Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar
U$D
/
MERVAL

Biodinámica: entre el cielo y la tierra

Acompañando las corrientes mundiales de consumo que requieren productos cada vez más naturales, la biodinámica provee elementos diferenciales a las uvas y los vinos producidos con la aplicación de sus normas. Una filosofía que gana practicantes en todo el mundo.

En un mundo donde la sustentabilidad, la producción limpia y los productos orgánicos se ven cada día con mejores ojos, algunas bodegas y bodegueros fueron un paso más allá y, años atrás, comenzaron a trabajar con un nuevo concepto agronómico que, si bien no era nuevo, no había sido muy usado ni publicitado en el mundo del vino: la biodinámica. Fue recién en la última década cuando esta filosofía cobró notoriedad, y algunas bodegas empezaron a trabajar y comunicar de manera más orgánica este tipo de producción como un plus en sus vinos. Pero, ¿qué es la biodinámica?
La biodinámica tiene que ver con el balance entre los elementos básicos del planeta (agua, aire, tierra), preparados naturales y homeopáticos para curar el suelo, empatía con el cosmos y los astros, entre otros factores. Tales técnicas, combinadas entre sí de acuerdo con métodos precisos y controlados en todo el mundo, dan lugar a la llamada "agricultura biodinámica", una corriente iniciada por Rudolf Steiner hacia finales del siglo XIX, basada en la relación de los cultivos con el mundo, el universo y la energía del cosmos con el fin de obtener naturalmente la mejor cosecha posible.
Cuernos y calendarios
El proceso para obtener vinos biodinámicos empieza desde la tierra con el uso de abonos y fertilizantes naturales. El suelo también se alimenta con sustancias homeopáticas y otros tipos de preparados para mejorar su energía y llenarlo de microorganismos naturales que mejoren el proceso de plantado. Esto se lleva a cabo en fechas -pautadas en un calendario biodinámico- que están relacionadas con la luna, el sol y los planetas, ya que una de las principales premisas de la viticultura biodinámica se basa en reconocer la influencia energética de los astros en el comportamiento de todos los seres vivos y las fuerzas naturales.
Luego, los trabajos en la viña prosiguen con los llamados "preparados biodinámicos", que han llegado al conocimiento público a través de la imagen estereotipada de los "cuernos de vaca". No obstante, en los hechos, estos preparados varían desde aerosoles naturales que se rocían en las plantas hasta abonos y sustancias para fortalecer la tierra tomando como unidad de medida los cuernos, pasando por un igualmente llamativo y original control de insectos.
En lo que hace a la vaporización sobre las plantas, se comienza por la preparación de las mezclas en cuernos de vaca que son previamente enterrados en el campo durante períodos predeterminados. Los abonos contienen diferentes recetas que incluyen guano animal, flores y hierbas de acuerdo con proporciones específicamente diseñadas para las necesidades de cada cultivo, entorno y lugar. Para el control de insectos y malezas, mientras tanto, se recurre a los fluidos de los propios insectos que se quiere eliminar y a las cenizas de malezas quemadas con anterioridad. Para determinar la fecha de cada operación de la viña (siembra, tratamientos, podas y cosecha), se recurre al "calendario" con un enfoque que considera las influencias astronómicas en el suelo y el desarrollo de la planta, especificando, por ejemplo, qué fase de la luna es la más apropiada para cada trabajo agronómico en particular.
Independientemente de la calidad e identidad que logren los vinos, vale destacar que, en un marco donde gran parte de los productos alimenticios son hechos en serie y "curados" con pesticidas, hormonas y/o venenos, la biodinámica ha logrado implementar una "retroalimentación" totalmente sana en forma de círculo virtuoso: la tierra produce los elementos necesarios y de ellos se alimenta para volver a comenzar el ciclo cada año. El resultado, según quienes trabajan con las doctrinas de esta filosofía, son uvas sanas, fuertes y resistentes a las enfermedades que pueden azotar los cultivos.

Quienes trabajan esta práctica

- Bodega Krontiras.
Tienen sus dos fincas (en Maipú -18 hectáreas- y Luján de Cuyo -10 hectáreas-) y la totalidad de sus vinos certificados como orgánicos y biondinámicos por Deméter y Argencert. Pero además, la bodega fue construida para operar ciento por ciento ecológicamente y cumplir con el precepto de respetar la naturaleza desde los viñedos hasta el producto final mediante un proceso orgánico, en principio, y con proyección a la biodinamia.
- Noemia.
El enólogo Hans Vinding-Diers cuida de manera biodinámica su finca de Valle Azul (Alto Valle del Río Negro), de donde sale su Noemía, sin duda uno de los mejores vinos argentinos. Según sus propias palabras: "Los resultados de la biodinámica los veo principalmente en un viñedo más equilibrado y sano, con menos cepas malas, con más fauna, con más foco y más precisión en los vinos. Es como cuando alguien hace yoga; el cuerpo está más en sintonía. Para mí, el concepto de balance es la clave.
- Chakana.
Luego de más de cuatro años de prácticas agrícolas biodinámicas, el año pasado la bodega obtuvo la certificación Deméter para la finca Nuna de Agrelo. Según Juan Pelizzatti, presidente de la bodega, "la biodinámica representa un paradigma agrícola diametralmente opuesto a la agricultura convencional, y que es una inspiración para una nueva relación con la naturaleza y el cosmos. Es una agricultura para el futuro, que puede abordar los problemas urgentes que enfrenta nuestra sociedad y la tierra: el desastre ecológico, el calentamiento global y la inequidad social".
- Chacra.
La bodega comandada por el italiano Piero Incisa usó, desde su llegada en 2003, prácticas bio en su finca patagónica de Mainqué. Siguen a rajatabla su filosofía y su calendario, elaboran casi diez preparados y sus compost en su finca con productos naturales y todas sus uvas crecen bajo este paradigma. Caminando su finca (parte de ella original de 1932), sorprende la diversidad de animales silvestres que viven libremente entre sus uvas.
- Ernesto Catena Vineyards.
Su finca Tikal Natural situada en Vista Flores, Valle de Uco, está certificada como biodinámica. Con sus uvas elaboran la etiqueta Tikal Natural (Malbec-Syrah) y su línea Siesta en el Tahuan Single Vineyards (Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y blend tinto).
- Luigi Bosca.
Aunque la bodega no tiene certificación, el ingeniero Alberto Arizu trabaja con prácticas biodinámicas de las plantas de su Finca Los Nobles, de donde salen sus vinos súper premium.