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"El acuerdo con los holdouts no es un buen acuerdo, pero era el único posible"

La diputada y excandidata presidencial por Progresistas afirma que ésta era "la única salida" que tenía el Gobierno dado el estado de necesidad en el que está el país. Valora la actitud dialoguista del macrismo, pero critica "los errores" cometidos en el plano jurídico. Vuelve a cargar duro contra Cristina Kirchner en la causa Hotesur, donde insiste en ser querellante.

Mientras insiste ante la Justicia para que le conceda ser parte querellante en la causa Hotesur donde se investiga por presunto lavado de dinero a la expresidenta Cristina Kirchner y su familia, Margarita Stolbizer hizo tándem esta semana con su aliado político Sergio Massa (ver recuadro) para acompañar en el Congreso el dictamen que promueve la derogación de las leyes clave con el que el Gobierno espera avanzar en un acuerdo con los holdouts que le dé un cierre definitivo al default. En medio de esas cuestiones, se hizo un hueco para conversar con 3Días.

El Gobierno consiguió esta semana dictamen para poder acordar con los holdouts y dejar atrás el default. ¿Es el mejor acuerdo posible el que negocia el macrismo?
- Tratemos de sacarle el calificativo del "mejor", creo que es el único acuerdo posible. No es un buen acuerdo porque no tenemos una buena situación, el pago es injusto, la sentencia es muy injusta, y ése es el único acuerdo al que se podía arribar en estas condiciones, atento, además, al estado de necesidad que la Argentina tiene. No había otro margen, el Gobierno llega a esta negociación prácticamente como única salida.

¿Hay garantías, como dice el macrismo, de que no se abrirán nuevos reclamos?
- Siempre el margen sigue existiendo, muy mínimo, pero existe la posibilidad de que haya un reclamo. Lo que ocurre es que un reclamo en medio de un acuerdo que involucra a la enorme mayoría y, en estos términos, desde luego que tiene menos posibilidades también. Lo que planteamos es que es un acuerdo prácticamente necesario y de emergencia, aún con los riesgos que significa.

Esta semana volvió a insistir ante la Justicia para que se le permita ser querellante en la causa Hotesur, que justamente usted motorizó. ¿Por qué la Justicia se opone?
- Yo tenía el rechazo a mi pedido en primera instancia, por Rafecas, y en segunda instancia, por la Cámara de los jueces (Eduardo) Freiler y (Jorge) Ballestero. Casación convocó a una audiencia pública, la otra parte no fue, donde yo planteé mis argumentos, más que de orden procesal, de orden constitucional, fundado en la gravedad institucional que tiene lo que se está investigando. Ahora hay cinco días para que la Cámara de Casación resuelva.

¿En qué se basaron hasta ahora los jueces para rechazar su planteo?
- Ellos toman el artículo 82 del Código Procesal, que es el que exige la existencia de un interés directo y legítimo de la parte que actúa como querellante. Yo planteo que, dada la gravedad institucional, lo que hay que considerar es que lo que está afectado en un delito donde se investiga la corrupción, los delitos contra la administración pública. Ellos dicen que aún yo siendo diputada, no es condición suficiente para representar ese interés general. Lo que hice fue utilizar un argumento diferente, digo que la Cámara de Casación podría saltear la aplicación del artículo 82 y concederme esa calidad como la Corte ha salteado instancias apuntando a lo que hay en juego.

¿Cree que Cristina debe empezar a mirarse en el espejo de Lula por las causas que la tienen en la mira por casos de corrupción?
- No me genera una conmoción demasiado grande lo que pasa en Brasil, yo creo que Cristina tiene que mirarse a sí misma en todas la causas judiciales que hay en marcha, dentro de las cuales, Hotesur es, si se quiere, la causa principal. Es una causa madre de la cual dependen muchas otras, porque todas las que investigan a Lázaro Báez, el lavado de dinero, la ruta del dinero, la utilización de facturas truchas, más las irregularidaes en las declaraciones juradas, en los plazos fijos, hay una cantidad de causas que son las que están por detrás de toda esa maraña de sociedades pantalla y testaferros que armó la familia Kirchner y creo que hay que mirar esa maraña de relaciones donde lo imposible es justificar ese patrimonio que tienen y que han ido amasando en los años en que fueron funcionarios públicos.

El kirchnerismo se fue del poder y, sin embargo, sigue habiendo llamativa lentitud en la Justicia, en particular en el caso Hotesur desde que pasa a manos de Rafecas.
- Avanzó bastante mientras la tenía Bonadío hasta que pasó a Rafecas, que se sentó sobre la causa, planchó la investigación y no avanzó. Y hace dos semanas, desguazó la causa, manda la parte principal a Ercolini para que la sume a causas que éste ya tenía archivadas. Y él se queda con dos partes: Aerolíneas y el tema del enriquecimiento del tema de los plazos fijos. Él podría avanzar en esas, pero creo que tiene más conexidad la causa madre de Hotesur con esas que Rafecas se quedó que con las que tiene Ercolini. Esa decisión de dividir la causa está apelada por el fiscal Stornelli.

Más allá de la marcha judicial, ¿ve voluntad política suficiente para que esto avance?
- La voluntad es casi voluntarismo, decir que "la Justicia investigue, no nos metemos, no vamos a intervenir..." La Justicia necesita también un Ejecutivo que coopere, que envíe documentación, que promueva las causas. Otro argumento que utilicé para ser considerada querellante es que el Estado no se presentó como tal en esa causa, cosa que debería haber hecho porque son causas que se investigan delitos contra la administración pública.

¿Puede terminar presa la expresidenta por el caso Hotesur como muchos especulan? ¿Hay pruebas suficientes?
- Pruebas, sí. Yo creo que hay que ser cuidadoso con el tema. La prisión es una sanción que corre siempre muy por detrás de los procesos de investigación. Tiene que ir con la cautela que significa respetar la marcha de los procesos. Lo importante es que la citen a prestar declaración indagatoria, que la procesen, después verán qué tipo de sanción se le aplica. Si tuviera que elegir la sanción, a esta altura, prefiero que le apliquen una inhabilitación perpetua, de por vida, para ocupar cargos públicos. Y que devuelvan lo que se llevaron.

El Gobierno va a enviar una ley del arrepentido al Congreso para casos de corrupción. Se anticipan resistencias. ¿Hay una mirada corporativa en la dirigencia en estos temas?
- El problema no es lo corporativo o no, uno tiene que evaluar las medidas en términos de eficacia. La ley del arrepentido tiene un inconveniente, porque lo que hace es invitar a un delincuente a delatar a sus cómplices para obtener una pena menor. Si un problema tiene la investigación en Brasil es que hoy se investiga a Lula por un arrepentido. Entonces termina debilitando la investigación cuando ésta se basa en un arrepentido que para beneficiarse él está inculpando al otro. Hay que ser muy cuidadoso. Yo soy más favorable a que discutamos medidas preventivas que sólo las cosas que se pueden hacer para condenar. Es muy bueno que se investigue, que los jueces tengan herramientas, pero hoy es más importante que haya una ley de acceso a la información pública y protocolos para resolver los conflictos de interés entre los empresarios que están en el Gobierno. No tengo una posición definitiva.

En una semana se cumplen 100 días del gobierno de Macri. ¿Qué balance tiene?
- Creo que el Gobierno tiene luces y sombras, las tiene el Gabinete y las medidas tomadas. Trato de adjudicarle buenas intenciones, hay ministros que muestran buena actividad, perician lo que hacen y creo que les cuesta mucho más en términos institucionales. Yo le tengo hoy menos miedo a lo que pasa en el ámbito de la economía que a los errores que cometen en el plano jurídico. Yo me opuse no sólo al decreto de designación de los miembros de la Corte en comisión, creo que varios decretos posteriores, el de emergencia en seguridad, por ejemplo, son bastante inconcebibles y uno no sabe si es parte de la impericia, de la búsqueda de hacer gestos de autoridad y entonces cometen errores y torpezas en el camino.

Hay correciones, de todos modos.
- Lo más positivo es el cambio de actitud. El cambio más grande que tenemos respecto de los últimos 10 años es que dialogan, escuchan, están dispuestos a rectificar, a aceptar, me llaman los ministros para discutir sabiendo que tengo posiciones distintas. Eso me genera una expectativa positiva hacia adelante.