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Jueves 18.12.2014 | 18:35
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 La faltante de combustible en surtidores se hace sentir en el arranque del verano.
La faltante de combustible en surtidores se hace sentir en el arranque del verano.
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Suerte para los niños que el trineo de Papá Noel sigue funcionando a la vieja usanza, impulsado por ciervos, y no se haya motorizado. De ser así, la cadena logística navideña probablemente se hubiese complicado por la delicada situación que atraviesa el mercado de combustibles. El gremio de trabajadores de estaciones de servicio, acompañado por las cámaras del sector, amenaza con cruzar mangueras en surtidores los próximos 24 y 25 de diciembre si las petroleras no mejoran la rentabilidad de las estaciones blancas (independientes) y de bandera, que nuclean al 80% de las bocas de expendio del país. El abordaje de la coyuntura no es sencillo, y menos aún porque el escenario estructural del sector de refinación de crudo no ofrece garantías.
Una serie de factores hizo del desabastecimiento de naftas y gasoil una constante en gran parte de la Argentina. Las estadísticas dan cuenta de esa situación: en 2010 se vendió casi la misma nafta que 15 años atrás (6500 millones de litros). Pero en 1995, el parque automotor estaba integrado por cinco millones de vehículos. Hoy, nuclea al doble (10 millones).
Además, al promediar los '90, de los yacimientos locales se extrajeron 45 millones de metros cúbicos (MMm3) anuales de crudo. El año pasado produjo un 20% menos (36 MMm3), por lo que las refinerías deben esforzarse para conseguir petróleos de tipo liviano (de buena calidad), más ricos en derivados medios (naftas y gasoil).
"Desde 1998, cuando se alcanzó el pico de la explotación de crudo, la tendencia de la oferta es decreciente, con lo cual los saldos exportables y el abastecimiento de las refinerías se está complicando", explica Jorge Lapeña, ex secretario de Energía durante el gobierno de Raúl Alfonsín. Este año, la pendiente se agudizó por las medidas de fuerza gremial que durante más de dos meses (entre abril y julio) interrumpieron la actividad de los campos petroleros de Santa Cruz. El descenso de la oferta superó el 8%, la peor retracción en los últimos 10 años.
"El déficit y la pérdida del abastecimiento de la Argentina surgen como consecuencia de que ni los gobiernos de centro derecha de los '90 ni los de centro izquierda de la última década han logrado incentivar la inversión de las petroleras privadas, por lo que la producción ha ido en descenso", indica Manuel García, titular de la Asociación de Estaciones de Servicio Independientes (AESI). En conjunto con la Federación de Empresarios de Combustibles (Fecra) y la Confederación de Entidades del Comercio de Hidrocarburos y Afines (Cecha), la entidad amenaza con frenar el despacho de combustibles en Navidad y Año Nuevo si el Gobierno y las petroleras -lideradas por YPF, Shell, Esso, Petrobras y Oil M&S, de Cristóbal López-, no recomponen la ecuación económica de los estacioneros.

Los desequilibrios
La baja de la producción de crudo es la perfecta contracara de lo que sucede en los surtidores, donde la demanda no para de crecer, mayoritariamente apuntalada por la venta de automóviles. Al igual que el año pasado, la Argentina se consolidará en 2011 como el país donde más autos nuevos se venden respecto de la cantidad de habitantes de toda América Latina, con casi 900.000 unidades. Según números de Cecha, la venta y producción de autos crecieron entre enero y noviembre pasados 31% y 22% respectivamente con respecto a igual período de 2010.
Con ese mar de fondo, el despacho de naftas en el mercado local aumentó entre enero y octubre un 13,2 por ciento, con relación a los mismos meses del año anterior. Se comercializaron 5,507 MMm3 de gasolinas, contra los 4,86 millones en 2010, según datos de la Secretaría de Energía que dirige Daniel Cameron.
"Desde 2006, la comercialización de combustibles viene creciendo, en promedio, a un ritmo del 8% al año", señalan desde Cecha. La expansión es más alta en algunas zonas del país. En el NOA, por ejemplo, un área mayoritariamente abastecida por Refinor, el consumo de combustibles cerrará el año con un alza del 17 por ciento.
Sin embargo, a pesar del frenético ritmo de la demanda, la capacidad instalada del parque refinador prácticamente no se modificó en los últimos 10 años. Las petroleras alegan que el congelamiento de los precios de los combustibles -que duró hasta principios de este año- no incentivó la ampliación de las refinerías. De hecho, los proyectos del downstream de petróleo (destilación y distribución) que se barajan recién están dando sus primeros pasos.
Desde marzo, el Gobierno comenzó a autorizar subas mensuales que encarecieron hasta en un 30% el precio de las naftas y el gasoil. En la Capital Federal, la súper no se consigue por debajo de los $ 5,15 por litro; la Premium ya supera los $ 6; el gasoil común, ronda los $ 4,80, y el diésel de mayor calidad, los $ 5,60.
"Si bien los costos han aumentado en un 25%, siguiendo la evolución de los precios generales de la economía, y el precio de la materia prima se elevó en un 40% desde enero de este año, hemos podido actualizar los valores de los combustibles", admite a WE Juan José Aranguren, presidente de Shell, quien mantuvo serios encontronazos con el kirchnerismo por su negativa a aceptar los precios tope en surtidores.
Sin embargo, advierte que "es temprano todavía para asegurar que el crecimiento de la demanda vaya a ser acompañado por ampliaciones de la oferta local de combustibles a partir de inversiones masivas en el parque de refinación".
El cuello de botella en las destilerías arrojó como resultante el aumento de las importaciones de gasoil, que crecieron un 27,6% entre enero y octubre de este año, según datos de Energía. Las de nafta permanecieron casi invariables en los dos últimos años. "Lo problemático es que como los precios locales de los combustibles están desfasados de los internacionales, el Gobierno debe descontar los gravámenes impositivos sobre el gasoil importado para que la operación sea rentable. Eso genera trabas burocráticas que se materializan en el estrangulamiento de la oferta, que ya es el pasaje diario", cuestiona Lapeña.

Menos bocas, más demanda
La paradoja es que mientras la demanda se expande a ritmo furioso, cada vez hay menos estaciones blancas o independientes -aquellas no abastecidas directamente por grandes petroleras- por falta de competitividad. Sucede que a raíz de la alta carga tributaria que pesa sobre los derivados del petróleo -alrededor de un 50% de su valor final-, el encarecimiento de las naftas y el gasoil registrado en 2011 no logró evitar la desaparición de 211 estaciones blancas, según denuncia García.
Los estacioneros atribuyen los cierres a los altos costos, la reformulación de los contratos con las refinadoras, falta de rentabilidad y a la escasez de combustibles. Según un informe de Cecha, de contar con 6157 estaciones en 2001 para abastecer a seis millones de vehículos, se pasó a fines de 2010 a 4233 bocas de expendio para nueve millones de vehículos que son los que actualmente circulan por el país. Y este año, la cantidad bajará a las 3900 bocas.
Es decir que, según datos del sector, en una década se perdieron 2200 estaciones de servicio. La mayoría forman parte de las llamadas independientes, que no tienen abastecimiento directo de una petrolera como YPF -que controla el 60% del mercado-, Shell, Esso o Petrobras.
El mayor problema que afronta el sector es que un 43% de las empresas despacha menos de 200.000 litros diarios, la escala mínima para poder competir en el mercado. De ahí que 1676 estaciones estén en riesgo de cerrar sus surtidores.

Alarma en la distribución
"La disminución de la cantidad de estaciones es un síntoma de la crisis de la actividad, pero sobre todo una alarma sobre un modelo de distribución energética que indica concentración económica, dificultades de acceso, encarecimiento del precio final y pérdida de valor agregado y empleo", alerta Cecha.
En rigor, los estacioneros reclaman por el alza de la bonificación que reciben por cada litro de nafta comercializado. El sistema funciona así: de las 3900 bocas de expendio que están en actividad, 1000 son blancas (compran por su cuenta el combustible que venden), 2300 son “de bandera”, es decir, reciben un cupo de las petroleras, y alrededor de 600 son abastecidas directamente por las refinadoras.
"Las independientes y las embanderadas reciben una bonificación por el combustible que venden, que ronda el 8% del precio final de las naftas y el gasoil. Con ese margen, no es viable que las estaciones sigan operando", denuncia García. "Como mínimo, según nuestros estudios, la bonificación debería ser del 15%", añade.
El valor de venta de los derivados es definido por las petroleras, previa autorización del Ministerio de Planificación, que encabeza Julio De Vido. El reclamo de los estacioneros, que podría conducir a un paro en Navidad, persigue la recomposición de la rentabilidad de las empresas, así como también la reformulación del sistema de consignación de combustibles, por el que deben respetar los precios que fijan las petroleras.
"Los estacioneros no podemos estar atados al precio que decide la petrolera. Tenemos que encontrar la forma para que cada empresa pueda tener un margen de decisión sobre qué valores de combustibles cobrar", impulsa el titular de AESI.

Nuevos proyectos
A pesar de la pálidas, a mediano plazo asoman algunos proyectos de refinación que podrían destrabar los cuellos de botella de la oferta. La mayoría apunta a ampliar unidades ya existentes.
Las iniciativas -que entrarán en funcionamiento entre 2012 y 2014- están encuadradas en el programa Refinación Plus, que otorga incentivos fiscales a las petroleras que inviertan para ampliar sus refinerías. Son alrededor de 20 emprendimientos que permitirán destilar 1,1 MMm3/año más de gasoil y 1,69 MMm3/año más de naftas. Demandarán inversiones por más de u$s 1400 millones. Entre las más ambiciosas figuran las de YPF -el principal jugador del mercado de combustibles, controlada por la española Repsol y la familia Eskenazi-, que impulsa cinco proyectos que elevarán la producción de gasoil en 677.000 m3/año y 1,151 millones de m3 de naftas. Se trata de ampliaciones en las plantas de Luján de Cuyo y Ensenada, que le demandarán una inversión de u$s 866 millones.
También se destaca el proyecto de de Esso, que invirtió u$s 45 millones para elevar su capacidad de destilación en 51.000 metros cúbicos anuales (m3/año) de gasoil y 8100 m3/año de nafta.
El resto de las iniciativas enmarcadas en Refinación Plus está en manos de petroleras Pyme. Así, la compañía Renesa colocará u$s 98,59 millones para construir una planta de mayor conversión para refinar 320.000 m3/año de naftas, y Petrolera Argentina -que opera una pequeña destilería en Neuquén- invierte u$s 34 millones para sumar la capacidad de refinar 32.200 m3/año de gasoil en su unidad patagónica.
Otras compañías de pequeña envergadura que figuran en el programa son Refinor, New American Oil, Patagonia Energética y Verasur. z we

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