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Aborto: ¿por qué los líderes no estuvieron a la altura de un debate histórico?

Macri habilitó la discusión, pero luego no hizo nada para que la ley se apruebe, defraudando las expectativas de buena parte la opinión pública.

Aborto: ¿por qué los líderes no estuvieron a la altura de un debate histórico?

Nadie podrá negarle al presidente Mauricio Macri el mérito inesperado de haber habilitado el debate de la despenalización del aborto, poniendo por primera vez el oído de la política a un reclamo histórico del movimiento de mujeres argentinas que en los últimos años logró una visibilidad inusitada bajo el colectivo Ni Una Menos.

 

Por los motivos que sea que lo haya hecho y que no vienen al caso desarrollar aquí, de haberse aprobado en el Senado el proyecto de ley sancionado hace casi dos meses por los diputados de la Nación, hubiera significado para la Argentina un avance cualitativo en términos de salud pública y derechos civiles. Sin embargo, no se logró. Y aunque parezca contradictorio decirlo, quizá haya que buscar parte de las razones de ese fracaso en el tibio papel que eligió jugar luego el propio Presidente, dejando en buena parte de la ciudadanía la amarga sensación de encontrarnos frente una nueva oportunidad perdida -esta vez la de evitar las muertes que día a día producen los abortos clandestinos, problema saldado hace décadas en los países modernos-, una de las tantas que acostumbra a dejar pasar la Argentina indolente.

Están, claro, los que provistos de anteojeras ideológicas no reconocerán jamás mérito alguno en el Presidente y prefieren pasar por alto el dato de que durante la larga década kirchnerista este tema fue considerado un tabú. Pero al mismo tiempo hay que decir que el líder de Cambiemos generó una enorme expectativa social -la prueba está en la ola verde de mujeres que hizo sentir desde la calle la presión popular para que el proyecto se convirtiera en ley-, que luego no supo, no quiso o no pudo cumplir. En buena medida, también, por la voluntad de muchos de sus propios legisladores que prefirieron aferrarse a viejos dogmas de la Iglesia antes que obligarse a reflexionar sobre el aborto como una cuestión de salud pública. En efecto; el ¿liderazgo? de Macri en este tema, al igual que el que viene ejerciendo a los tumbos para enderezar la economía del país, dejó sabor a poco. Pudo decidirse a dar a un paso significativo en la ampliación de los derechos civiles en el país, como fueron el divorcio vincular y el matrimonio igualitario, pero eligió, en cambio, un papel casi prescindente y conservador. Como dice uno de los tantos slogans que circularon en estos días a favor del IVE, "quedaba terminantemente prohibido ser tibio", pero él lo fue.

Más grave, quizá, fue el rol de su vicepresidenta, Gabriela Michetti. Ni como dirigente ni como mujer fue capaz de revisar su postura antiabortista como sí lo hicieron otros legisladores que dejaron de lado sus convicciones religiosas para decidir en función del bien común. Por el contrario, se atrevió a ir aún más lejos y manifestarse, también, en contra de la interrupción del embarazo en los casos de violación, cuando el Código Penal hace casi 100 años declaraba al aborto no punible en esas circunstancias. "Vamos, todavía", festejó desde el estrado cuando la votación quedó definida por 38 votos en contra y 31 a favor de la despenalización.

La gobernadora María Eugenia Vidal tampoco estuvo a la altura de un debate donde quedó expuesto en varios discursos el pobre nivel de nuestra dirigencia vernácula. "Si no se vota, estaré aliviada", declaró horas antes del rechazo en el Senado. Vidal es, detrás del Presidente, la figura más importante de Cambiemos y, sin embargo, no tuvo reparos en subir a las redes sociales una foto suya con un pañuelo celeste, emblema de los grupos "pro vida". ¿Puede considerarse atinada la postura de la gobernadora de la provincia que más pobres tiene en la Argentina y donde seguramente ocurren -y seguirán ocurriendo luego de la votación del Senado- muchas de las muertes que se producen por los abortos clandestinos?

¿Y Lilita Carrió? La "conciencia moral" de la República opinó sin inmutarse durante el tratamiento del proyecto en Diputados que el aborto no debía ser legalizado sólo porque, según ella, se ocultarían o legitimarían violaciones. No le pareció tan cuestionable que esas chicas debieran continuar con un embarazo a los 12 ó 13 años teniendo los hijos de sus abusadores. Pidió también hacer "primar la sensatez", aquella que ella no tuvo cuando tildó al proyecto de una mera "moda".

Un párrafo aparte merece la senadora Cristina Kirchner. Gobernó la Argentina durante casi una década en la que impidió a conciencia que la legalización del aborto fuera abordada en toda su dimensión, al punto de bloquear la posibilidad de que la discusión llegara al Congreso de la Nación. Pero ayer votó a favor de la despenalización. Bienvenido sea su cambio de actitud, pero sería muy ingenuo pasar por alto -aún para sus más fieles seguidores que parecen perdonarle por acción u omisión cualquier pecado- que el firme rechazo al aborto atravesó toda su carrera política: desde que se inició como diputada por Santa Cruz hasta el día que dejó la Presidencia. Más aún, CFK se ocupó especialmente de que la reforma del Código Penal abordada en el 2012 dejara fuera la cuestión del aborto. Cuando tuvo en sus manos el poder de cambiar la realidad -y vaya si lo tuvo- se negó sistemáticamente a hacerlo. Ayer en su discurso, La ex presidenta confesó que fueron "las miles de chicas que se volcaron a la calle" las que hicieron posible su cambio de opinión, pero su voto también dejó el sabor de la mera especulación política y la hipocresía. Jamás abrazó la agenda feminista; a sus 65 años y fuera del poder, el hecho de que se decida a hacerlo en forma tardía no parece ser digno de aplausos.

Y por último, aunque se trate ya de un líder global, hay que decir que también el argentino Jorge Bergoglio, actual Papa Francisco, tuvo una poco feliz intervención en este debate. Nadie esperaba, claro está, que la Iglesia cambiara su doctrina contraria al aborto -se opone a esta práctica en nombre de la defensa de la vida, desde la concepción hasta su final- pero sí al menos una mirada más moderada frente a una problemática que ocurre y seguirá ocurriendo: las muertes por abortos clandestinos de miles de mujeres argentinas. Comparar al aborto con el nazismo fue ir demasiado lejos.

Habrá una nueva oportunidad para la despenalización del aborto, quizá, el año próximo. ¿Sabrán los líderes que supimos conseguir honrar la función para la que han sido elegidos?

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