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Balaguer: "Creo que a Faena puede llegar a picarle el bichito de la política"

La periodista Adriana Balaguer acaba de publicar su tercer libro, una biografía no autorizada del excéntrico empresario Alan Faena. En una entrevista con 3Días, habla sobre sus amistades con periodistas de renombre, como Lanata y Fontevecchia, sus vínculos con el poder y una asignatura pendiente: poder hacer algo por lo que menos tienen.

"Buscaba un personaje público, pero del que supiéramos poco", dice la periodista Adriana Balaguer cuando se le pregunta por qué eligió a Alan Faena para escribir su tercer libro de relatos biográficos, que será presentado el lunes 27 en el Malba. Y es que Faena es algo más que el empresario que supo alumbrar Puerto Madero con torres o que logró que un distrito de Miami llevara su nombre. Pero su mundo privado permanece, hasta hoy, oculto para la mayoría. Entre otras incógnitas, sus vínculos con artistas, músicos y con el jet set internacional, así como los lazos que supo tejer, entre otros, con el hombre más rico de Gran Bretaña, Len Blavatnik que, al igual que el propio Faena, aparece en los Paradise Papers.

En un mano a mano con 3Días, la autora de Alan Faena. Arquitecto del poder, habla sobre las amistades del empresario con periodistas de la talla de Jorge Lanata y Jorge Fontevecchia; sus vaivenes conforme fueron pasando los gobiernos y hasta sus especulaciones sobre sobre si "el bichito de la política" algún día le picará.

- ¿Por qué un libro sobre Alan Faena? ¿Qué te atrajo de él?

-Buscaba un personaje público, pero del que supiéramos poco, cuyo nombre fuera sinónimo de éxito para los argentinos. Para aquellos que buscan determinadas variables con alguien que fue exitoso, en este caso, porque hizo dinero, porque logró exportar su producto, que tiene que ver con hospitality, los hoteles, el arte, el buen vivir, y me pareció que Faena tenía todos los condimentos. Era misterioso, en torno a él además había muchos prejuicios, porque sabíamos poco. Siempre hubo especulaciones sobre su sexualidad, religiosidad. Esa cosa que a los argentinos nos aflora tan rápidamente, que es el juzgar, con Faena nos encendía la luz amarilla y estábamos ahí, tratando de ver quién era. Entonces, me parecía que había poco escrito y valía la pena investigar un poco más.

- En pocas palabras, ¿quién es Alan Faena?

-Charlando con Jorge Fontevecchia, él me tiró una definición que me parece que lo engloba mejor de lo que yo lo podría hacer verbalmente: "Es un hombre que ha sabido crear capital simbólico". Porque Alan Faena no solo inventó tres hoteles, sino también un estilo. Inventó entornos, espacios, y siempre lo hizo pensando que del otro lado tenía que satisfacer el deseo y las fantasías de "el club de ricos", como otro amigo suyo, Nicolás Repetto, llama a la gente a la que él se acercó. Siempre supo que del otro lado había gente que podía pagar por mucho; él tenía que apuntar a ser un valor testeado por esa gente con dinero.

- ¿Por qué se formaron tantos mitos en torno a su figura? ¿Cuáles lograste derribar?

-Porque es misterioso, es un personaje que nos atrae porque se viste de blanco, se rodea de gente linda, exitosa, rica, y esto despierta un morbo para el común de los mortales, que muere por saber por dónde pasa este placer. Me parece que por ese lado vienen los mitos. Y después, logré hablar con él directamente de sexo, droga y rock & roll, eso está en el libro y tiene que ver con algunos de los mitos a los que logré entrar... y bueno, eso invita a que lo lean.

- ¿Cómo fue tejiendo vínculos que van desde Lanata y Madonna hasta Charly García?

-Bueno, ésa es su arquitectura de poder, por eso el título. A lo largo de prácticamente 30 años se dedicó a acercarse a la gente que le parece interesante, creo que es una búsqueda hasta personal, gente a la que él respeta y que por eso le interesa tenerla cerca, para escucharla, para saber qué opinan de las cosas que él hace, y que además es la gente que le gusta que sea su entorno, su círculo rojo.

- Entre esta gente a la que él busca para que sea su entorno están los periodistas. ¿Lo ayudaron a crear esa imagen y el símbolo que es hoy?

-Me parece que ha sido vital, porque la imagen en él es mucho. Y, a su vez, él es un hombre que ha inventado un relato en torno a su persona, entonces, en eso, él buscó quiénes eran las personas capaces de darle legitimidad a su relato. Y, nada más y nada menos que dos de los exponentes mayores, que son Fontevecchia y Lanata, que le han contado las costillas a todo el espinel político y del poder. Si sabés que ellos, en algún punto, lo respetan, lo cuidan, y hasta lo consideran un amigo, es una forma de legitimarse; de conseguir una aprobación de antemano frente a la opinión pública.

- ¿Cómo llegó a convertirse en el empresario que es hoy? ¿Qué versión te da él y cuál pudiste reconstruir?

-Me parece que siempre supo a dónde quería llegar. Ni bien definió su objetivo, después de Via Vai, en esos años sabáticos en Punta del Este, supo qué quería hacer, quiénes lo podían ayudar a llegar a eso y nunca se bajó de su pretensión. No es un tipo que se haya amoldado a lo que se podía. Él siempre supo qué quería, supo cómo arrimarse en base a los contactos que fue tejiendo, cómo arrimarse a la gente que lo iba a hacer factible, porque está claro que Faena no tenía la plata suficiente para construir eso y acá aparecieron sus socios, que son un misterio aparte en algún caso. Len Blavatnik, que es el ruso, su jefe primero, su socio después, o las dos cosas al mismo tiempo, sigue siendo un personaje muy misterioso en sí mismo, por eso le dedico un capítulo muy contundente en el libro. Porque hoy, cuando se habla de los Paradise Papers, aparece el nombre de ese hombre que nació en Ucrania, se nacionalizó desde chico norteamericano y que hoy es el hombre más rico de Gran Bretaña.

- Decís que el país lo transformó en un hombre político, ¿en qué sentido?

-Es un hombre político porque toma decisiones donde la política juega. Como cualquier empresario, sus negocios son prósperos o no, también de acuerdo a lo que la política de turno implementa. Entonces, él es un tipo que sufrió el kirchnerismo y que ahora elige regresar a hacer negocios de la mano de Eduardo Costantini a la Argentina, en tiempos de Macri. Y es amigo de Nicky Caputo, el mejor amigo del Presidente. Me parece que es, por todo eso, un hombre político, porque elige a Fontevecchia y a Lanata como sus amigos; me parece que todos somos hombres políticos en lo cotidiano, nada más que él es un hombre con tanta presencia y poder, que parece que se destacara más, pero bueno, a todos nos atraviesa la Argentina, todos armamos nuestra opinión y tomamos decisiones en base a lo que sucede en el país.

- ¿Te lo imaginás ejerciendo la política?

-No me parece que ahora. Veo cierta fatiga de exposición pública de parte de Faena en el último tiempo como para que quisiera exponerse más, pero me parece que es un hombre que en algún momento el bichito le puede llegar a picar porque, en todo caso, siempre trabajó para los ricos y le queda una asignatura pendiente, que es poder hacer algo de lo que aprendió para los que tienen menos.

- Este libro lo pueden leer "las personas que buscan las recetas para hacer negocios en la Argentina y no morir en el intento". ¿Qué se puede aprender de Alan Faena?

-Lo interesante del libro es que lo ves en una experiencia personal, esto de persistir, de no adecuar su idea y su deseo y su proyecto a lo que se puede hacer, sino hacer lo que quiere hacer, me parece que eso es clave; cómo persistir, cómo insistir, cómo saber a quién acercarse, cómo ver cuál es tu diferencial, cómo construír tu marca. Me parece que todo sirve, y mucho, para cualquier emprendedor. Desde ese punto de vista, es una herramienta de trabajo.

- Para hacer el libro entrevistaste a más de 100 personas, y asegurás que nadie es indiferente a Alan Faena, sino que hablan bien o mal de él. ¿Podrías dar algunos ejemplos?

- Todos sus amigos marcaron que es un buen amigo. Y sus competidores lo respetan mucho y valoran lo que Faena ha sumado, por ejemplo, a la hora de la competencia en el Real Estate. Hablé con un competidor de Miami y valoran que llegó para reconvertir el mercado y darle valor agregado y subir los precios, básicamente.

- ¿Y algo malo?

-No sé si es malo, pero dicen que su dificultad sigue siendo su autoexigencia, transferida en muchos casos a sus entornos. Es un tipo muy exigente, muy controlador, entonces eso dificulta el trabajo en equipo, tiene una cosa verticalista, de "soy el jefe, la última palabra es la mía". Escucha, pero la última palabra es la de él, pero a veces, en el día a día -eso hasta su exmujer lo marca- dificulta mucho el trabajo y la toma de decisiones.

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