministerio que conducía Prat Gay en dos?
-Me parece que el loteo en la gestión no tiene buenos resultados por el momento en el que la Argentina se encuentra. Creo que los temas que aborda Nicolás Dujovne y los que aborda Luis Caputo necesitan una mirada, desde el punto de vista de la gestión, integral. Yo le sumaría Producción, sin duda, para tener todo dentro de un combo, que tiene que ver con una unicidad de criterio. Obviamente, lo que nos está mostrando es que el verdadero ministro de Economía es el Presidente.

¿Hace bien el Gobierno en dejar prácticamente en manos del Banco Central la baja de la inflación?
-Creo que es correcta la decisión y que es correcto tener allí a Federico Sturzenegger. Aún desde mi mirada heterodoxa, me da la sensación de que la comprensión del fenómeno inflacionario en la Argentina necesita un abordaje como el que tiene el presidente del Banco Central hoy, con una mirada de las causas monetarias. Y, en este sentido, hace falta un profesional que tenga el sesgo técnico y político de Sturzenegger para abordar el problema. Quizás esté la necesidad de tener un contrapeso político que vaya buscando mayor homogeneidad en el plan de Gobierno, porque tener un ortodoxo en el Banco Central y tener siete puntos de déficit fiscal no parecen cosas compatibles, lo cual hace que el Banco Central tenga que exagerar o sobreactuar la restricción en su política monetaria, subiendo la tasa más de lo que debería, y eso lastima la actividad del presente, a pesar de que, en el futuro, es razonable pensar que, si la inflación baja, eso es en sí mismo reactivante. Creo que sí, que es el Central el responsable de bajar la inflación y que durante años nos creímos el cuento de que la inflación era culpa de los empresarios, que no es coherente con suponer que hay empresarios en otros países sin inflación, ni tampoco con que, en la Argentina del 2004 al 2006, la inflación fue moderadamente baja y los empresarios eran los mismos que ahora.

¿No fue muy ambicioso plantear una inflación para este año entre el 12 y el 17%?
-La meta pensada en el momento en que se formuló el presupuesto podría haber sido razonable. El Gobierno relajó antes de tiempo la política monetaria en diciembre y en enero. Cuando uno mira el comportamiento de las tasas, claramente hay allí -me parece- un impulso de orden más bien político que estrictamente técnico. Una vez que el Gobierno percibe que la meta de inflación es difícil de ser cumplida, debería ser el primero que lo comunique, porque sino, entra en la dinámica que planteo en el libro, donde los números quedan lejos de los relatos. El relato no está mal, si es una manera de contar la realidad. Ahora, si te digo 17% y la inflación termina siendo 21%, por ejemplo, decís: "Son cuatro puntos más". Sí, son cuatro puntos más, pero en 17 es algo así como un 25% más de lo que previste. El año pasado erraste por el 50%, dijiste 25% y fue 40%. Entonces, la pregunta es cómo influye eso en la determinación de las expectativas de los agentes económicos para el período que viene. Porque el dato que el Gobierno otorga cuando dice su expectativa de inflación no es gratuito, no es que dice 17% para amagar; no. Está formando expectativas sobre las cuales se discuten paritarias y se hizo el presupuesto. En ese contexto, además, en la Argentina discutimos la cuota superior de la meta, es decir, 17%, cuando la meta era de 12 ó 17. Deberíamos discutir el promedio, que era 14,5%.

Después de las elecciones, ¿el Gobierno subirá el dólar?
-Creo que si hacen eso, el presidente del Banco Central renunciaría, porque no cree en eso. ¿Qué significa que suba el dólar? Que el Banco Central devalúe. Puede ser una opción. Ahora, si el Banco Central sale a pagar cualquier cosa por los dólares o baja la tasa, libera los pesos, sería totalmente contrario a la política que está llevando adelante hoy. Y, por tanto, podría tener efectos en los precios. No es que la devaluación es inflacionaria, sino que los motivos de esta devaluación podrían generar efectos inflacionarios. Y si el objetivo del Gobierno es desinflacionar la economía, no creo que suceda. Sí creo que el tipo de cambio de equilibrio de la Argentina es una cuestión que siempre se discute cuando en realidad lo que debería discutirse es cómo somos más competitivos dado el tipo de cambio que el mercado decide tener. La productividad es la que define la forma en que se remuneran los factores productivos, y no la ventaja coyuntural que pueda otorgar el tipo de cambio. Dicho esto, por supuesto que en la trayectoria hacia una mayor productividad, un tipo de cambio más competitivo parecería que hace las cosas más sencillas, por lo menos en el corto plazo. Un poco lo que le pasó a Néstor Kirchner entre 2003 y 2007.

¿Cómo puede afectarnos la crisis de Brasil?
-La primera pregunta es: ¿cuánto de la crisis institucional brasileña se transforma en una crisis económica en Brasil, más allá de los impactos iniciales de corto plazo? Brasil había comenzado un sendero de recuperación de su economía, por lo menos había dejado de caer, y para la Argentina, recién el año pasado supuso el 16% de las exportaciones, que históricamente fue del orden del 20%. Es nuestro principal destino de lo que le vendemos al mundo y proveedor de lo que le compramos al mundo y, por tanto, si la economía brasileña cae otra vez en un precipicio, sobre todo las manufacturas de origen industrial, a la Argentina se le va a complicar doblemente. Hoy se le complica por la contracción del consumo interno y porque si Brasil, en su crisis, devalúa más que la Argentina. Además, la Argentina se hace cara para Brasil, y la caída de las importaciones sería más severa. La crisis brasileña debería obligar a que el gobierno argentino tome un papel de liderazgo en el Mercosur, con el Presidente convocando a lo que todavía no convocó -sin meterse en los problemas institucionales de Brasil- para empezar a analizar una postura como país, primero, y como Mercosur, después, para ver qué tiene para decir respecto de la crisis institucional del socio más importante, como lo hizo con Venezuela, de una manera muy correcta.

¿Cómo nos puede beneficiar entablar relaciones comerciales con China? ¿No corremos el riesgo de caer en "relaciones carnales"?
-La posibilidad de formar parte del siglo XXI en términos de integración económica, por supuesto supone tener relaciones serias con China. Las relaciones carnales son relaciones asimétricas, en donde alguien da mucho más que el otro y China tiene una política de carácter imperial: no quiere exportar productos sino inversiones. La Argentina tiene que pararse en un lugar donde privilegie sus intereses de mediano plazo; no la llegada de inversiones para cortar cinta. Es un actor que hay que tener en cuenta y está bien que la Argentina mantenga relaciones, pero siempre y cuando tenga en claro los intereses que protege. Una cosa es ir a buscar inversiones y otra, conseguir lo que sea, a "pasar la gorra". Y eso determina el carácter de las inversiones que terminan llegando.

Modelo "M"

"Creo que existen un conjunto de iniciativas que responden a una idea que todavía no queda claro si es un modelo o una propaganda", dice el economista Matías Tombolini cuando se le pregunta si existe o no un "Modelo M". Aunque se encarga de aclarar: "Sí me parece que Macri ha tenido una mirada distinta -desde la propuesta- a la de Cristina, porque sí dijo: ‘no se crece como proponía ella, se crece de otro modo’. El tema es cuál es el nivel de convicción de Macri entre lo que piensa, dice y termina haciendo", remata.
Respecto de las idas y vueltas del Gobierno, "en función de la ‘opinión pública o publicada", Tombolini opina: "Me parece que es lo que no permite tener en claro hasta dónde hay un modelo o hay una gestión política en función de la conveniencia coyuntural".