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“Francisco descoloca por su modo de ejercer el papado”

A través de una biografía sobre el Sumo Pontífice, la periodista ítalo-argentina Elisabetta Piqué reconstruye, desde Roma, el camino trazado por Jorge Mario Bergoglio para llegar al máximo liderazgo de la Iglesia Católica. Asegura que “encanta a muchos porque es genuino”.

Hace casi un año, el 11 de febrero de 2013, el entonces papa Benedicto XVI sorprendía con el anuncio de la dimisión de su cargo. Un mes más tarde, la fumata blanca daba inicio al ciclo del nuevo Sumo Pontífice que, esta vez, venía del fin del mundo: el jesuita argentino Jorge Mario Bergoglio, hasta ese momento, arzobispo de Buenos Aires, anunciaría su intención de llamarse Francisco, en honor a San Francisco de Asís. “La designación de Bergoglio como papa fue muy impactante. Fue una revolución a nivel personal, familiar”, explica Elisabetta Piqué, corresponsal del diario La Nación en Roma, autora de Francisco. Vida y revolución (El Ateneo), presentado a fines de 2013.
A través de estas páginas, en una investigación rigurosa, acompañada de opiniones de sectores laicos y eclesiásticos, la periodista nacida en Florencia reconstruye el camino trazado por Bergoglio para llegar al liderazgo eclesiástico. Incluye testomios inéditos, como la carta escrita por Gonzalo Mosca, agradeciendo al hoy papa su intervención para salvarle la vida durante los años de persecusión militar. Además, Piqué comparte cómo fueron los primeros encuentros con el hoy máximo representante de la Iglesia católica.

Lo sabía
En una nota publicada en abril, el diario español El Mundo publicó una nota, que habla sobre Piqué, titulada “La única periodista que acertó”. Es que, a medida que se sucedían los cónclaves y las fumatas negras indicaban que aún no había sucesor para Joseph Ratzinger, creían las especulaciones y sonaban, con fuerza, nombras como el italiano Scola, del brasileño Scherer, el húngaro Erdo, el canadiense Ouellet, el mexicano Robles Ortega, el filipino Tagle, el ghanés Turkson. Pero fue Piqué quien apostaba por Bergoglio. “Era hacer cuentas. Tal votaría a tal. Y es darse cuenta de que él entraba con un paquete de votos que eran consistentes, ver que no había un candidato fuerte como, en el anterior, que era Ratzinger, que ninguno convencía. No hay que olvidar que veníamos del escándalo ‘Vatileaks’, la filtración de documentos. Es decir, Benedicto renuncia en un momento de la Iglesia que es profunda. Hay que salir al encuentro de las periferias existenciales de que tiene que haber un cambio. Este mensaje de él”, comenta. Y agrega: “Los cardenales empiezan a ver que, por un lado, Bergoglio es el hombre espirititual que necesita la Iglesia, con llegada de manera simple y, por otro lado, con capacidad de gobierno. Es un líder que se va preparando para llegar ahí, con esa capacidad, por un lado, de gobierno y por otro de comunicar simplemente el evangelio”.

Junto a los pobres
A poco de ser electo Sumo Pontífice, Francisco tuvo gestos que causaron asombro y revuelo entre sus allegados. Y el hecho de romper el protocolo se convirtió casi en una marca registrada. “Bergoglio llega y está haciendo mucho lío. Es un juego de palabras con lo que dice en Brasil (N. de la R.: “Hagan lío en las diósesis”, había dicho durante su visita a Río de Janeiro). Él sabe que hace falta una reforma. Y ya empezó. En seguida, nombra a su G8; el consejo de ocho cardenales, que está viendo cómo hacer esa reforma de la curia; está investigando el Banco del Vaticano. Esto descoloca. Lo hace su modo de ejercer el papado. No usa la limusina ni se pone los zapatos rojos. Hay un sector conservador y tradicionalista que dice que Francisco está desacralizando la figura del papado”, analiza.
En este aspecto, Piqué sostiene que Francisco está desarmando “ese Vaticano de corte imperial, monárquico, con la figura del papa emperador. Lo que descoloca es que es un papa que no solo habla sino que predica con el ejemplo. Ya que pronuncie la palabra gay y diga ‘quién soy yo para juzgarlo’ es otra forma de ejercer el papado. Es el Papa que le besa los pies a una mujer. Y, por eso, está encantando a muchos, porque es genuino”.
n ¿Cuál es el cambio más urgente que debe hacer?
El cardenal Martini decía que la Iglesia se quedó atrás 100 años. Un tipo que caminó la calle sabe cuáles son las necesidades. Quizá no es algo tanto cambiar la doctrina sino la forma de acercarse y, por eso, lo primero que hace: hubo tres sínodos extraordinarios, que llama porque sabe que la familia está en crisis. Nunca antes se hablaba de temas tabú, como las parejas del mismo sexo, de los divorciados vueltos a casar, de cómo se sienten, de cómo se los trata. Entonces, lo urgente es una Iglesia que acompañe. En estos meses de papado, parece que hubieran pasado años.
n ¿La eliminación del celibato está en su agenda?
Es un tema que me pregunto en el último capítulo. Creo que hay temas más urgentes, como que la Iglesia acompañe a los heridos de la sociedad y se abra al mundo. En ese sentido, sus relación es fantástica tanto con los judíos como con los musulmanes. Él apoya el diálogo interreligioso y ecuménico.
n Desde la primera entrevista que tuvo con Bergoglio, al papa Francisco, ¿vio al mismo hombre?
Es el mismo y no lo es. Acá, era un hombre que se estaba por jubilar y de repente está al frente de la Iglesia. Parece como que rejuveneció 10 años. Es el mismo que se acuerda de tu cumpleñaos y llama, hace chistes pero, por otro lado, es una persona que tiene una fuerza que le sale de algún lado, tiene esta comunicación. Me lo decía el rabino Skorka: él no era hombre de sonrisa fácil. Ahora, la sonrisa es permanente. Hay algo en él que cambió. Hay algo que, él mismo lo dice, es como si le viniera de arriba, del Espíritu Santo. Es el mismo pero es otro. n 3D

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