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Combinando obligaciones y placer

Una reunión empresarial en el exterior puede ser la excusa para regalarse un fin de semana diferente o conocer nuevos destinos, integrando a la perfección las ocupaciones con el relax.

Convertir un viaje de negocios en uno de placer no resulta tan difícil si se planea con tiempo e inteligencia, organizando prolijamente el calendario para cumplir con las obligaciones. Pero para hacerlo no alcanza con revisar la agenda, es necesario averiguar por promociones disponibles, aprovechando al máximo las ventajas de ser un viajero frecuente. Lo importante es tener en cuenta el destino al que llevan las ocupaciones y pensar qué atractivos pueden conocerse en el lugar o cerca de allí. Una reunión en Amsterdam, por ejemplo, sería bueno combinarla con un fin de semana en Brujas.
Otra opción es pensar en las escalas. Poniendo por caso un congreso en Hong Kong, el programa ideal sería detenerse tres días en Hawaii. De esta forma, un itinerario que podría resultar agotador logra transformarse en unas pequeñas vacaciones. Muchas veces las aerolíneas permiten realizar paradas gratuitas a mitad de camino, lo cual es recomendable sobre todo en los trayectos largos. Un extenuante regreso desde cualquier país asiático merece un stop en Los Angeles, donde dos días de sol eliminan por completo el jet lag y permiten regresar más descansados y hasta con un agradable bronceado. Usar las exigencias laborales como punto de partida para tomarse un corto recreo es una manera de aliviar un ritmo de vida que a veces puede resultar agobiante. Un meeting en Miami es la excusa perfecta para embarcarse en un lujoso crucero, así como un encuentro en San Diego puede ser la puerta de salida para una breve visita a México.

Incluso de a dos

A veces es conveniente compartir este tipo de viajes ya que las mejores tarifas hoteleras son, por lo general, sobre base doble, y muchas aerolíneas ofrecen el segundo ticket en primera clase o en business prácticamente a mitad de precio. Si es así, los weekend packs pueden incluir sólo alojamiento y desayuno o ser un poco más extravagantes, como entradas gratis a campos de golf o spa.
Si no se dispone de muchos días, de todas formas vale la pena reservar una tarde para someterse a las bondades de un spa, y terminar la jornada totalmente renovado después de una sesión de masajes, una clase de aerobics o un par de horas en una piscina climatizada. Por su parte, los centros de estética brindan intensivos tratamientos de belleza, humectación corporal y gimnasia. También las grandes ciudades ofrecen una gran variedad de propuestas para divertirse después del atardecer, pero por lo general éstas son más interesantes los fines de semana. Por ello siempre es bueno pasar en el lugar de destino al menos un sábado, llegando un poco antes o permaneciendo después de las obligaciones, con la ventaja de sumar al viaje una cuota de entretenimiento que por supuesto vale los gastos que podría ocasionar una noche más de hotel.
Si se está en Europa, hay que recordar que siempre es más económico alquilar automóviles con anterioridad, en el país de residencia. Una buena idea es firmar un contrato por más de cinco días, con el seguro beneficio de una importante reducción del precio final y conservar el vehículo para dirigirse hasta alguna ciudad cercana o realizar un circuito por los alrededores. A pesar de que es útil proyectar este tipo de escapadas con anticipación, esperar hasta último momento para decidir dónde ir al terminar el trabajo también tiene sus réditos: cuando 36 ó 48 horas antes los vuelos no están completos, se consiguen pasajes más económicos. Un viaje de negocios no tiene por qué ser sólo eso; bien puede volverse el pretexto justo para un muy merecido descanso, la oportunidad para visitar amigos que viven en otras ciudades o simplemente para divertirse un poco.