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Lunes 24.11.2014 | 22:32
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El paro del martes pasado liderado por las centrales sindicales opositoras, así como las masivas protestas callejeras del 13S y el 8N terminaron de constatar una realidad que, por más que le duela admitirlo, al kirchner-cristinismo no le quedará otra que empezar a incorporar a la larga lista de contradicciones que se dan de bruces una y otra vez contra el tan mentado relato oficial: que el control de la calle ya no es potestad exclusiva del oficialismo. Ni mucho menos. Ese retroceso en el dominio callejero que empezó a verificarse en 2008, con las masivas movilizaciones del campo que desembocaron en la derrota de las elecciones legislativas de 2009 y pese a que el Gobierno logró recuperarse y salir triunfante en los comicios de 2011, a juzgar por la dinámica de los últimos acontecimientos, difícilmente tenga vuelta atrás.
A partir de su segundo mandato, y aún después de haber obtenido el 54% de los votos hace apenas un año que le permitió ser reelecta, Cristina Kirchner fue perdiendo el monopolio en el control de la calle, una pérdida que se hizo patente a partir de la ruptura con el líder de la CGT, Hugo Moyano, quien pasó en forma definitiva a revestir en las filas de la oposición en el multitudinario acto del 27 de junio en Plaza de Mayo, justo frente a las narices de la Casa Rosada.
Atrás quedó la vieja obsesión de Néstor Kirchner por mantener bajo su férreo mando la hegemonía del espacio público, aquel que le permitió edificar y consolidar su poder político, tras haber ganado las elecciones de 2003 con apenas el 22% de los votos. La capacidad organizada desde el Estado para movilizar en mayor número que cualquier otro sector político de la Argentina quedó ahora en tela de juicio. Y el Gobierno debe aprender -mal que le pese- a convivir con esta nueva realidad que transcurre en las calles de la Argentina.
“Ha habido más de 300 cortes. El Gobierno ha perdido control sobre el conflicto social, por lo tanto debería hacer lo que estamos haciendo nosotros. Esta diversidad que se ha juntado acá. Tenemos diferencias, pero no nos han impedido dejarlas de lado para poner por delante a los trabajadores y trabajadoras del país”, reflexionó el líder de la CTA disidente Pablo Micheli, en su balance del primer paro general en los casi 10 años del kirchnerismo, promovido en alianza con Hugo Moyano y Luis Barrionuevo.
En buen criollo, el propio Micheli le espetó en la cara a Cristina Kirchner que una de las principales fortalezas de la que se jactaba el kirchnerismo, justamente, el control de la calle, ya es cosa del pasado. La peor pesadilla para cualquier gobierno peronista que se precie, claro.
“A Kirchner lo obsesionaba ese control por la experiencia de la crisis de 2001 y por un afán de controlarlo todo, que ha heredado y agravado su mujer. Esa idea de que un gobierno que no controla todo, no controla nada. Pero me parece que la política argentina hoy es más sólida en términos de legitimidad como para poder sobrevivir a ese ‘no control’”, comenta el sociólogo Marcos Novaro.
Para mantener el control de la calle y del conflicto social, Kirchner se recostó en los intendentes del conurbano, a quienes puso como eje del manejo de la ayuda social; en la estructura sindical y el poder movilizador de Moyano, y en los llamados piqueteros K, que funcionaron de algún modo como herramienta de disuasión cada vez que fue requerido.
“Esta nueva situación, distinta a la de 2003, tiene que ver con los cambios en la coalición de Gobierno. La Presidenta se queda con un número más reducido de aliados y pierde a un sector importantísimo como el sindical, en un contexto de alta inflación y con una negociación salarial paritaria el año que viene. Eso genera nuevas presiones”, opina Sergio Berensztein, de Poliarquía y Asociados.
Para Diego Reynoso, politólogo e investigador del Conicet, las últimas protestas, las caceroleras y las de los trabajadores que llevaron adelante el paro del martes, reflejan también “una descomposición de dos alianzas clave para el oficialismo: su alianza social, puesto que el 13S y el 8N pusieron de manifiesto que los canales de interlocución con los sectores medios se están cortando; y su alianza política, el hecho de haber roto su sociedad con Moyano”, una relación que terminó abruptamente apenas iniciada la segunda etapa de Cristina.
“Ya no son solo las clases medias las que salen con la cacerola, que viven bien y son consumidoras de las redes sociales. El paro de Moyano, Micheli y Barrionuevo amplía la base de protesta y el Gobierno queda ahora en una situación complicada. Es gente trabajadora, aliada en general de los gobiernos peronistas”, sostiene Mariel Fornoni, de Management & Fit, y agrega: “El Gobierno debería escuchar porque el tema por el que se llega a esta circunstancia es precisamente la falta de diálogo”.
“La paranoia kirchnerista es una exageración y fruto de esa memoria que les pesa tanto y esa vocación absolutista de que no se puede sobrevivir no controlando la calle. Así es que termina sobrestimando el valor que tiene y la Presidenta se siente asediada y decide levantar muros que la aislan aún más de la sociedad”, completa Novaro.
En efecto; podrá decirse que los cacerolazos de los sectores medios y el paro del sindicalismo organizado del martes no representan lo mismo, pero la esencia del reclamo tiene sin duda un denominador común: que la Presidenta abandone su aislamiento y escuche las demandas que desvelan a sectores cada vez más vastos de la sociedad: la inflación, la inseguridad, el impacto cada vez mayor del impuesto a las ganancias en el bolsillo de los trabajadores y, ¿por qué no?, también el rechazo al proyecto para reformar la Constitución e imponer la re-reelección que el oficialismo puso en stand by a la espera -improbable por ahora- de que el humor social vuelva a virar a su favor. El propio Julio de Vido volvió a menear esta semana el sueño reeleccionista, a pesar del fuerte rechazo que cosecha esa iniciativa en la ciudadanía.
Para Reynoso, sin embargo, el paro sindical y los cacerolazos difieren, sí, en su capacidad de daño: “Es más complicada la huelga porque son actores organizados y su potencial de daño es mucho mayor. Que las organizaciones sindicales tengan la capacidad para bloquear y cortar calles te genera una zozobra mucho mayor aún que la que te crean dos millones de ciudadanos individualmente movilizados, sin liderazgos claros”, opina.
Fornoni disiente: “El cacerolazo es una manifestación de la clase media y sin el apoyo de la clase media, el Gobierno no gana una elección. Además, por lo menos un 30 por ciento de los que protestaron allí manifestó haber votado por Cristina. Esos son votos que se perdieron”, apunta.

¿Fin de ciclo?
En infinidad de oportunidades, analistas, politólogos, periodistas y encuestadores pronosticaron un fin del ciclo kirchnerista que la realidad más tarde terminó por contradecir. Por eso, la mayoría de los expertos consultados por WE exhibe prudencia a la hora de hacer vaticinios sobre la suerte del kirchner-cristinismo, descartada por ahora una eventual re-reelección de CFK, reforma constitucional mediante. Sí admiten, en cambio, que el paro del martes terminó de abrir una nueva etapa en la era cristinista en la que la puja distributiva marcará el pulso de la agenda política y económica de cara a 2013.
“Es difícil hablar de fin de ciclo cuando la opinión pública en la Argentina es siempre tan volátil. El Gobierno se ha recuperado en otras oportunidades, aunque hoy se ve que empieza a quedarse un poco solo. Uno ya sabía que tratándose de un gobierno sin reelección, la interna peronista se iba a exacerbar, pero en 2011 había una Presidenta con 60 puntos de imagen positiva. Eso mantenía la unidad. En la medida en que esa imagen siga cayendo, quienes quieran tener proyección a largo plazo en el PJ van a empezar a correrse”, anticipa Fornoni.
“El ciclo cristinista está en declive inevitable, puede ser largo o breve, pero no creo que pueda recuperarse. Cristina consumió su capital político y económico. Creo que en 2013 vamos a tener protesta social, ciudadana y sindical, generando un clima complicado, de un gobierno que pierde consenso”, dice Novaro.
Según la última encuesta de Management & Fit, la aprobación de la gestión presidencial ronda hoy un 30%, contra un 60% que la desaprueba. Una ecuación inversa a la que se vivía hace apenas un año, cuando CFK fue reelecta con el 54% de los votos. Esos números son los que miran con atención gobernadores y dirigentes del PJ que saben que la elección legislativa de octubre próximo está, políticamente hablando, a la vuelta de la esquina. Sobre todo, aquellos que como Daniel Scioli, José Manuel De la Sota o Juan Urtubey aspiran a calzarse el traje de candidato en 2015 para suceder a CFK. De hecho, el silencio de buena parte de esos dirigentes tras la manifestación del 8N y del paro del sindicalismo opositor fue más que elocuente. Novaro, no obstante, hace una salvedad. “El comunicado de Scioli apoyando a Cristina luego del paro es una señal para Moyano. Le está diciendo que él no es instrumento del líder camionero ni lo considera un aliado necesario para llegar a la Presidencia. Está tratando de alguna manera de bajarle el precio”, señala. Y agrega: “Moyano tiene capacidad de daño, pero no creo que por sí solo vaya a generar condiciones para acorralar al Gobierno ni para ser, como pretende, el gran elector del sucesor de Cristina”.

Retroceder o doblar la apuesta
Después de la masiva manifestación del 8N, la Presidenta le dedicó todo tipo de improperios a la clase media, a quien culpó, prácticamente, de casi todos los males de la Argentina. Pero la semana pasada, sorprendió con un discurso en el que se reivindicó orgullosa de pertenecer a ese sector social. La reivindicación, hay que decir, tuvo por objeto salir a promocionar un reciente informe del Banco Mundial que daba cuenta de que ese sector de la sociedad argentina se duplicó entre 2003 y 2009, bajo los gobiernos de los Kirchner.
Para Reynoso, en ese discurso es posible leer una “cierta corrección” del rumbo presidencial, a contramano de la extendida creencia que reza que el kirchnerismo reacciona ante la adversidad y la crítica redoblando la apuesta. “Ante el 20N, el Gobierno reaccionó anticipando la jugada con la excención del pago de ganancias para el medio aguinaldo a los trabajadores. De alguna manera, están tratando de desactivar la demanda”, afirma el investigador del Conicet.
“Lo que es seguro -acota Fornoni- es que el Gobierno por ahora no va a doblar la apuesta en la calle. Todo lo contrario. Hay que ver qué pasa con la división del sindicalismo, cuánto pueden mantener a Antonio Caló al frente de la CGT oficial si el Gobierno no da respuesta a los reclamos”.
“Hasta ahora, Cristina rechaza en la práctica las demandas, pero algo cede. Aunque en forma renuente, se vio obligada por las circunstancias a introducir cambios en Ganancias”, apunta Berensztein. Y añade: “Básicamente el reclamo de fondo es la inflación y el Gobierno no quiere reconocerla y se niega a tener una política consistente en ese sentido. Frente a ese no reconocimiento, solo le queda introducir paliativos que no resuelven los problemas”.
Novaro matiza: “Dar marcha atrás es difícil que lo haga en forma abierta. Ahora, puede haber algunas correcciones de estilo en términos de su discurso público y algunos gestos hacia el PJ territorial aumentando las transferencias, puesto que tiene que negociar las listas para 2013 y encarar la cuestión de la sucesión”. Y completa: “El Gobierno ha concentrado las malas noticias este año para dar buenas el año que viene. Habrá que ver si con esto alcanza. Un gobierno que va con 30 por ciento de imagen positiva es poco competitivo”. z we
comentarios
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24.11.2012 17:11:00

mas que una nota parece una expresion de deseo.

usuario
23.11.2012 12:11:00

Hemos visto y oido la expresion de la triada del peronismo retro(moyanomichelibarrionuevo).Son belicos.El resto del pueblo esta del lado del Amor.Acaso no leiste La Guerra y la Paz del ruso Leon Tolstoi?ahora definete tu.

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24.11.2012 17:11:00

mas que una nota parece una expresion de deseo.

usuario
23.11.2012 12:11:00

Hemos visto y oido la expresion de la triada del peronismo retro(moyanomichelibarrionuevo).Son belicos.El resto del pueblo esta del lado del Amor.Acaso no leiste La Guerra y la Paz del ruso Leon Tolstoi?ahora definete tu.

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