

Y vos, ¿de qué lado estás?, es la pregunta imprescindible hoy entre los peronistas que apoyaron "el modelo" desde el 2003. ¿Con Cristina o con Scioli? ¿Con el kirchnerismo o contra el kirchnerismo? ¿Con Moyano o con el Gobierno? Es el realineamiento que generó esta semana en el PJ la guerra declarada entre el secretario general de la CGT y la Casa Rosada, que incluyó acusaciones de complicidad también para el gobernador de la provincia de Buenos Aires. Todo lo que sucede huele a 2015.
El kirchnerismo identificó abiertamente a sus dos principales enemigos internos con el fin de debilitarlos. Pero también le dio visibilidad a la consolidación de un frente peronista no kirchnerista liderado por Scioli, con el apoyo de Moyano, y otros intendentes justicialistas que se quejan asiduamente ante el mandatario por los maltratos de la nueva dirigencia camporista.
Desde la muerte de Néstor Kirchner, la Presidenta está concentrada en profundizar el proyecto K. Lo demuestra el ascenso permanente de La Cámpora y el recambio de elenco en el Gabinete, con nuevos protagonistas como el viceministro de Economía Axel Kicillof o el ministro del Interior y ahora de Transporte Florencio Randazzo. Ni Scioli ni Moyano son confiables para la Presidenta. Nunca lo fueron.
Scioli se ha esforzado en pertenecer al proyecto con denodadas muestras de lealtad a lo largo de los años. Pero por más que trató, nunca fue visto como el heredero del modelo K. Siempre fue un "mal necesario" para no perder el control de la provincia de Buenos Aires y -como Cristina- ya no tiene posibilidades de reelección.
El problema es que, a pesar de que el gobernador no califica como sucesor en 2015, las encuestas dicen todo lo contrario. Scioli es hoy el dirigente con mejor imagen a nivel nacional, según muestran la mayoría de los sondeos recientes.
"Scioli es el dueño de la ambulancia. Sólo tiene que subirse y manejar", graficó ante una consulta de WE un intendente del conurbano. Y se refiere a todos aquellos peronistas (incluso los peronistas disidentes) que, como Moyano, ya están enfrentados sin retorno con la Presidenta. O están incómodos y buscan otro espacio con proyección de futuro dentro del peronismo.
Cristina nunca sintonizó con los modos de reclamo de Moyano, su insistencia en redoblar la apuesta primero y negociar después. Néstor Kirchner supo contenerlo, pero también generó su poderío descomunal. Le dió todo lo que quiso.
En los últimos meses, con la profundización del cristinismo, la Presidenta se decidió a limitar al camionero, a reemplazarlo. Pero ya era tarde. Suena demasiado confuso escuchar a los mismos funcionarios que se declaraban amigos del líder de la CGT, ahora demonizarlo. Y viceversa.
El camionero está alineado con Scioli abiertamente. No es la foto juntos en un partido de fútbol de principios de mes lo que más molestó a los kirchneristas. Sino la corroboración de que el gobernador tiene el apoyo del jefe sindical para su proyecto presidencial 2015. Una aspiración que confesó Scioli hace unos meses, en medio de sus peleas internas con el cristinismo en la Provincia.
Son dos estilos diferentes, pero con un mismo objetivo. Moyano habla el mismo idioma que el kirchnerismo: va por todo. Como ayer, cuando a pesar de haber acordado un aumento salarial para los camioneros, convocó a la Plaza de Mayo a aquellos que quieren la suba del mínimo no imponible de ganancias. Será una demostración de fuerza que consolidará los realineamientos internos en el peronismo. El mismo que estuvo unido bajo el techo kirchnerista en los últimos nueve años, pero que ahora vivirá en casas separadas.
Scioli es su contracara. Siempre le huye a la confrontación. Y aunque su vice Gabriel Mariotto, el diputado ultrakirchnerista Carlos Kunkel, y el ministro de Planificación, Julio De Vido, lo hayan acusado de desleal en las últimas horas, el gobernador regresó de su viaje a Italia y fue fiel a sus modos. Sólo dijo que está trabajando y no es comentarista de declaraciones. Sólo él sabe cuánto podrá soportar los proyectos de la legislatura bonaerense con denuncias sobre su gestión, la falta de fondos y el poder paralelo de su vice Mariotto, que responde directamente a la Presidenta.
El gobernador sabe que tiene que resistir los embates internos en la Provincia hasta el año próximo, cuando las urnas confirmen el apoyo al kirchnerismo o alumbren el proyecto sciolista en las elecciones legislativas 2013.
No falta tanto, pero en política es una eternidad. z we









