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Delgado sobre Odebrecht: "Cuando avanzamos fuerte, se agudizaron mis problemas en la Justicia"

El fiscal Federico Delgado acaba de publicar su segundo libro Injusticia, donde cuenta "la catástrofe del Poder judicial". En un mano a mano con 3Días, habla sobre la crisis que atraviesa la justicia argentina, la ausencia de presos por corrupción, sus problemas con el juez Bonadío y las dificultades que tiene para investigar al poder, más allá del gobierno de turno.

En los últimos días, el fiscal Federico Delgado fue noticia. Pero no por la publicación de su segundo libro, Injusticia. Sino porque el empresario Jorge "Corcho" Rodríguez pidió su apartamiento del caso Odebrecht -que finalmente no se concretó- , luego de que lo llamara a indagatoria, por presunto pago de coimas. Y, en las últimas horas, su apellido volvió a ser noticia, cuando el juez Marcelo Martínez de Giorgi lo citó a prestar declaración indagatoria, en la causa que está acusado por difundir "información sensible" del caso Time Warp.

 

En diálogo con 3Días, el fiscal que tuvo entre sus manos algunas de las causas más resonantes de los últimos tiempos habla sobre estos movimientos que hubo en la Justicia, y asegura: "Cuando avanzamos fuerte, se agudizaron mis problemas". También, habla sobre su libro, la "crisis terminal" que atraviesa la Justicia y los avances de esta sobre los otros poderes del Estado.

 

¿Por qué la Justicia está en una crisis terminal?

-Porque no le cree nadie; ni los imputados, ni las víctimas ni la sociedad. Entonces, ¿para qué nos sirve un sistema judicial al que nadie le cree? Hay que trabajar sobre eso, y me pareció que yo podía hacerlo: brindar una opinión teórica, mezclada con experiencia.

 

¿Cómo llegamos a una crisis y qué impulsarías con mayor urgencia para revertirla?

-Llegamos por un proceso de muchos años, que debe tener 30 ó 40 años, que también es parte de la decadencia de la sociedad argentina, la Justicia no escapa a un proceso de decadencia general. Y, después, básicamente lo que se puede hacer son dos o tres cosas: rápidamente, meter luz pública y mecanismos de rendición de cuentas dentro de la Justicia. Ya. Y, después, para hacer una cosa a más largo plazo, hay que hacer profundos cambios culturales que tienen que ver con la capacitación y, fundamentalmente, con recuperar la noción de servicio público. La Justicia es un servicio público, y si es un servicio público, quienes la integran tienen que brindarse para los demás.

 

Hacer tu trabajo, ¿es igual con el actual gobierno que con el kirchnerismo?

-Sí, porque el poder nunca quiere que lo investiguen. Nunca tolera que lo investiguen. Hay matices, cosas diferentes, aproximaciones diferentes, pero el poder no quiere que lo investiguen.

 

¿Y siguen habiendo operadores?

-Los operadores y los servicios, en una estructura institucional como la Argentina, que es tan porosa, y por la que se cuelan intereses de todo tipo y color, ¿cómo no van a haber servicios y operadores? Sería una mentira decir que no. Después, está la relación que cada uno tenga con esa gente, y es una cuestión personal. Pero lo grave es, justamente, que las instituciones permiten que esos agujeros existan.

 

Alertás que la Justicia está avanzando sobre los otros poderes. ¿En qué lo ves?

-Me parece que los jueces -justamente por el problema del desafío hacia la credibilidad de la Justicia-, para dar una respuesta, se meten en terrenos que no son los de ellos, se meten a responder preguntas que no pueden ni deben responder y que eso lo que hace es socavar, aun más, su legitimidad.

 

¿Por ejemplo?

-Por ejemplo, cuando una persona se presenta y denuncia a un ministro porque no hay viviendas. La Justicia Penal no es el lugar para discutir eso. Pero muchas veces abren las causas para dar una respuesta, y se produce una cosa muy loca porque, inicialmente, las personas se ilusionan pero, más temprano que tarde, un juez no puede responder eso. Y genera más descreimiento.

 

Pero la política también usa a la Justicia...

-Porque no hay ningún lugar donde puedas conseguir valiosos segundos de televisión gratis y exposición pública gratis y cobertura de muchos medios gratis, más que haciendo una denuncia. No tiene ningún costo porque, además, los colegios de abogados no denuncian a los abogados que denuncian pavadas y no hay costo para ninguna persona que denuncie cosas sin sentido en Tribunales. Y eso también es rendición de cuentas. Y sería un ejercicio de responsabilidad ciudadana que la gente se haga cargo de lo que denuncia.

 

A nosotros, como contribuyentes, sí nos significa un costo...

-Absolutamente. La sociedad, a veces, subsidia a algunos tipos que se hacen autopublicidad utilizando la Justicia, porque es un subsidio encubierto. Sin embargo, es una cosa que no se discute, y debería discutirse.

 

¿Cómo se revierte ese descreimiento?

-Fernando Henrique Cardoso decía que gobernar es explicar. Y los jueces son un poder de gobierno, y lo que tienen que hacer es explicar los porqué y hacer un trabajo en el tiempo, y tratar de ser claros, y explicar por qué llegan a sus conclusiones, y es muy probable que cuando den explicaciones convincentes, que estén ancladas en pruebas y que, fundamentalmente, estén dotadas de sentido común, la sociedad les va a empezar a creer. Pero gobernar es explicar. Hay que explicar, hay que meter luz pública y explicar y explicar... Es como en tu vida personal: cuando menos te creen es cuando más tenés que explicar.

 

En otros países, a diferencia de la Argentina, el caso Odebrecht está mucho más avanzada porque existe la delación premiada. ¿Acá funcionaría aplicar ese mecanismo?

-Es una cuestión más bien ética: tenés que resolver si vas a pactar con delincuentes. Si el Estado resuelve pactar con delincuentes, funciona, porque los tipos no pueden mentir, tienen que probar todo lo que dicen, y con una sola mentira que digan, pierden todos los beneficios que tenían. Por ejemplo, el caso de Meirelles, por el que a mí me denunció Bonadío, y otros más, que en todo el mundo son testigos y acá van a ser imputados. ¿Esto qué quiere decir? Que en todo el mundo les creen, menos acá. Pero, ¿por qué les creen en todo el mundo? ¿Porque son tontos? No. Porque los tipos firmaron estos convenios, que si se corren una coma de la verdad, automáticamente les caen 30 años de prisión por la cabeza, entonces no es una cuestión de que Bonadío quiera creerles o yo no quiera creerles, los tipos tienen un contrato firmado, donde se les obliga a decir la verdad y corren riesgos muy altos. (Ver recuadro Contra Bonadío)

 

En la Argentina, las penas por corrupción son muy bajas. ¿Sería "tentadora" la delación premiada?

-Son bajas, pero más que bajas o altas, el problema es que no se cumplen. Es una pregunta que no se puede responder porque no hay presos por corrupción. Porque, además, cuando hay condenas, son en suspenso.

 

Volviendo a Odebrecht, tiene que ver con lo que había denunciado Lavagna en su momento, ¿verdad?

-¡Obvio! Yo te digo, nosotros acusamos a Odebrecht en la fiscalía en el 2007. Acusamos a Odebrecht y a De Vido por un negociado. ¡2007! Hay un libro, de Pablo Abiad, que cito en el dictamen, se llama El club de la obra pública, que era un periodista que laburaba en Clarín. Ese libro, hoy, con el diario del lunes, tiene todo. Están hasta los nombres.

 

O sea, se adelantaron a los Estados Unidos...

-Acá ya había información. Los Estados Unidos tiene un efecto simbólico que no tenía Pablo Abiad, claramente, acá fue el caso Skanska lo que desató todo.

 

¿Qué intuís que hay detrás de tu llamado a indagatoria por parte del juez Marcelo Martínez De Giorgi, en el caso Time Warp?

-La presencia de poderes ocultos de los que hablaba Norberto Bobbio.

 

Lo vinculás con Odebrecht. ¿Por qué?

-Y no es lo que los vincule yo. La realidad los vincula. Cuando avanzamos fuerte, se agudizaron mis problemas.

Contra Bonadío"Vengativo", así define Federico Delgado al juez Claudio Bonadío, quien, según el fiscal, tiene algo personal con él desde la Masacre de Once. "Estaba disconforme con mi actuación, que siempre apuntaba a que la cosa no termine en el maquinista, sino que llegue a los empresarios y funcionarios. Ya en aquel momento se quejó con mis superiores", dice. Y añade: "Después, hubo otras causas más en el medio, y el tipo es bastante vengativo, tiene ese hábito de vengarse, y como nunca nadie le pide cuentas por lo que hace, es como que se acostumbró", para luego rematar: "No me queda otra que bancármela".
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