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Controles, acuerdos y expansión de oferta

El Gobierno avanzó con velocidad en restituir la capacidad de los mercados de asignar recursos en la economía, sobre todo en aquellos bienes de demanda rígida, como la energía y los alimentos. Cuando se parte de niveles de consumo elevados, como los actuales, esta decisión sólo puede dar como resultado una escalada de precios en artículos sensibles para la población. La respuesta inmediata fue una política monetaria contractiva expresada en una tasa de interés que fluctuó con serruchos, pero con tendencia a la suba, y una reducción del gasto público más dilatada en el tiempo.

La mezcla de mercados libres con políticas monetarias y fiscales contractivas produce el principal factor inflacionario, una sobreganancia empresaria que impacta en la demanda de dólares, también desregulada, y una suba del tipo de cambio que retroalimenta el proceso inflacionario. Este proceso sólo puede ser detenido dentro de este esquema macroeconómico por una abrupta caída del nivel de consumo y, a mediano plazo, con recesión y desempleo. La política antiinflacionaria efectiva es aquella que combina regulación de mercados, esencialmente en aquellos bienes de oferta monopólica y demanda rígida, con acuerdos de precios y salarios que desinflen expectativas, y , a la vez, una política monetaria y fiscal que permita sostener la demanda en línea con la expansión de la oferta.


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