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Argentina-China: Avatares de un amor contrariado

Empresas locales apuestan a seguir conquistando el mercado chino; otras se alertan por las importaciones de ese origen y el Gobierno revisa proyectos de infraestructura. ¿Oportunidad o riesgo?

Macri saluda a su par chino, Xi Jinping, durante la cumbre del G-20 en ese país.

Macri saluda a su par chino, Xi Jinping, durante la cumbre del G-20 en ese país.

En apenas unos días empezarán a nacer en la provincia norteña de Hebei terneros de los mil embriones congelados que exportó a China Hugo Sigman, nombre por estos días mencionado en el affaire aduanero de la pseudoefedrina. El exitoso empresario farmacéutico es uno de los que están motorizando exportaciones no convencionales a aquel país, que amedrenta como eventual competidor, pero que seduce por la magnitud de su mercado y su capacidad inversora.

Es cierto que el vínculo con uno de los principales socios comerciales de la Argentina tiene costados polémicos. El menú de ventas está fuertemente primarizado, con porotos y aceite de soja liderando los embarques con una tendencia inquietante para los industrialistas: cada vez se le vende proporcionalmente más granos y menos derivados. Según datos del 2015, el mix fue de 68 y 15%, respectivamente.

El resultado del intercambio fortalece el argumento de quienes advierten sobre una presunta avalancha de bienes asiáticos que perjudique a la industria nacional, en particular si se piensa que el 99% del diversificado menú de productos made in China son bienes industriales. Desde el 2009 hasta la fecha, la Argentina registra un déficit comercial creciente que, según las estadísticas oficiales fue de u$s 6.634 millones el año pasado. Y en el primer semestre de este año casi roza los 3000 millones.

Esos registros por sí mismos no dicen demasiado de una relación imprescindible que debe manejarse a largo plazo. Es cierto que los chinos son proveedores fundamentales de maquinarias, aparatos eléctricos o material ferroviario, entre otros bienes con alto valor agregado. Pero es igualmente cierto que su troupe de consumidores en expansión implica una gran potencialidad para la conquista.

Desde Buenos Aires ya empezaron a embarcarse caballos de polo para atender el nuevo hobby deportivo de la emergente burguesía china; hace pocas semanas se hizo el primer despacho de peras y manzanas patagónicas y en breve ocurrirá lo propio con la uva sanjuanina globe, especie que los asiáticos aprecian como postre.

La exploración de nuevas chances comerciales quizás podría ser más ágil si estuviera en pleno funcionamiento el Foro empresario que se formó bajo la órbita de Cancillería hace casi un año, pero que quedó paralizado por la rencilla entre empresarios acerca de quién debía presidirla. Los hombres de la Unión Industrial se consideraron postulantes tan obvios como Carlos Spadone, titular de la Cámara de Comercio Argentino China.

Claro que el esfuerzo argentino por vender no sólo más sino productos más industrializados podría considerarse estéril si se contempla la implacable lógica asiática: comprar bienes con el menor valor agregado posible e invertir en los rubros que sirvan para facilitar las compras de los bienes básicos que le apetecen. Sus apuestas en energía, con las petroleras CNOC (socia de Bulgheroni) o Sinopec; su intervención en el Belgrano Cargas o la apuesta en Nidera (Cofco) ofician de ejemplos obvios.

Del mismo modo, China ofrece una financiación tentadora para onerosos emprendimientos, con bajo interés y años de gracia. Pero, a semejanza de otros proveedores, a condición de ser los proveedores prioritarios de la obra.

Revisión de inversiones

Darle la espalda a la potencia asiática, como sugieren muchos empresarios locales angustiados por la competencia de productos chinos, sería una necedad. Mauricio Macri bien lo sabe y no sólo por la escuela paterna.

Su padre Franco hace años que ostenta el título de asesor del gobierno chino en inversiones externas y fue articulador de varias apuestas de ese país en territorio latinoamericano, autos y materiales ferroviarios, entre otros. Como contrapartida, se dio el gusto de jugar largas partidas de bridges con encumbrados funcionarios de Pekín, con la convicción de estar cultivando un vínculo provechoso para la Argentina.

El actual Presidente, a la sazón su hijo, no discute la relevancia de esa relación. Pero en los primeros meses de gestión tuvo la vocación de revisar los multimillonarios contratos de inversión para obras de infraestructura celebrados por el gobierno anterior con la intención de no convalidar condiciones desventajosas para la caja pública.

Hasta ahora, sin embargo, los está convalidando, con retoques que no hieren el vínculo. Empresas chinas son las principales proveedoras y ejecutoras de la remoción del Belgrano Cargas, un plan que implica desembolsos por u$s 2.470 millones. El programa sigue en pie sin cambios sustanciales. Junto a Electroingeniría, Gezhouba levantará sobre el Río Santa Cruz las centrales Néstor Kirchner y Jorge Cepernic. Poco antes del reciente viaje presidencial a la cumbre del G20 en Shanghai, el secretario de Energía Eléctrica, Alejandro Sruoga, viajó discretamente al sur para convalidar en terreno patagónico una nueva versión de ese pacto, que seguirá involucrando un monto cercano a los u$s 4700 millones.

Los asiáticos seguirán financiando más del 80% de la operación, en la que serán proveedores principales de materiales a crédito y con tiempo de gracia para el repago. Eso sí: se redujo la cantidad de turbinas (lo más importante de una central hidroeléctrica, en rigor, es la presa). Aunque, al mismo tiempo, se le garantizó a la contraparte china el tendido de líneas que permitirán vincular a las presas con el Sistema Interconectado.

Según fuentes del sector, esto habría permitido mantener un compromiso global semejante en monto a favor de empresas asiáticas. Atajo gatopardista: cambia algo pero lo fundamental subsiste. Quizás una fórmula similar se utilice con las dos próximas centrales nucleares en proyección, para las cuales el kirchnerismo también identificó a firmas chinas como proveedoras. Poco antes de terminar su gestión, el ex ministro de Planificación, Julio de Vido, firmó en Turquía los preacuerdos para dos usinas atómicas por un monto total de u$s 15.000 millones. Ese presupuesto tan suculento ahora está bajo la lupa, aunque sigue en pie el compromiso.

Como el resto de los miembros de la Organización Mundial de Comercio (OMC), antes de fin de año Argentina tiene que resolver si le reconoce o no a China el status de economía de mercado. De hacerlo, resultaría mucho más vulnerable a las importaciones a precio de dumping desde ese país, ya que sólo podría probar esa eventual maniobra considerando los costos de producción asiáticos -probadamente más bajos- y no tendría la chance de usar como referencia los mismos bienes en otros países.

Un reciente estudio del Atlantic Council advierte sobre los riesgos de hacer más permeables las fronteras locales y hasta responsabiliza al embate de bienes de aquel país por la desindustrialización que en los últimos años afectó tanto a la Argentina como a Brasil y México.

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