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El cambio de las cámaras empresarias: sintonía con el Gobierno y más autocrítica

Con el recambio de autoridades, modificación de estatutos y estilos remozados, la dirigencia empresaria diseña su nuevo perfil, a tono con la era M. Prefieren líderes empresarios a gerentes en sus cúpulas, no temen alzar la voz si los planes de la Rosada afectan sus intereses y celebran el diálogo.

El cambio de las cámaras empresarias: sintonía con el Gobierno y más autocrítica

Nuevos vientos airean la dirigencia de las cámaras patronales, menos prevenidas ante un gobierno que sienten amigable y más dispuestas a cambiar gerentes por genuinos representantes del empresariado. Sus dirigentes -troupe íntegramente masculina- empezaron a salir al ruedo un poco más desinhibidos y hasta dispuestos a la autocrítica.

"El empresario tiene que tener rentabilidad. Pero no está bien que la ganancia sea exorbitante, porque saca a otro sector de juego". La sentencia corresponde a Mario Grinman, el entrerriano que ocupa la secretaría de la Cámara Argentina de Comercio, comandada desde hace un año por Jorge Di Fiori.

La entidad centenaria, de sesgo conservador y que reivindica la libertad de comercio como norma inapelable también se dio espacio para un refresh: el 29 de marzo modificó su estatuto y limitó la reelección indefinida de su presidente a sólo dos períodos consecutivos.

Según aseguran en la entidad, Di Fiori inauguró desde hace un año un estilo "mucho más participativo" del que tenía su antecesor, Carlos de la Vega. En cualquier gestión la entidad se proclama no partidaria, quizás por una cuestión práctica. "Nuestra tarea es gestionar. Por eso cultivamos la mejor relación con los gobiernos democráticos. No nos sirve que nos cierren puertas", acota Grinman.

Los banqueros también están definiendo ruta. Los extranjeros, representados por la Asociación de Bancos de la Argentina (ABA), ratificaron a Claudio Cesario por un nuevo mandato. Con trayectoria profesional ligada al sector, es un gerente con perfil funcional a las actuales necesidades del rubro.

Los bancos nacionales sí parecen dispuestos a oxigenar Adeba, reemplazando a Daniel Llambías. Según rumores del ambiente, no se le perdona que no haya defendido con más ahínco las comisiones bancarias sobre tarjetas de crédito. Hay al menos dos rasgos comunes que distinguen a la mayor parte de las conducciones empresarias, en ejercicio o en ciernes.

Uno es la simpatía confesa por el gobierno de Mauricio Macri, más allá de los reproches que todos los sectores tienen para formularle. No sólo hay una cuestión de empatía con una administración poblada de hombres que vienen de gestionar empresas, sino el temor al eventual retorno de un gobierno más confrontador.

"La alternativa puede ser infinitamente peor", especula ante este diario Gustavo Weiss, presidente de la Cámara Argentina de la Construcción. Lo singular es que este sector fue apañado por las políticas kirchneristas, que él conoció desde este mismo rol, antes de ser sucedido por Juan Chediack.

Otro denominador común de los gremios empresarios es la heterogeneidad de intereses que representan. La fragmentación puede ser más nítida en la Unión Industrial Argentina (UIA), donde comparten espacio grandes como Techint con pequeñas pymes del interior, que entre los constructores. Pero todas las organizaciones deben resolver algún dilema a la hora de diseñar una estrategia de lobby y comunicación.

Similar esmero hay en la UIA que hoy comanda Adrián Kaufmann, pero sólo hasta que en los comicios previstos para el 30 de mayo se consagre como nuevo titular Miguel Acevedo, elegido por consenso de las dos listas que habitualmente pugnan, Industriales y Celeste y Blanca, después de arduas discusiones.

El hombre de Aceitera General Deheza sumó finalmente más avales que Daniel Funes de Rioja, asociado a los intereses de las grandes firmas de la UIA y con prestigio como abogado laboralista pero sin industria.
El hombre de Arcor no quiso continuar en el cargo, que intentó ejercer con un estilo menos personalista y austero frente a la prensa. "La UIA se expresó por sus documentos, aunque éstos incomodaran al gobierno de turno", reivindica Kaufmann, para quien el mal lustro de la industria está por expirar, gracias a la reanimación del consumo.

Idéntica idea de Luis Pagani, dueño del holding golosinero de Córdoba. El aceitero Acevedo cumple dos condiciones fundamentales en esta coyuntura fabril: es empresario y hace años que viene construyendo su lugar en ese gremio. Con él se podría honrar la consigna de que no haya ni un paracaidista ni un gerente que sea sólo lobbista frente a la Unión, según aspiran muchos de sus representantes actuales. La otra partida será conformar los cuerpos directivos de la Unión, para albergar en ellos a delegados de más de mil cámaras. "No es lo mismo una alimenticia que una automotriz", acota Cristiano Ratazzi (Fiat), más cauto y menos locuaz que en otros momentos a la hora de hablar de las internas de su entidad.

En la Asociación Empresaria Argentina (AEA) también se especula con que el tiempo de Jaime Campos podría llegar a su fin en el próximo recambio de autoridades, previsto para diciembre. Aunque estatutariamente la reelección puede ser indefinida. No es que haya objeciones al hombre que presidió la entidad durante muchos años, después que Pagani dejara ese lugar. Simplemente, el clima más distendido en relación al Gobierno que se vive con el macrismo, permite pensar que esta asociación diversa de CEOS de grandes empresas puede volver a estar representada por un líder de empresa.

Menos temor

Hay menos miedo a exponerse a las presiones que pudieran provenir de la administración estatal, como ocurrió durante el gobierno anterior, en el que varias empresas renunciaron por expreso pedido del Gobierno, so pena de recibir una reprimenda. No había entonces (ni hay ahora) empresas dispuestas a alzar la voz bajo riesgo de que se hiera su negocio con una medida oficial.

El kirchnerismo siempre percibió a AEA como expresión de un conservadurismo reaccionario que sentía aversión por sus políticas. Algo que Campos implícitamente reconoce denostando lo que llama "populismo".
Con un sesgo ideológico similar la Sociedad Rural Argentina (SRA) reivindica en boca de su titular, Luis Miguel Etchevere, lo que a su juicio deberían ser mandato ineludibles de la organización económica: "Legitimidad del lucro, libertad de comercio y respeto a la propiedad privada", recuerda.

Este productor entrerriano, abogado y formado en la actividad de esta entidad agropecuaria desde hace veinte años, tiene mandato hasta septiembre del 2018. Pero acá tampoco hay límites para la reelección que se hace por consenso.

"La Rural no es oportunista y no ajustamos nuestros criterios al gobierno de turno" asegura.
La construcción está de buen talante por la reanimación de la actividad pública, principal espaldarazo para su incipiente boom. Y su dirigencia, hoy liderada por Weiss, no se siente involucrada por los reproches oficiales a los constructores, protagonistas de presuntos y resonantes hechos de corrupción, que el secretario de Transporte, Guillermo Dietrich, no deja de denunciar.

Otros sectores como la minería y el petróleo también buscan un nuevo perfil. CAEM, la Cámara Argentina de Empresarios Mineros, encontró un camino diferente con Marcelo Alvarez, cuya eventual reelección se decide hoy. "No defendemos a ninguna empresa en particular", aclara el hombre de Gold Corp, convencido de que la minería sólo tendrá licencia social si prueba que no usa en la Argentina estándares de calidad inferiores que en el resto del mundo. El conductor de la cámara no debería ser un defensor de negocios particulares sino un depurador de la controvertida imagen de la minería.

Cambios discretos

Con discreción, los petroleros también jugaron su interna en la reciente renovación de autoridades de la Cámara de Empresas Productoras de Hidrocarburos que por 27 años condujo Oscar Vicente, quien terminó su mandato sin representar a ninguna firma luego de su partida de Entre Lomas (Petrobras y Apco).

En una reñida votación de 15 sufragios contra 13 se consagró Carlos Seijo, hombre de Total, que en esta puja representa los intereses de las grandes firmas integradas como YPF y PAE, en desmedro de otras productoras "puras" (que no refinan) como Tecpetrol o Pluspetrol, cuyo candidato era Rubén Sabatini, de ésta última. Sin embargo, ahora todos se alinearán tras los objetivos comunes como defender un alto valor del gas boca de pozo o comunicar las bondades del fracking, práctica tan polémica como imprescindible para la explotación de los no convencionales.

A ninguna cámara parece desvelarle las elecciones de octubre próximo. Salvo los constructores, que advierten como un potencial peligro un triunfo electoral opositor por amplio margen. Este nuevo estado hormonal de los gremios patronales los encuentra levantando una misma bandera: el Estado debe hacer algo para ganar competitividad. Y similar prurito: no pedir devaluación. En cualquier caso, todos coinciden que con el macrismo el diálogo está siempre abierto.

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Comentarios1
Alfredo Federico
Alfredo Federico 28/04/2017 12:49:13

"La alternativa puede ser infinitamente peor" es la mejor e inteligente definicion. lo que no supieron definir los sindicatos porque estan liderados tambien por empresarios