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Arquitectura y urbanidad en Costa Rica

San José de Costa Rica, ciudad de larga trayectoria democrática, se propone desde hace ya varios años como un intervalo casi obligado en las vacaciones caribeñas en Centroamérica.

Emplazada en el Valle Intermontano, la ciudad de San José representa el corazón de la llamada Área Metropolitana de Costa Rica, albergando en 45 km2 a 300.000 personas. Si bien posee la densidad y el tráfico característico de las ciudades capitales, aquí no reinan los bocinazos ni el griterío, la amabilidad es moneda corriente e, inclusive, llama poderosamente la atención la limpieza de sus calles, plazas y jardines.
Bajo el sol del atardecer, un mulato parado en la Av. 4 controla el movimiento del Parque Central desde la esquina. A su espalda, la catedral avisa con cuatro campanadas que el cura está por llegar al altar y, en silencio, todo va quedando preparado para que, cuando la misa acabe, en el anfiteatro de la plaza comience a sonar la orquesta de la ciudad.
Las calles comienzan a iluminarse con faroles de estilo colonial y, entre notas de violines y chelos, los turistas continúan buscando artesanías y visitando las enormes librerías que rodean el Parque Central.
Aunque San José como provincia capital tiene una importante superficie (5.200 km2), la "zona céntrica" propiamente dicha no es excesivamente grande y puede sin problemas recorrerse a pie. Tampoco es posible atravesarla en un rato, pero con la sencilla y afable ayuda de cómodos calzados, la novedad del entorno se propone como una excelente excusa para deambular incansablemente.
La ciudad de a poco se va bifurcando entre importantes avenidas, pequeñas callecitas y diagonales que siempre desembocan en alguna de las coloridas plazas. Una recorrida por San José será suficiente para evidenciar la variedad de estilos arquitectónicos que van desde construcciones coloniales hasta atrevidos diseños modernos de hoteles y oficinas céntricas.
Cuando de edificaciones vistosas se trata, no hay que dejar de visitar el Teatro Nacional y la Casa Amarilla. El primero fue construido en 1897 y estuvo inspirado en el Teatro de la Ópera de París. Con su clásico y refinado estilo renacentista, constituye uno de los más importantes foros culturales de este país. Su interior, verdaderamente exquisito, luce lustrosas escaleras de mármol, estatuas y frescos, que le otorgan a sus salones un aura señorial. Allí pueden visitarse distintas exposiciones de arte que exponen pinturas modernistas y de origen indígena. La Casa Amarilla, ubicada en la avenida 7, funciona actualmente como asiento para el Ministerio de Relaciones Exteriores de Costa Rica. Originariamente, fue construida como sede de la Corte de Justicia Latinoamericana, cuyo edificio había sido destruido en Cartago a causa de un terremoto. Al finalizar las funciones de la Corte, el edificio fue destinado para labores de las autoridades costarricenses. Por la tarde, este lugar se encuentra abierto al público.
Muy próximos al Parque Central se encuentran varios museos con obras de gran valor histórico y artístico. El más importante es el Museo Nacional, ubicado sobre la Av. 2. Sus diversas salas exponen valiosas e importantes obras de la cultura precolombina y del posterior período colonial. También en la zona céntrica de la ciudad se encuentran el Museo del Oro, el Museo de Arte Costarricense y el Museo de Jade.
Junto al Teatro Nacional está el Instituto Costarricense de Turismo, donde se atiende con la atención y la amabilidad típica de este país. Allí pueden conseguirse mapas que ubican todo tipo de atractivos, ya sean comerciales, artísticos, culturales o históricos.

Para todos los presupuestos

San José es sin duda una de las capitales más paquetas de centroamérica. En pleno corazón de la ciudad, no faltan ni lujosos hoteles, ni restaurantes con platos de porcelana, ni boutiques de marcas europeas. Todo, audazmente complementado con económicos albergues para venturosos viajeros, casas de comidas vegetarianas y pequeños negocios con artesanías de tentador colorido.
Entre los hoteles más destacados, hay que mencionar al Gran Hotel Costa Rica, originario de 1930 y considerado patrimonio histórico de la ciudad, y el Grano de Oro, un hotel boutique de lujo situado cerca del pase Colón. La cuestión alimenticia también está exenta de problemas; hay casas de comida para todos los gustos y presupuestos. Se recomienda a los amantes de los platos de mar ir a Lobster Inn, sobre la calle 24 y a La casa de los Mariscos. Aquellos que extrañen el asado y el vino, en La Tranquera (zona este de la ciudad) los fines de semana hay grandes parrilladas con orquesta y baile para la sobremesa.
Costa Rica es experta en café, y luego de la cena hay pocos placeres como una taza bien preparada. El céntrico y moderno Café del Teatro, frente al Teatro Nacional, es una de las más interesantes opciones.
El clima ayuda mucho para que por la noche sea atractivo dar un paseo por la ciudad. Bordeando el Parque Central, hay algunos puestos de artesanías que están abiertos hasta que acabe el movimiento. Por supuesto, éstas no son las únicas opciones. En la zona céntrica hay varias discos que permanecen abiertas inclusive los días de semana, como así también bares y pubs con música en vivo.