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Agrelo: un terruño sin igual

En el corazón de Luján de Cuyo, cuna del Malbec, nacen algunos de los mejores vinos de la Argentina. Entre hileras interminables de álamos, las fincas se suceden en uno de los paisajes más bellos de la provincia de Mendoza.

Agrelo: un terruño sin igual

El departamento mendocino de Luján de Cuyo es una de las zonas más importantes de la producción vitivinícola argentina, y allí, en su corazón, hay una localidad que se destaca especialmente por la calidad y la consistencia de sus vinos: Agrelo. Entre sus extensas fincas y antiguos álamos, en un escenario de belleza y calma, han nacido muchos de los grandes vinos nacionales, esos que tanto dan que hablar entre los conocedores locales y también fronteras afuera.
Con el Cordón de Plata como custodio de los viñedos, Agrelo es uno de los terruños más históricos, sanos y beneficiosos del país para el cultivo de la vid. En el pasado, este distrito solía ser toda una sola finca inmensa, propiedad de los Funes, una familia tradicional, cuyo campo se extendía desde la actual Ruta Provincial 15 hasta las primeras estribaciones de la cordillera. Se cuenta que en tamaña extensión no sólo había casas y caballerizas, sino que también tenían canchas de tenis, pileta y hasta una pista de aterrizaje. En aquellos años de principios de siglo XX, la construcción del Dique Cipolletti (que data de 1910) cambió el panorama permitiendo derivar el agua del deshielo directamente hasta las fincas. Desde aquel momento, se comenzaron a implantar cientos de hectáreas de viñas que se extienden hasta las montañas, y detrás de ellas, aparece omnipresente una porción del paraíso.
Para entender un poco la topografía del lugar hay que decir que toda esta zona es, literalmente, parte del pedemonte cordillerano, y que por ello tiene una clara pendiente que desciende en dirección al este. La parte alta, más hacia el oeste, supera los 1.000 metros de altura, y allí se levantan las bodegas icónicas de la región: Finca La Anita, Pulenta Estate, Séptima y Chakana, entre otras.
A continuación, una selección de vinos para conocer la identidad de este terruño en sus diferentes zonas, cepajes, estilos y perfiles.

Estos son los tesoros de Agrelo:

- Séptima Obra Cabernet Sauvignon 2013.
Los Cabernet Sauvignon de Agrelo son famosos por su pureza y tipicidad varietal. Este es muy completo; especiado, con notas de frutos negros y algo de pimienta. En el paladar es potente, con buen volumen de fruta y enjundia; taninos duros pero sin asperezas y acidez equilibrada. Un vino sumamente versátil en la mesa.

- Finca La Anita Malbec 2013.
Elegante, sensual, redondo; muy fácil de disfrutar este Malbec lleno de frutas rojas y la típica nota de té verde que expresa el terruño Agrelo. En el paladar todos sus elementos están en equilibro: acidez, crianza en barrica y taninos maduros. Un vino profundo y amplio, muy delicado, ideal para carnes magras grilladas.

- Chakana Estate Syrah 2013.
Producto de un viñedo orgánico nace este Syrah de gran nervio, lleno de frutas negras, ciruelas y especias. Repite su intensidad en el paladar con buena concentración frutal, taninos maduros y textura algo briosa pero armónica. Tiene un paso por boca y un final muy vivaz, por lo que aún puede guardarse unos años.

- Vaglio Chacra 2013.
Muy interesante este Malbec autoral del joven enólogo José Lovaglio, que hace vinos muy cuidados, de pequeñas producciones y una identidad muy marcada. Éste es de estilo moderno, con vivacidad y cierta nota vegetal impecable. Un vino joven pero así debe beberse. Muy buena alternativa y muy actual.

- Pulenta Estate Gran Cabernet Franc 2012.
Uno de los mejores Cabernet Franc argentinos, de gran elegancia y sofisticación. Sobrio, con aromas a frutos negros y pimienta, y notas algo verdes que le suman frescura (algo de sotobosque). En boca es muy compacto, casi polifónico, donde todo está en su lugar. Elegante y complejo, para descorchar con comidas importantes. No es un vino económico pero vale lo que exige el desembolso. Mejorará con el correr de los años.