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"Creo que hay margen para sumar al ajuste la contribución de los sectores que ganaron con la depreciación"

Para el economista, la percepción generalizada es que el costo de la crisis castiga sobre todo a los sectores más vulnerables. Pero confía en que el Gobierno sabrá equilibrar los tantos y considera que es clave la discusión del Presupuesto 2019. No descarta aún que se frene la baja de retenciones a la soja y advierte sobre los efectos de la recesión sobre el empleo.

Eduardo Levy Yeyati es ingeniero civil, respetado economista, socio fundador de la consultora Elypsis y hasta no hace mucho dirigía Argentina 2030, un programa integrado por intelectuales cercanos al macrismo y creado por el Gobierno para pensar políticas de Estado que contribuyan al desarrollo del país. Actual decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad Di Tella, su intensa actividad académica no le impide seguir de cerca la siempre dinámica y angustiante coyuntura económica a la que nos tiene habituados la Argentina.

 

La semana pasada Dujovne avisó que vienen meses difíciles para los argentinos. ¿Estamos ingresando en la peor fase de esta crisis?

-Tras un primer trimestre muy bueno, y de un segundo malo que acusa el impacto de la sequía, creo que el segundo semestre va a reflejar el efecto del stress financiero reciente: retracción del consumo por caída del salario frente a la inflación, y de la inversión por el aumento de tasas que castiga la cadena de pagos, sobre todo en las pymes. Diría que estaríamos entrando al período en que la economía real reacciona al shock financiero.

 

Con el acuerdo firmado con el FMI, ¿murió el gradualismo?

-No. El gradualismo original chocó con la impaciencia del mercado financiero, fomentada por el contexto global, pero amplificada por una política macroeconómica. Tras la decepción de la llegada de inversiones extranjeras, se apostó al escenario más benigno de entrada de capitales financieros. El gradualismo sin financiamiento habría desembocado en una crisis financiera con costo económico y social. La asistencia del FMI ayuda a eludir esta crisis, a cambio de acelerar el ajuste fiscal.

 

De todos modos ya llegó el primer desembolso del FMI, pero parece todavía haber una tensa calma en el mercado cambiario. ¿Por qué no se logra estabilizarlo? ¿Qué va a ocurrir con el tipo de cambio en las próximas semanas?

-Nada más difícil en economía que predecir el tipo de cambio, más uno que flota de manera sucia, tironeado entre la necesidad de cerrar el déficit comercial y la tentación de atrasarlo para contener la inflación. Hoy, la batería de medidas del BCRA contuvo la presión cambiaria, pero el mercado está a la espera de que se explicite la estrategia, en particular si el tipo de cambio mirará a las necesidades de la economía real, en cuyo caso debería variar poco en términos reales, o mirará la inflación como hasta ahora, a costa de un nuevo atraso.

 

¿Por qué la Argentina no logra separar el valor del dólar de la inflación interna?

-Hay que aclarar que el saber convencional de que la depreciación se va toda a precios es incorrecto. Que el traslado a precios (entre 20% y 30%, según como se lo mida) es más alto que en otros países, en parte es porque, al no haber metas de inflación creíbles, los agentes usan parcialmente el dólar como referencia: miran con un ojo al BCRA y con el otro al dólar (y cuando menos realista es el BCRA más miran al dólar).

 

¿Creés que en este contexto recesivo ese traslado a precios será menor?

-Sí, sin duda la retracción de la demanda se verá en una reducción de márgenes que contendrá la inflación. Éste, de hecho, es el mecanismo tradicional de la política monetaria, subir tasas para contraer la demanda. El canal de expectativas de un régimen de metas de inflación pretende precisamente reducir el costo de bajar la inflación a puro aumento contractivo de tasas. Hasta ahora, en la Argentina, este canal ha sido muy débil.

 

Este año los salarios van a perder con la inflación. ¿No creés que los sectores más favorecidos deberían sumar su aporte al ajuste?

-Claro. Comunicar un ajuste requiere de al menos dos elementos: ser claros en el objetivo propuesto, ajustar para qué, y ser muy cuidadoso en la distribución justa del costo. Hoy la percepción, correcta o no, es que el ajuste castiga a sectores atomizados de bajo poder de negociación (jubilados, trabajadores informales, docentes, clase media). Creo que hay margen para sumar la contribución de los sectores que ganaron con la depreciación y la inflación, y estoy seguro de que esto es parte de las discusiones que se dan hoy dentro del Gobierno. En este sentido, me parece que el debate del presupuesto 2019 será una prueba de fuego para la imagen del Gobierno.

 

Uno de esos sectores, por ejemplo, es el campo. Pero Macri descartó cambios en el esquema de retenciones, una idea que estaba en danza. ¿Falta el aporte del campo para salir de la crisis? ¿Por qué el Gobierno no lo reclama ?

-Yo no descartaría que se postergue la reducción de las retenciones a la soja, o que se tome esta postergación como crédito a cuenta de Ganancias a partir de cierta fecha. En la Argentina se da la situación de que todos los sectores sienten que hicieron su aporte y que ahora le toca al otro. El campo no es la excepción. Por eso decía que el ajuste pone a prueba la capacidad del Gobierno, y del Presidente, de liderar un proceso de cooperación justa entre los actores. Esa cooperación, que en una Argentina antagónica y corporativa suele estar ausente, es condición necesaria no solo para recuperar el crecimiento en 2019 sino, más en general, para reducir la volatilidad de las políticas y promover el desarrollo.

 

El paro del lunes tuvo fuerte adhesión y el Gobierno enseguida salió a calificarlo de político. ¿Está leyendo bien la Casa Rosada el descontento social o le está faltando sensibilidad para interpretar ese malestar?

-Todo paro es, en última instancia, político, no necesariamente partidario. El del lunes refleja tanto un intento de mejorar la posición negociadora de los trabajadores en la distribución de costos del ajuste, pero también un intento de esmerilar la imagen del Gobierno en momentos donde las buenas noticias escasean. Más allá de lo que se diga en público, creo que el Gobierno leyó bien la protesta y está adoptando una posición más negociadora, en un contexto económico en el que el margen para negociar es estrecho.

 

¿Qué creés que pasará, en general, con el empleo en los meses sucesivos? ¿Hay que esperar destrucción de puestos de trabajo?

-La Argentina tiene hace tiempo dificultades para crear trabajo asalariado formal en el sector privado: según datos del ministerio de Trabajo, en los meses de marzo de 2017 a marzo de 2018, cuando la economía crecía cerca del 4%, el aumento del empleo privado formal fue de menos que la mitad; el mayor aumento fue en cuentapropistas e informales. Con una caída de la actividad, es probable que ese escenario empeore, sobre todo si el enfriamiento de la demanda se extiende en el tiempo.

 

Una de las claves para cumplir con las exigencias del Fondo es bajar el gasto público, pero no depende sólo de la Nación sino también de las provincias. ¿Ves voluntad de los gobernadores de cumplir con la parte que les toca?

-La meta del FMI es con la Nación, no con las provincias, pero una parte crucial de la estrategia es recortar transferencias a las provincias y duplicaciones de funciones. La actitud de los gobernadores no es fácil de anticipar; algunos tendrán el incentivo político de desgastar al Gobierno con miras a la elección del año que viene, otros priorizarán la relación de cooperación. Lo que sí creo es que todos entienden que esto es un juego de la gallina: hoy dependemos financieramente del FMI, si el acuerdo cae, todos pierden. Todos recordamos la última crisis. A la larga, confío en que a los gobernadores y al Gobierno los una, si no el amor, al menos el espanto.

 

La Argentina logró la recategorización como país emergente. ¿Puede tener algún impacto en lo inmediato que ayude a atenuar la crisis?

- No necesariamente. La membresía al club de emergentes la perdimos porque limitamos la convertibilidad del peso con controles cambiarios y de capital, y nos la devolvieron porque desarmamos esos controles. La noticia del "ascenso" a emergentes es buena, no porque cambie la percepción del país, sino porque a los inversores dedicados a acciones emergentes, que usan el MSCI EM como referencia, suelen elegir carteras con una composición parecida, por lo que ahora comprarán más acciones argentinas. Esto beneficia a los tenedores de acciones, y eventualmente a las empresas que emitan nuevas acciones, si las hay.

Trayectoria

Eduardo Levy Yeyati es ingeniero civil, economista, escritor y cuenta con varios libros publicados en su haber. Su último texto, Después del trabajo, indaga sobre el futuro del empleo en la Argentina en un mundo donde éste está siendo desplazado por la tecnología. También es autor, entre otros, de Porvenir. Caminos al desarrollo argentino (2015) y, junto a Marcos Novaro, escribió en 2013 Vamos por Todo. Las 10 decisiones más polémicas del modelo, donde repasa el legado del gobierno kirchnerista. Levy Yeyati también es miembro fundador de Argentina Debate, una iniciativa privada que organizó los debates presidenciales de Argentina de 2015.Fue Asesor Financiero para América Latina y el Caribe del Banco Mundial en 2006-2007 y también economista jefe del Banco Central  de la República Argentina.

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Comentarios1
Chris MB
Chris MB 29/06/2018 11:02:43

Yeyati nos toma el pelo? "...si el tipo de cambio mirará a las necesidades de la economía real, en cuyo caso debería variar poco en términos reales, o mirará la inflación como hasta ahora, a costa de un nuevo atraso". ¿Acaso hay diferencia real?