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MARTES 19/03/2019

"Discutir la reivindicación de la ‘juventud maravillosa’ te lleva a la grieta"

El economista y gerente general del Banco Central acaba de debutar como autor de ficción con La caja Topper, novela que escribe a partir de una caja llena de recuerdos que recibió tras la muerte de su madre. A lo largo de sus páginas, Gadano reconstruye su vida y la de su familia, que estuvo marcada por la militancia de sus padres en los 70.

El economista, gerente general del Banco Central y autor de uno de los libros más consultados por los petroleros, Historia del petróleo en la Argentina, acaba de publicar su novela iniciática, La caja Topper, en la que intercala recuerdos de su infancia y adolescencia con las reflexiones de un hombre que ya pasó los 50.

Gadano tuvo una vida marcada por la militancia de sus padres: ambos fueron montoneros. "Durante mi primer año de vida, mi viejo se pasó cuatro meses de entrenamiento guerrillero en La Habana", escribe el autor de la novela que tuvo como disparador una caja de zapatos en la que su madre guardaba recuerdos familiares como cartas, postales, dibujos, fotos y pasaportes, y que él recibió luego de su muerte.

"No es un ensayo, tampoco una autobiografía. Son episodios novelados. El límite entre la ficción y la realidad lo administré yo", aclara el economista, que narra sin respetar un orden cronológico, su exilio -y el de su familia-, primero en Brasil, luego en México, durante la última dictadura militar. También revive su visita a Cuba cuando era adolescente y su niñez en Neuquén.

En un mano a mano con 3Días, Gadano cuenta qué lo llevó a escribir este libro, en el que deja al descubierto su vida y la de su familia, da su opinión sobre la compatibilidad entre la paternidad y la militancia y asegura que logró convivir, en todos estos años, con miembros de ambos lados de "la grieta".

¿Escribiste el libro para comprender la vida de tus padres, como dice la cita que está al comienzo del principio?

-No sé si para comprender, pero es una reflexión de la importancia que, en determinado momento tiene, por lo menos para mí, la vida de nuestros padres, sus motivaciones, por qué hicieron las cosas que hicieron, que a nosotros nos impactaron como hijos, y que uno nunca termina de entender del todo.

¿Como cuáles?

-Algunas decisiones. Hay una, por ejemplo, muy crítica que, en plena dictadura, a fines del ‘76, nos vamos con mi vieja y mi hermano, a Brasil, y mi papá se queda en Buenos Aires. Y, después de estar unos meses en Brasil, volvemos a Buenos Aires. Es una decisión que me cuesta entender, más de mi mamá, que ya murió. Y creo que nunca la voy a entender del todo. Pero bueno...

Ella te dio una explicación, pero no te gustó.

-Porque me dijo: "Vos extrañabas mucho". Y yo tenía 10 años. Entonces, que yo haya sido el responsable de esa decisión tan riesgosa no me gustó. Pero uno, cuando crece, se da cuenta que toma decisiones que no puede explicar bien. Así que, no sé si termino entendiendo, pero sí aceptando cómo fueron las cosas.

Para vos, como padre, ¿es compatible la militancia con la paternidad?

-Sí, es compatible. Lo que pasa es que genera un montón de cosas, como muchas otras actividades muy intensas, en este caso, con riesgo de vida. Y que, sin dudas, tiene un montón de consecuencias sobre crianza de los hijos y sobre la dinámica de una familia. En el libro está el reclamo de un hijo que dice: "Eso provocó cosas no todas buenas", pero también hay como una sensación de añoranza de algo que es poner la vida en riesgo, y la intensidad de la militancia revolucionaria, que en mi generación no la tenemos. Hay una parte que es "por suerte no la tenemos", vivimos en una vida más apacible, sin violencia política, y sin dictadura. Pero, a la vez, la vida más apacible puede generar cierta ansiedad también.

De hecho, en La caja Topper, te preguntás si tu padre se habrá volcado a la militancia porque estaba aburrido; aludís a la vida "chata" en General Roca . ¿Hubo algo de eso?

-No porque estaba aburrido. Pero sí, cuando releo sus cartas a mi mamá, veo que algo muy potente en él era salir de General Roca, que es una ciudad muy de clase media, chiquita. Siempre fue una ciudad muy equilibrada socialmente, no sé cómo está ahora. Y la gente de Roca, en general, lo que quería era comprarse una casa mejor, un auto. Y vi en esas cartas, sobre todo en mi papá, que quería algo más. Pero, lo que a veces me pregunto es si salir de Roca fue su impulso para todo esto. O sea, romper con lo que le ofrecían mis abuelos: la vida de Roca. Y, por ahí, hay algo en eso.

Decís que tu mamá trató de resguardarlos a ustedes para que ninguna decisión los afectara de manera definitiva. ¿Lo logró?

-Lo logró. Cuando hablo de eso, me refiero a cosas muy críticas. Una es la vida mía, la de mi hermano, y la de ellos. Ellos sobrevivieron a la dictadura. Otros muchos compañeros de ellos, no. Y eso, a los hijos, los marcó. En el libro digo: "No sé si podría escribir de la misma manera si a mi papá lo hubieran secuestrado". Después, en otras cosas, que eran muy de la época, y sé que mi vieja se opuso, que era proletarizarse. Era irse a vivir a un barrio obrero o a una villa, para estar más en contacto con la realidad, y que eso creo que a mí, a los ocho o nueve años, me hubieran provocado un shock bastante fuerte. Porque hubiera significado dejar mi escuela, a mis amigos, y tener que empezar en otro lugar.

Antes del libro, habías escrito una columna en la que anticipabas algunas de las historias que contás ahora. En ese momento, tu papá te reprochó que haya sido publicada en Clarín, cuando uno imagina que podría haberte planteado la manera en que expusiste la vida de tu familia.

-En general, casi toda la gente que expongo lo leyó antes. Y, con mi papá, es un poco más difícil, hay una cuestión siempre muy política, que está puesta en el libro, y que por momentos le parece que esto puede ser usado para atacar a la militancia y la derecha y qué sé yo... Yo, en todo momento, le aclaro a él, y a los lectores, que no es un ensayo sobre los ‘70, puede haber un montón de cosas implícitas, pero, en realidad, es una novela que reconstruye episodios de mi vida, en función de los documentos de la caja, y que es subjetiva, arbitraria. No es un vehículo para discutir la militancia y los ‘70. Yo ya tengo 52, hice un proceso. En algunas cosas sigo pensando igual que mis viejos, en otras no.

También contás que cuando fuiste a Cuba te identificabas con los "contrarrevolucionarios", que escuchaban Led Zeppelin, y usaban el pelo largo, como vos. Estas contradicciones, ¿se las planteabas a tus padres?

-Sí, se los conté y ellos se reían. Llegué a La Habana y me dijeron: "Esos que son iguales a ustedes son los malos acá". Algo me sonaba mal porque en México, nosotros nos diferenciábamos de lo que acá sería los "chetos" y llamaban allá los "fresas" justamente con una contracultura que se basaba en esos elementos, el pelo largo, los jeans viejos. Entonces, cuando esos chicos nos venían a hablar en La Habana, yo no podía pensar que eran los malos. Esos eran los "como nosotros". Eso es un ejemplo de cómo empecé a ver que algunas cosas no me cerraban. Mis viejos siempre fueron muy abiertos. Entonces, quizá, ese pensamiento crítico que me inculcaron, me llevó a ver las cosas y a no comprar todos los buzones. Quizá es el primer recuerdo de algo con lo que dije "no comulgo".

¿Cómo viste la reivindicación de la "juventud maravillosa" durante el kirchnerismo?

-Es una discusión que prefiero evitar, porque sino te lleva a "la grieta". He logrado, creo, convivir tanto en mis amistades, en mi familia y en mi trabajo. Yo soy gerente general del Banco Central, fui jefe de Gabinete de Nico Dujovne, pero también fui asesor de Miguel Galuccio en YPF hasta el final del gobierno de Cristina. Alguna gente, muy esquemática y muy cerrada, decía: "¿Cómo vas a estar ahí?". Creo que Miguel hizo una gran gestión. Y yo podía convivir.

¿Qué opinás sobre el proceso de "argentinización" de YPF, que estos días volvió a ponerse en agenda?

-Fue un proceso, como mínimo, muy extraño. Repsol le facilitó el acceso con financiamiento propio, y de terceros, a un grupo que no tenía ningún antecedente en materia petrolera. Y, además de darles ese financiamiento para hacerse de un porcentaje minoritario de las acciones de YPF, con ese porcentaje, le dieron el management, es decir, la posición del CEO, y algunas vicepresidencias más. Entonces, todo eso fue muy extraño, y creo que todo lo que contribuya a sacar a la luz esa operación, y entender bien cómo y por qué se hizo, es positivo.

Debut

"Tengo que hacer la parte dos de Historia del petróleo en la Argentina, me lo piden los petroleros", dice en broma Nicolás Gadano, cuando se le pregunta si tiene en el radar escribir una segunda novela, tras su debut con La caja Topper.

Si bien su primer libro dista mucho de ser una novela, como La caja Topper, el autor establece un paralelismo entre ambos textos: están estructurados en torno a documentos fidedignos. "Lo que pasa es que son documentos de mi vida, muy íntimos, de mi familia. En la historia del petróleo, tenía que hacer un recorrido riguroso. Acá no. Es totalmente arbitrario, salto. Fue un proceso mucho más libre. Y me saca de la discusión política", dice al hablar de su novela.

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