Viernes  01 de Diciembre de 2017

De Davos a la OMC, la cumbre que el Gobierno pudo conseguir

La administración Cambiemos trabajó a destajo para colocar a la Argentina en un lugar destacado en el escenario global del librecambio, pero se topó con las trabas de los dueños de la pelota.

La sede de la Organización Mundial del Comercio, en Ginebra.

La 11º cumbre ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) no es la que hubiera querido el gobierno de Mauricio Macri sino la que pudo conseguir. Desde que se confirmó como sede, la Argentina puso mucho empeño en hacer de este foro una nueva "Ronda de Doha", o por lo menos, un foro que sellara un "paquete Buenos Aires" capaz de poner al país en el escenario global del librecambio con un rol trascendental. Hasta que se topó con el muro infranqueable de las potencias centrales y emergentes, los dueños de la pelota.

La revancha está puesta en el G20 de 2018, cuando se cumplirán 10 años del relanzamiento del grupo aggiornado en plena crisis de 2008 y la Argentina, como anfitrión, pueda incidir -en parte- en la agenda de debate.

"La Argentina trabaja para fortalecer el sistema multilateral de comercio. Aspiramos a resultados positivos. Somos austeros en las expectativas", se anticipó el canciller Jorge Faurie en un encuentro en Cancillería con la prensa esta semana. Acompañado de su predecesora y titular de la ministerial de la OMC en Buenos Aires, Susana Malcorra, quizás de las más activas en trabajar el "paquete Buenos Aires", se ocupó de rebajar el precio al encuentro luego de que el equilibrio de intereses globales pusiera coto al optimismo. Esto no implica que no se debatan cuestiones claves y que, partiendo de un mínimo, el Gobierno destaque cualquier compromiso de debate futuro que se alcance entre el 10 y el 13 de diciembre como una victoria propia. "Hay países que creen que es mejor aislarse. Nosotros consideramos que hay que apostar al diálogo. Nos conviene participar del mundo, del mundo de las buenas prácticas", selló el ministro.

En principio, la agenda será limitada, aunque hay temas icónicos como el futuro del empleo y la revolución tecnológica. Es allí donde el Gobierno procurará imprimir su huella. En paralelo, hay tópicos que se arrastran desde hace más de una década, comenzando por el debate respecto a si se alcanzaron o no los objetivos de desarrollo de Catar 2001. "La Ronda de Doha es una de las discusiones más complejas debido a la división muy marcada entre quienes creen que fue superada y quienes creen que aún quedan temas pendientes", describió Malcorra.

Países como Sudáfrica, Camerún, Uganda, Bolivia, Ecuador, Cuba y Venezuela sostienen que ese debate esta inconcluso aún, frente al grupo de las potencias industriales y los emergentes más pujantes, como China y Brasil, que quieren dar vuelta la página desde Nairobi 2015. Hacerlo es imprescindible para ampliar el temario hacia nuevos desafíos, o retomar algunos que quedaron en el tintero desde Singapur 1996, como la "facilitación de inversiones". La Argentina se alinea con esta posición.

La agenda

"Desde la primera Cumbre en 2008, el G20 asumió como mantra la condena al proteccionismo y se transformó en un enérgico promotor del libre comercio, en perfecta sintonía con la OMC", comenta Cecilia Nahón, cuatro años sherpa de la Argentina en el G20 y actual directora de un programa sobre este foro en la American University. "Hasta el ascenso de Trump y el Brexit, las potencias acordaban primero en el seno del G7, y luego en el G20, las negociaciones comerciales a impulsar en la OMC, buscando torcer a su favor dicha organización de membresía casi universal (164 países) y con mayoría de países en desarrollo. Hoy, las mismas fisuras que atraviesan al G20 también golpean a la OMC, en el marco de un sistema multilateral debilitado, dominado por la incertidumbre y, en muchos casos, la parálisis", añade.

Los temas que cruzan la agenda de la OMC y el G20 no están desligados. Al contrario, van de la mano. Lo que varía en uno u otro foro es la perspectiva y profundidad con el que se aborda cada uno. Algunos de los tópicos que se remontan a los orígenes de la OMC y que han determinado ese eterno stand by entre 2001 y 2013, reflotarán en Buenos Aires. Atado a ello, el planteo tácito sobre el valor real de este foro en el escenario actual. Como catalogó Faurie: "No somos los dueños de la agenda."

Quizás el tema tabú por excelencia sea la eliminación o reducción de los subsidios agrícolas por parte de las potencias centrales, el histórico reclamo de los emergentes y los países menos desarrollados cuya riqueza depende de las exportaciones primarias. Hoy el sector contabiliza aranceles hasta cinco veces superiores a los que se aplican a los productos industriales. Malcorra ya aseveró que no habrá "una decisión en Buenos Aires, pero sí creemos que se puede lanzar una negociación específica eventualmente al respecto".

Lo mismo correrá para el sector de la pesca, donde los sobreprecios y la extensión de la pesca ilegal -el propio Mar Argentino es víctima de ello- preocupan al 12 por ciento de la población mundial cuyo principal ingreso deviene de las aguas.

Por su parte, el comercio electrónico es uno de los capítulos que el Gobierno ha ponderado y espera incluir en esta cumbre. Guarda relación con la "revolución tecnológica" a la que hace mención el Gobierno nacional cada vez que habla sobre la necesidad de reformar el régimen laboral y educativo y adaptarlo a los usos y costumbres del nuevo milenio. Un tema que no solo atañe a la Argentina y que ya ha ocupado agenda en el Foro de Inversión y Negocios de Argentina de septiembre de 2015, en Buenos Aires, así como en la edición latinoamericana del "Davosito" en abril último.

La Argentina se conforma con un compromiso en la cumbre para crear un grupo de trabajo sobre este tema, y volver sobre este eje el próximo año, en los foros multisectoriales del G20 previos a la Cumbre de Líderes en noviembre. Detrás, se encolumnan los intereses de empresas como Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft, presionando por normas benignas y flexibles para sus negocios. Algunas leyes que atañen al sector ya se discuten en la Argentina. Por caso: la exención de responsabilidad de las plataformas digitales sobre los derechos del contenido que suben sus usuarios. La llaman la "Ley Pinedo". Aunque el gran debate de fondo en este campo es el libre acceso a los datos, donde chocan las posturas de Estados Unidos -con el que coincide la Argentina- con los estándares europeos más laxos.

Inversiones

En el G20 de Hangzhou, en China, hace dos años, el capítulo "Inversiones" apareció en un documento llamado Guiding Principles for Global Investment Policymaking (Principios Rectores para la Política de Inversión Global), un conjunto de márgenes que buscan estandarizar las políticas públicas de los Estados para favorecer la llegada de inversiones extranjeras. Como todo en el G20, las decisiones -y propuestas- no son vinculantes más que para sus miembros pero al constituir el 85 por ciento del PBI mundial, el 75% del comercio y el mayor flujo global de inversiones, lo que hacen y deciden se vuelve paso casi obligado para el resto del mapa.

Lo remarcable de este debate, que antecede al G20 chino y cruza hacia otros organismos como la OCDE, la UNCTAD y la misma OMC, es que se centra en una nueva fórmula de "facilitación de inversiones". Focaliza en lo pragmático del cómo atraer el dinero para dejar a un lado cuestiones más ríspidas y políticas sobre, por ejemplo, qué tipo de protección se les debe otorgar o qué jurisdicción entiende sobre reclamos. En este último punto, hay diferencias incluso entre quienes promueve esta "facilitación": Rusia apuesta a los tribunales locales, mientas que Brasil y la Argentina buscan la creación de Puntos Nacionales Focales que oficien de mediadores.

"La facilitación de inversiones se centra en conceptos como previsibilidad, transparencia y consistencia, profundizando en una serie de mecanismos que los Estados deben adoptar a fin de allanar el camino a los inversores", detalla Luciana Ghiotto, doctora en Ciencias Sociales e investigadora del CONICET. Uno de ellos es la simplificación de trabas e información burocrática mediante el mecanismo single window, aunque también abarca la denominada "cooperación reguladora". Ghiotto se muestra crítica al respecto: "Por ese camino, los privados buscan incidir sobre legislaciones y políticas públicas. Eso, unido a la política one-size-fits-all, conduce a que todos (los países) tiendan hacia una misma forma de regulación, lo cual coarta las posibilidades de implementar políticas nacionales de desarrollo".

La Argentina, Brasil, Rusia y China se enlistan entre los principales promotores de este debate, al punto que han pujado para incluirlo en la ronda ministerial de la OMC en Buenos Aires como lo hicieron en Hamburgo, en el último G20, en julio pasado. A ellos se sumó el bloque del MIKTA -México, Indonesia, Corea del Sur, Turquía y Australia- además de la Unión Europea, Japón, Suiza, Noruega, Canadá, Singapur, Hong Kong y Nueva Zelanda.

Brasil y China, que hoy promueven la inclusión de las inversiones, se habían opuesto en la ministerial de la OMC de Cancún 2003. Catorce años después, los intereses separan a los emergentes del mundo del que emergieron. Particularmente a China, que busca impulsar su Ruta de la Seda -One Belt, One Road- a lo largo de 65 países, financiando obras de infraestructura local con crédito propio. De ahí que, a las cuestiones burocráticas, Pekín desea sumar otras como el movimiento de personal vinculado a la inversión (mano de obra) e incluyera su propuesta tanto en la OMC como en el G20.

Del otro lado quedaron el grueso de los países no industrializados, para quienes la "Ronda de Doha" no se cerró en Nairobi y lo que debe discutirse, antes de inversiones, es el desarrollo. Dato curioso es que junto a Ecuador, Cuba y Venezuela, el que se opone también es Estados Unidos, si bien lo hace por razones muy distintas: sus propios acuerdos de inversión, a nivel bilateral, van mucho más profundo en el tema de derechos y, tal como se ha visto, la actual administración no comulga bien con lo multilateral.

De Seattle a Hamburgo

La Argentina será la primera sede sudamericana de la ministerial de la Organización Mundial del Comercio así como del G20, que ya tuvo su cumbre latinoamericana en la mexicana Ciudad de los Cabos, en 2012, aunque nunca en el Cono Sur. En ambos casos, el gobierno argentino aspira a ganar una voz propia en el concierto internacional como referente regional, si bien sus posibilidades divergen.

En el caso de la OMC será la undécima reunión ministerial, luego del lanzamiento del organismo allá por 1995. Desde entonces, estas cumbres se han sucedido cada dos años, con desigual repercusión. La Batalla de Seattle, en 1999, marcó un parte aguas en el sistema de países que preparaba su Ronda del Milenio con una agenda común liberalizadora y que vio frenado su impulso con una masiva resistencia en las calles por parte de sectores sindicales, estudiantiles y organizaciones antisistema. Como consecuencia, en 2001, emergió la Ronda de Doha en Catar, cuando Brasil e India encabezaron el reclamo de los emergentes en pos de reglas más equitativas y una agenda de desarrollo que paralizó todo avance a lo largo de los años siguientes.

Luego de la cumbre de Cancún, en 2003, y de la partición del foro entre un Sur "global" y un Norte "central", las sucesivas cumbres se limitaron a discusiones menores que no salieron de Ginebra, sede del organismo. Recién en Bail (2013) y Nairobi (2015), la cumbre ministerial recuperó su traslado a otros continentes y el debate sobre facilitación del comercio a través de políticas públicas en común. Esta vez le toca a Latinoamérica y será en Buenos Aires donde se volverá sobre la cuestión de la clausura o no en Nairobi de la Ronda de Doha, para abrir la agenda a otras temáticas.

El G20, en cambio, se ha caracterizado por ser un foro que ha consensuado con desigual impronta y efectos sobre temas comunes como la reforma del sistema financiero internacional, políticas macroeconómicas, cooperación tributaria y fortalecimiento de la red de seguridad financiera global. Hasta que llegó Donald Trump y, por primera vez, puso en riesgo la unidad en la discusión de Hamburgo este año, al negar las evidencias científicas del Cambio Climático. Aquí el desafío argentino de componer las diferencias tiene un año y más de 50 reuniones intermedias por delante.

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