Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar
U$D
/
MERVAL

Desiertos, costas y montañas

Recostado sobre el Pacífico y separado de Cuyo y el NOA por la imponencia de la Cordillera de los Andes, el norte chileno ofrece en su accidentada silueta longilínea un sinfín de fotografías diferentes y de paisajes naturales tan distintos como sus propios habitantes.

Desiertos, costas y montañas

El color ocre del árido desierto seduce con fuerza a quienes llegan a visitar el norte chileno. Se luce con su aridez, su sequía, sus soberbias alturas andinas y las inevitables canteras de minerales. Los interminables salares, los frágiles arbustos que colorean tímidamente el desierto, las llamas, la arqueología y los vestigios del camino incaico son algunos de sus atractivos principales. En dirección norte, saliendo de la región central chilena y de su ciudad capital, Santiago, cientos de pequeños pueblos se diseminan por todo el territorio desarrollando sus producciones regionales y conservando costumbres ancestrales que desafían al tiempo.

El norte, un paisaje rojizo

El sol se asoma sereno y en pleno amanecer tiñe de un cálido anaranjado la humilde iglesia de adobe que vigila la plaza central de San Pedro de Atacama. El viento sigue silbando suave y el pueblo se despereza casi indefenso, custodiado por la inmensidad del desierto y por los inalcanzables picos cordilleranos.

En los rústicos bares de techo de paja comparten desde temprano charlas y mesas de café los arqueólogos que llegan en busca de riquezas ocultas, turistas de todo el mundo e incansables mochileros que intentan hurgar entre los míticos y legendarios poderes mágicos de los cactus atacameños. Después de merodear sin rumbo por las calles de tierra, nadie debe privarse de visitar el museo Padre Gustavo Le Paige, dedicado íntegramente a las antiguas culturas indígenas. El lugar fue levantado en memoria del sacerdote jesuita que, luego de llegar de su Bélgica natal en 1955, pasó los últimos 25 años de su vida excavando cementerios y estudiando la historia del pueblo. Allí mismo, las miradas se detienen atónitas frente a una momia de una mujer que habitó estas tierras y ante los pequeños tubos y tablillas de madera que los indígenas del lugar usaban para consumir drogas alucinógenas.

Desde San Pedro pueden contratarse excursiones al Salar de Atacama o al emocionante Valle de la Luna. A solo 40 kilómetros en dirección sudeste, muy cerca de la provincia de Salta, se encuentra Toconao, un pequeño pueblo conocido por sus construcciones de roca volcánica, por el indescriptible sabor de sus frutas y por sus típicas ropas de lana.

Con vista al mar

Hacia el norte y sobre la costa del Pacífico, el histórico puerto de Iquique se ofrece con todo el esplendor turístico representando la capital de la Primera Región. Las playas más concurridas, Cavancha y Brava, se encuentran secundadas de lujosos hoteles y restaurantes de comida internacional. La Av. Balmaceda, que llega hasta Punta Lobos transformada en la ruta Nº1, comunica la villa veraniega con el sector céntrico en un exquisito recorrido por la costa.

En la zona portuaria, el Museo Naval rememora una de las últimas batallas de la Guerra del Pacífico, en la que Arturo Prat, en 1879 y al mando de la fragata Esmeralda, murió intentando abordar el acorazado peruano Huáscar, que estaba bajo las órdenes del comandante Grau. Poco después de este enfrentamiento, en el Combate Naval de Angamos, el comandante peruano fue derrotado y su navío fue capturado para permanecer hasta el día de hoy en el Puerto de Talcahuano (puede visitarse). Paradójicamente, ambos héroes de la Guerra del Pacífico, el chileno Arturo Prat y el peruano Miguel Grau, murieron en el mismo año, en la misma guerra y en el mismo barco.

En el camino hacia el sur (siempre por la ruta nacional Nº5), a la altura de la III región (de Atacama), los amarronados paisajes áridos y secos van cediendo paulatinamente entre modestas pero decorosas vegetaciones costeras. Las pequeñas ciudades de Caldera, Bahía Inglesa y Puerto Viejo combinan de manera majestuosa las aguas tibias y cristalinas con la serenidad de la que suelen gozar los pueblos de pescadores.

Hacia la zona de la cordillera y con un desfile de picos nevados de fondo, las lagunas Verde y Escondida contrastan el color ámbar de sus aguas con el paisaje grisáceo de formaciones rocosas antiquísimas.

De a poco, las lluvias invernales aparecen y el desolado y semidesértico cuadro norteño comienza a transformarse en verdes valles trabajados por la agricultura, dejando lugar, en algunos casos, a serranías y lomajes de interminable colorido, con recorridos repletos de flores que como borbotones intentan despegarse del suelo.

Casi llegando al centro del territorio y dispuesto como si fuera un espectador privilegiado, el entramado urbano conformado por La Serena y por la histórica ciudad de Coquimbo, se ofrece irresistible para gozar de la tranquilidad de las suaves arenas blancas.

Un recorrido completo por éste, uno de los más atrayentes sectores turísticos del país, deja entrever dos facetas que se complementan armónicamente. Por un lado, la tentadora espuma salada de sus costas, los hoteles lujosos y las luces nocturnas de la Av. del Mar. Y, por el otro, sus antiquísimos campanarios, sus caminos coloniales y el peculiar ambiente portuario. Además, a menos de 100 kilómetros de La Serena, en el cerro Tololo, se encuentra uno de los observatorios más importantes de América.

Datos útiles

- Hay vuelos diarios a Santiago de Chile con precios que empiezan en los $ 4700.
- Si bien se puede conectar con vuelos hacia el norte, una muy buena opción es alquilar un auto y recorrer Chile por tierra.
- El alquiler de un auto en Chile ronda los u$s 300 semanales.
- Los hoteles 3/4 estrellas cuestan entre u$s 140 y u$s 200.