Bajar la presión, prioridad 2016

La presión fiscal mide cuánto del PBI es detraído por el Estado bajo la forma de tributos. Indica el sacrificio impositivo de los que contribuyen al sostenimiento de los gastos públicos que deben destinarse a la satisfacción de necesidades esenciales de la población en Salud, Educación, Seguridad, Obras de Infraestructura, etcétera.
Actualmente la presión fiscal en la Argentina medida en base a PBI 1993, se acerca peligrosamente al 45% del producto, contemplando los impuestos nacionales, provinciales y municipales. La cifra está muy por arriba del promedio de los países de la OCDE (34,64%) y de la Unión Europea (39,40%).
En la década del 80, la presión fiscal promediaba el 18% del PBI y en la del 90 el 24%. Estas cifras hablan por sí mismas del "esfuerzo contributivo" que se ha exigido en los últimos años a los ciudadanos, sin brindar como contrapartida, una buena calidad de servicios, acorde con el alto precio que se paga. En este sentido, se produce un límite psicológico al impuesto cuando el contribuyente no está satisfecho con las prestaciones del Estado.
En la agenda de un próximo gobierno, debe tener prioridad una baja gradual de impuestos acompañada por una mejora sustancial en el estado de bienestar a partir del gasto social. Todos los milagros económicos tuvieron una reducción de impuestos: Francia, en 1927; Alemania, en 1948, Japón, en 1951, Hong Kong y Singapur, en 1960.
Para redistribuir riqueza, primero hay que crearla