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10 consejos para bajar la inflación

Contener la aceleración de los precios es el gran desafío que enfrenta Mauricio Macri. Tras casi una década de tasas superiores al 20%, los economistas recomiendan medidas para ponerle coto: desde un plan integral hasta la creación por ley de un Consejo Macro que fije metas semestrales, pasando por controles y acuerdos que desinflen expectativas.

10 consejos para bajar la inflación

Tras la aceleración inflacionaria post cepo y tarifazo, el Gobierno insiste en que llevará la inflación al 25% en la segunda parte del año, cuando espera cosechar los frutos de su política monetaria y fiscal. Pero la inflación esperada por la población para los próximos 12 meses ya ronda el 30%, según la encuesta que publica mensualmente la Universidad Torcuato Di Tella. Nadie quiere perder poder de compra y esto se refleja en las negociaciones paritarias, que en la mayoría de los casos vienen superando el 30% en términos anualizados y se reabrirán en el segundo semestre del año.

En este escenario, dejando de lado el debate de la responsabilidad política de la actual suba de precios, la mayoría de los economistas que no están en la función pública -incluso los opositores- coincide en que, para combatir la inflación, es necesario atacar las causas macro -algo en lo que reconocen que el Gobierno viene avanzando-. También plantean que hay que convencer a los diferentes agentes económicos y políticos (trabajadores, empresarios, gobernadores, líderes de la oposición) respecto de que la magnitud de las subas de precios del pasado reciente no se repetirá en los sucesivos meses.

El llamado "anclaje de las expectativas" requiere un plan consistente, que muestre un mix de política fiscal, monetaria y de ingresos concretable sin que peligre la gobernabilidad, coinciden. Justamente el acuerdo con los holdouts y que el país acceda finalmente al financiamiento externo ayudaría a mejorar esas expectativas, al evitar un escenario de ajuste fiscal severo y sus consecuencias políticas y sociales.


Recorré la imagen interactiva para entrar a las columnas de cada uno de los especialistas



 


Reducir demandas para no empeorar la situación

 

 

El imprescindible reacomodamiento de precios relativos siempre produce un aumento de precios. Se trata de evitar que ese aumento se transforme en una inflación más elevada. Para ello se requiere un cambio de expectativas, el cual depende de varios factores: anuncios creíbles sobre reducción de la emisión monetaria y déficit fiscal y cierto control de la puja distributiva.

El déficit fiscal heredado es muy alto y sigue siendo alrededor de 6% del producto, y pareciera que el Gobierno no ha sido muy exitoso con algunos formadores de precios ni con algunos sindicalistas. Por ende, es necesario reducir algo más el déficit fiscal en un contexto donde la oposición reclama correcciones adicionales del impuesto a las Ganancias y las provincias más recursos. La suma de los reclamos es equivalente a tres puntos del producto. Si ese fuera el precio a pagar por el acuerdo legislativo, en lugar de bajar vamos a subir la inflación.

Dada la conformación del Congreso, no alcanza con que el Gobierno se ponga "más duro", se requiere que todos entiendan que si no reducen sus demandas la situación puede empeorar. Pero también hay un trabajo pendiente en relación con la puja distributiva. Y por favor, dejemos el necesario inflation targeting para cuando tengamos menos inflación y se haya corregido gran parte de la distorsión de precios relativos.


Metas, a través de un Consejo de Estabilidad Macro

 

 

La persistente inflación es resultado de una cadena de distorsiones que, de no corregirse, comprometen el crecimiento económico futuro. Sin una política articulada orientada a bajarla gradualmente, será difícil reducir la pobreza, impulsar la inversión y fomentar la competitividad de nuestra economía.

Es crucial actuar sobre esta problemática para evitar que nos adaptemos de manera permanente a un entorno de alta inflación, aumentando los costos en términos de actividad y empleo de su erradicación.

Para ello, la política monetaria y cambiaria, la política fiscal y la política salarial y de ingresos deberían converger hacia niveles compatibles entre sí. Esto podría alcanzarse con la creación de un Consejo de Estabilidad Macroeconómica establecido por ley cuyo principal objetivo fuese fijar anualmente metas y rangos semestrales de inflación y crecimiento con un horizonte temporal de al menos dos años. Este Consejo debería precisar metas de resultado para cada agencia y promover la rendición de cuentas ante el Congreso de la Nación.

Además de este sistema de balizas es preciso señalar la voluntad de crear un horizonte de largo plazo. Para producir un círculo virtuoso debemos contar con instituciones que pavimenten el camino para la toma de decisiones y parametricen las expectativas económicas. El camino del crecimiento al desarrollo sostenido requiere una política económica que avance de las acciones defensivas a la planificación estratégica.


Falta un ancla que actúe sobre las expectativas

 

 

Luego de casi una década de tasas de inflación superiores al 20% anual, Argentina enfrenta un gran desafío para bajarla a un dígito. La sabiduría popular parece establecer que la inflación es el resultado de una abultada emisión monetaria para financiar el déficit fiscal y que la solución pasa simplemente por reducir ese déficit. Muerto el perro se acabó la rabia. Sin embargo, en general, la inflación es un fenómeno complejo en el que hay factores que la disparan (como déficit fiscal o políticas de estimulo del empleo) y otros factores, principalmente las expectativas de inflación, que la mantienen viva, lo que se conoce como inercia inflacionaria.

Un plan anti-inflacionario necesita actuar sobre ambos factores. Por un lado, es importante asegurarse que la economía tenga buenos fundamentals, lo que en la práctica implica que el déficit fiscal se pueda financiar con deuda y no con emisión monetaria y que el Banco Central no mantenga una tasa de interés que sea negativa en términos reales que pueda llevar a un exceso de demanda. Pero tan o más importante es la inclusión de un ancla que actúe directamente sobre la inercia y las expectativas inflacionarias. Entre las opciones están las anclas nominales que en el pasado han tenido resultados pobres, como el tipo de cambio o la cantidad de dinero. Alternativamente, una propuesta innovadora sería utilizar como ancla el crecimiento nominal del gasto público, algo que le debería gustar tanto a los fiscalistas como a los keynesianos.


Plan integral con subsidios y controles

 

 

Las políticas económicas que dieron comienzo a esta nueva gestión -eliminación de las retenciones a las exportaciones agropecuarias, devaluación del peso, aumento de tarifas, desmantelamiento de controles a los formadores de precios, entre otras- generaron un fuerte traslado a precios y aceleraron la dinámica inflacionaria. Con el objetivo de contener la inflación y llevarla a registros de no más de un dígito anual, será necesario implementar un plan integral, que acomode las variables macroeconómicas -crecimiento del gasto público y ritmo de emisión monetaria-, en un esquema sustentable y sin perjuicio sobre la actividad.

Esto puede lograrse trabajando sobre el esquema de subsidios de manera muy direccionada para no afectar a sectores que sentirán un impacto en su ingreso disponible a partir de la suba de tarifas. Deberá crearse un marco de estabilidad creíble para estimular la demanda de pesos sin necesidad de mantener los elevados niveles de tasas de interés actuales. Mientras tanto, deberá trabajarse fuertemente desde el Estado en el control de la formación de precios, entendiendo que tenemos una economía fuertemente concentrada y extranjerizada. En esta situación, la libertad de mercado en la formación de precios conduce a una dinámica inflacionaria creciente, en detrimento del poder adquisitivo de los salarios, y profundiza la restricción externa, a través de la fuga de capitales.


Además de bajar, que parezca que baja

 

 

La inflación está bajando. Sé que la afirmación es polémica porque es como decir que está desacelerando un coche que pasa a 180 km. por hora. Los cierto es que los precios corren a una velocidad escandalosa, pero hace dos meses venían a 200. El IPC San Luis acusó recibo y cayó del 6,5% de diciembre al 4,%5 en enero. El IPC CABA subió del 3,9% de diciembre al 4,15% en enero, pero fue por culpa de aumentos estacionales. Así como a nadie se le ocurriría decir que el calentamiento global cede, porque en julio baja la temperatura, lo correcto es mirar la "inflación core", o núcleo, que en CABA pasó de 4,5% en diciembre a 4,1% en enero.

Las consultoras privadas confirmaron la misma tendencia a la baja y el índice que las promedia (IPC Congreso) cayó también. En febrero, la tendencia continúa. Elypsis midió 4,2% para CABA, pero 1,7% es por el tarifazo, que obviamente duele en el bolsillo, aunque no es inflación; no responde a un proceso de remarcaciones por emisión, o producto de la devaluación: es el resultado de una decisión administrativa y es un aumento de una vez. Si la gente percibe que la inflación se está controlando, frenará remarcaciones en caso de ser un formador de precios, moderará exigencias si está negociando una paritaria, e incrementará su demanda de pesos si es un ahorrista, bajando la presión sobre el dólar y reduciendo la alícuota del impuesto inflacionario.


Controles, acuerdos y expansión de oferta

 

 

El Gobierno avanzó con velocidad en restituir la capacidad de los mercados de asignar recursos en la economía, sobre todo en aquellos bienes de demanda rígida, como la energía y los alimentos. Cuando se parte de niveles de consumo elevados, como los actuales, esta decisión sólo puede dar como resultado una escalada de precios en artículos sensibles para la población. La respuesta inmediata fue una política monetaria contractiva expresada en una tasa de interés que fluctuó con serruchos, pero con tendencia a la suba, y una reducción del gasto público más dilatada en el tiempo.

La mezcla de mercados libres con políticas monetarias y fiscales contractivas produce el principal factor inflacionario, una sobreganancia empresaria que impacta en la demanda de dólares, también desregulada, y una suba del tipo de cambio que retroalimenta el proceso inflacionario. Este proceso sólo puede ser detenido dentro de este esquema macroeconómico por una abrupta caída del nivel de consumo y, a mediano plazo, con recesión y desempleo. La política antiinflacionaria efectiva es aquella que combina regulación de mercados, esencialmente en aquellos bienes de oferta monopólica y demanda rígida, con acuerdos de precios y salarios que desinflen expectativas, y , a la vez, una política monetaria y fiscal que permita sostener la demanda en línea con la expansión de la oferta.


Bajar el gasto público consolidado

 

 

La inflación que estamos observando es en gran parte inflación reprimida durante muchos años, en algunos casos desde el 2001. El desajuste de precios relativos es muy grande y la necesaria corrección lleva al aumento general de precios, dado que los precios nominales, en general, no son flexibles a la baja, especialmente los salarios. Entendemos que este proceso de reajuste durará hasta completarse al menos hasta el tercer trimestre de 2016.


Se requiere impulsar la inversión para ocupar formalmente a la mayor cantidad posible de trabajadores. Esto requiere una Inversión Bruta Interna Fija de al menos el 25% del PBI, para lo cual se requiere una economía ordenada y una apertura al mundo muy amplia. Al mismo tiempo es recomendable reducir el gasto público consolidado, que pasó de 28% del PBI en el promedio histórico al 53% del PBI en 2015. Este número bajaría algo en 2016, pero se mantendría en 51% del PBI. Incluimos en este gasto público todo gasto que esté financiado compulsivamente desde el Estado, como por ejemplo las obras sociales sindicales.


Cerrar la brecha fiscal

 

 

Reducir la inflación aparece en el centro de las prioridades del Gobierno actual, que entiende que no es posible emprender un proceso sostenible de crecimiento con este ritmo de encarecimiento del costo de vida. A diferencia de la administración anterior y de manera acertada, las autoridades apuntan a dominar este fenómeno macroeconómico con medidas macroeconómicas, principalmente con un régimen de metas de inflación que se propone converger a un dígito en el último año del mandato presidencial. El uso de instrumentos micro (como el plan Precios cuidados, el monitoreo de precios y el reimpulso de la comisión de defensa de la competencia) resultan sólo un complemento de esta estrategia principal.

Sin embargo, el objetivo oficial se ve desafiado. En el corto plazo, producto de la suba en las tarifas de luz y la depreciación del peso, en un marco en el que la ausencia de un índice de inflación oficial dificulta el ancla de las expectativas. Pero además, más allá de las dificultades que puedan surgir en lo inmediato, el éxito de la política antinflacionaria actual requerirá en buena medida de la coordinación de las políticas fiscal y monetaria. En otras palabras, cerrar progresivamente la brecha de las cuentas públicas es indispensable para evitar el financiamiento monetario del déficit, y con ello, hacer consistente y sostenible el programa macroeconómico, señal clave para anclar las expectativas.


Convencer a la sociedad de que la inflación va a bajar

 

 

El nuevo gobierno pretende bajar gradualmente la inflación, hasta un 5% anual en 2019. Un desafío crucial con esta estrategia es convencer a la sociedad que la inflación comenzará a bajar paulatinamente en el tiempo, aún luego de una suba inicial, por la necesidad de corregir distorsiones pre-existentes de precios relativos (tipo de cambio, tarifas). En especial, convencer a los gremios, para que negocien salarios entre 2016 y 2019 en base a inflación esperada y no pasada. Complicado, pero la alternativa del shock resultaba poco viable política y socialmente. La estrategia requiere que todos los años se reduzca el déficit fiscal y la asistencia del BCRA al Tesoro, lo segundo más rápido que lo primero, de modo que en la transición resulta vital el acceso al financiamiento internacional. Sin arreglo con holdouts, o se ajusta drásticamente el déficit fiscal o aceptamos convivir con alta inflación varios años más.


Igualmente importante resultan los acuerdos que pudieran lograrse con el mundo empresario y del trabajo. Subas salariales por arriba del 30% anual en 2016, como actualmente se está planteando, con un tipo de cambio que subirá más del 70%, volverían prácticamente inalcanzable la meta inflacionaria del 20-25% pretendida por el Gobierno para 2016, aún con una contracción monetaria. En este contexto, resulta conveniente dividir la negociación de salarios en dos partes este año, de modo que en la segunda ronda de negociación, con una inflación mensual ya más baja, puedan generarse condiciones para un aumento de salarios que resulte acorde con una tasa de inflación menor al 30% en 2016.


El Gobierno exacerbó la inflación

 

 

El Gobierno debe hacerse cargo de que fueron sus decisiones de política económica las que han exacerbado las tensiones inflacionarias. La realidad está mostrando, una vez más, que las principales fuentes de aceleración inflacionaria en la Argentina están fundamentalmente asociadas a shocks de oferta y pujas distributivas más que al comportamiento de los agregados monetarios.

La fuerte reducción de la base monetaria impulsada por el BCRA resultó estéril para frenar un proceso de aumento de precios que es retroalimentado por las sucesivas alzas del dólar. La decisión del BCRA de reducir al mínimo sus intervenciones con el objeto de promover la libre flotación, no parece ser consistente con su (único) objetivo de controlar la inflación.

Esta estrategia pasa por alto dos características estructurales de la economía argentina: el grado de dolarización que afecta el proceso de formación de precios y la inflexibilidad a la baja de los precios.

La administración cambiaria en un contexto de escasez de divisas es un instrumento antiinflacionario que la autoridad monetaria no debería abandonar. La sobrereacción ocurrida en los precios de algunos productos, particularmente de alimentos, fue convalidada por el virtual desmantelamiento de los mecanismos de regulación de precios por parte del Estado.

La puja distributiva, en donde se advierten fuertes recomposiciones de mark up por parte de grandes formadores de precios exacerba el conflicto distributivo e inevitablemente impacta sobre la inflación. En el actual escenario, la recesión y el desempleo, aparecen como los únicos aliados del Gobierno para bajar la inflación.

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Comentarios3
Wilfredo Benitez
Wilfredo Benitez 13/03/2016 11:09:49

Si consideran "expertos" en economia a "tablita Machinea, "Cepo" del Pont y al aplaudidor rentado DAtellis ,no vale la pena leer la nota.

Ernesto Calvo Rodriguez
Ernesto Calvo Rodriguez 12/03/2016 10:03:39

Predominan las expresiones de deseo (Tetaz y Sica, pejemplo). Se olivdan de las expectativas (caidad de la actividad y dolar alto o recontra alto). Y que el salariazo es inevitable

Sergio Martinez
Sergio Martinez 11/03/2016 03:10:05

Me estan cargando? Tengo que escuchar a Marco del Pont, la peor presidente del BCRA de la historia que destruyo el peso argentino en las mejores condiciones internacionales posibles, dar catedra de como combatir la inflacion? Intolerable.