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Con aires medievales

En la Toscana, sobre el río Serchio y el Mar Tirreno, la ciudad italiana de Lucca cautiva con su estilo propio: el de ser un lugar detenido en el tiempo.

Con aires medievales

Como sucede en todas las ciudades con alma de pueblo, la Piazza San Martino es el corazón de Lucca. Cada domingo esta plaza urbana se llena de vendedores de globos y carritos ambulantes que ofrecen dulces caseros entre los que se destaca el buccellato (roscas con pasas de uva), que es furor entre los más pequeños. Allí, las risas de los niños se mezclan con el sonido de las campanas en un bullicio constante que llega hasta la fachada románica de la Catedral de San Martino. En su interior, el ruido de la calle se detiene para dar protagonismo al murmullo de hombres y mujeres locales que rezan sus oraciones rodeados de inmensos paredones decorados con pinturas renacentistas. Entre las obras de arte que esta iglesia alberga se destacan especialmente La Última Cena de Tintoretto y el milenario crucifijo de la Santa Faz.

Si bien es inusual encontrarlas en otras ciudades de la región, las murallas alrededor de Lucca permanecen intactas hasta el día de hoy. Aunque estos extensos muros perdieron su importancia militar, se convirtieron en paseos peatonales que rodean y delimitan la antigua ciudad. Es que, a diferencia de tantos otros sitios, Lucca es genuina e inolvidable, una fortaleza que surge entre las verdes colinas de la Toscana.

Desde la Piazza San Martino, siguiendo por Via del Duomo, se llega a otro de los puntos de encuentro públicos por excelencia: Piazza Napoleone, la plaza principal de Lucca. Allí se alza el Palacio Ducal, un fragmento vivo de la historia de la ciudad y uno de sus obras arquitectónicas paradigmáticas de la región. El palazzo debe su aspecto actual a tres hombres y tres períodos diferentes: la restauración de Bartolomeo Ammannati en 1578 (desde el lado izquierdo hasta el portal central), el ala derecha añadida en 1728 por Francesco Pini y los retoques del arquitecto ducal Lorenzo Nottolini que datan de principios del siglo XIX.

Una historia de siglos

A lo largo de su historia, Lucca no ha cambiado mucho. Las edificaciones deterioradas por el paso del tiempo fueron reconstruidas respetando siempre la armonía con el entorno. En muchos casos, dos estilos de épocas diferentes se encuentran mezclados en una misma iglesia o edificio público. Una ciudad que, sin ser elegante como Florencia -gran capital de la región-, mantiene intacto el espíritu toscano con una marcada identidad propia.

En Lucca la tríada plaza-iglesia-palacio se repite ad infinitum. A sólo dos cuadras del Palazzo Ducal se vislumbran la Piazza San Michele, la iglesia homónima y el Palacio Pretorio. La Iglesia de San Miguel en Foro (Chiesa di San Michele) se destaca por una singular fusión entre elementos de la arquitectura románica y gótica: piedra caliza blanca, columnas, capiteles, interminables arcos y la imagen del santo con sus alas abiertas en lo alto.

Además de los encantos arquitectónicos de la ciudad, en sus calles se percibe una plácida apariencia de pequeña villa. La rusticidad de Via Santa Croce -entre tantas otras- propone un circuito que bien vale recorrer a pie, rodeado de caserones y viejas reliquias como el Palazzo Bernardini y la Piazza dei Servi. Doblando por la Via Guinigi se llega a un gran palacio de ladrillos del siglo XIV que lleva el nombre de la familia Guingi, uno de los apellidos más ilustres de Lucca. Junto con la Iglesia de San Simone e Giuda, esta calle de grandes torres y palacetes que pertenecieron a los Guinigi es uno se los sectores más bellos y turísticos de la ciudad. Cerca de allí, se abren paso la Piazza del Carmine y el Anfiteatro Romano, una gran plaza que aún hoy conserva su planta elíptica medieval en la que han proliferado viviendas coloridas que irrumpen de las ruinas. Es simple: cualquier esquina de Lucca ofrece postales inolvidables de los pasajes típicos de la Toscana. Sin dudas, Lucca es una de las ciudades con más identidad de Italia. Un lugar donde pasado y presente conviven y se alimentan mutuamente, enriqueciéndose a cada instante.

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